5 curiosidades de Praga que (quizás) no conocías

La capital checa es una fuente inagotable de sorpresas

Noelia Ferreiro
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Foto: agustavop / ISTOCK

Que Praga es una ciudad de cuento de hadas es algo que nadie discute a poco que se haya paseado por su laberinto de calles adoquinadas y fachadas barrocas que conducen a un majestuoso castillo, y después de salvar la brecha del Moldava a través de uno de los puentes más bonitos del mundo. Puro romanticismo es lo que destila su perfil a la luz de los faroles amarillos, con decenas de agujas que apuntan al cielo y una atmósfera lúgubre y melancólica como en un relato de Kafka.

Pero por mucho que uno crea conocerla, hay ciertas curiosidades que escapan al viaje más típico. Detalles que son únicos en esta capital que no deja de sorprendernos:

1. La calle más estrecha del mundo

Así es. Se encuentra en Praga y mide unos 70 centímetros de ancho. Pasaría, cual olvidado callejón, completamente desapercibida de no ser porque en sus extremos cuenta con sendos semáforos para regular el tráfico de gente. Y es que, por su dimensión reducida, resulta imposible que dos personas puedan cruzar al mismo tiempo. La encontramos en el número 24 de la calle U Luzického Semináre.

Calle más estrecha | Kateryna Kukota / ISTOCK

2. Una casa que es un baile arquitectónico

Por algo se le llama Casa Danzante a esta maravillosa construcción diseñada por Frank Gehry junto al arquitecto checo Vlado Milunic. Un edificio inspirado en Ginger Rogers y Fred Astaire, cuyo movimiento recrea la forma de uno de sus pases de baile. Su estilo se ciñe al deconstructivismo que prescinde de lo lineal y que, por supuesto, no estuvo exento de polémica: su colocación junto a edificios de corte barroco impactó negativamente en los habitantes de Praga, que hoy, sin embargo, lo veneran.

Casa Danzante | Vladislav Zolotov / ISTOCK

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3. Una Torre Eiffel como la parisina

Bueno, no exactamente, habría que matizar. Se trata de la Torre Petrín, construida con motivo de la Exposición Nacional de 1891 como una copia libre del monumento francés. Y aunque, con 63 metros, es cinco veces más pequeña, si contamos la base en la que se asienta, su altura sobre el nivel del mar resulta idéntica a la original. Y es que esta torre-mirador está situada sobre el monte Petrín, una de las siete colinas que (como en Roma) recorren la ciudad. Cuentan que Hitler quiso destruirla para emplear su hierro en fabricar armamento. Por suerte se mantuvo en pie y hoy ofrece una panorámica maravillosa que, en los días claros, alcanza parte de Bohemia.

Torre Petrín | CaptureLight / ISTOCK

4. Los Rolling Stones pagaron la iluminación del castillo

Fue después de la Revolución de Terciopelo por la que la entonces Checoslovaquia escapó del yugo comunista para después escindirse en lo que hoy son Eslovaquia y República Checa. El primer macroevento de esta nueva época fue el concierto de los Rolling Stones, que estaban inmersos en su gira Urban Jungle y no tocaban en Europa del Este desde 1960. La banda se enamoró de Praga y quiso ver su castillo brillando en la oscura noche, por lo que decidió hacerse cargo de su iluminación. Dicen que la cifra rondaba los 32.000$ dólares.

Vistas de Praga y su castillo de noche | minemero / ISTOCK

5. La leyenda negra del reloj astronómico 

Es el emblema de la ciudad, el orgullo de los praguenses. Hablamos del reloj astronómico del Ayuntamiento, el más antiguo del mundo en funcionamiento (desde el año 1410). Un reclamo fundamental que, sin embargo, esconde una oscura leyenda. Dicen que es tal su perfección que se ordenó dejar ciego a su creador para evitar que pudiera reproducir otro igual y lograr que fuera único en el mundo.

Olga_Gavrilova / ISTOCK