48 horas en Reims

Viajamos al corazón de la región francesa de La Champagne, una ciudad capital para la importancia del desarrollo de una de las industrias que más adeptos tiene en el mundo. Bienvenidos a Reims.

Macarena Escrivá
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Foto: csfotoimages / ISTOCK

Fue devastada durante la Primera Guerra Mundial, pero eso no paró a esta pequeña ciudad francesa en su empeño por seguir viviendo. Hoy en día cuenta con cuatro monumentos históricos inscritos al Patrimonio Mundial de la Unesco y numerosas casas de Champagne, que convierten a Reims en un destino donde disfrutar del patrimonio cultural, histórico, gastronómico y natural.

Llegar a Reims es sencillo. Todos los días numerosos trenes conectan las principales estaciones de París con esta ciudad y apenas una hora de coche la separan de la capital francesa. No hay excusas. Encontrarás a tu llegada una ciudad sorprendente, amigable y sumamente interesante.

Reims ya fue célebre en tiempos del Imperio Romano. Su historia más reciente está marcada por la Primera Guerra Mundial, dada su cercanía al frente, cuando la ciudad quedó prácticamente devastada. Tan solo unos años después (hacia 1920) fue reconstruida en clave Art Decó, un estilo que se hace patente en numerosos edificios y que la convierte en un verdadero catálogo al aire libre de este estilo.

E.Goulet-Coll.ADT Marne

Las guerras no pudieron con uno de sus símbolos, la Catedral de Notre-Dame de Reims. A pesar de quedar dañada, fue gracias a magnates como Rockefeller, que envió dinero a la población para que se cumpliera este cometido, que consiguieron volver a llenar de gracia y belleza su estandarte. Construida  en el siglo XIII, es uno de los edificios góticos más importantes de Francia. Una de las portadas acoge una galería de reyes, con Clovis en el centro. Éste fue un personaje clave en la historia del país, ya que aquí tomó su Bautismo en el año 496 por el obispo, que más tarde se convertiría en San Remigio. Este acto fue el que definió el cristianismo en Francia. Desde entonces, la catedral acogió la coronación de hasta 30 reyes franceses que fueron ungidos con el mismo aceite con el que se bautizó a Clovis, reliquia que todavía se conserva en el Palacio de Tou. La catedral está plagada de vestigios como una impresionante vidriera pagada por las grandes casas de Champagne, allí están representados Dom Pérignon, el monje benedictino al que se le atribuye la creación del champagne, alusiones a las estaciones de los viñedos, la vendimia... Además, vale la pena acercarse al ábside para admirar unas vidrieras ejecutadas por la mano del mismo Marc Chagall. Fue en 1974 cuando el artista, junto a Jacques Simon, el maestro vidriero, llevó a cabo un excelente trabajo en el que se representan pasajes de La Biblia, así como escenas del Antiguo Testamento, hasta hitos de la vida de Cristo.

Junto a este magnífico símbolo de patrimonio de Reims, conviene visitar el Palacio de Tau, que fuera el palacio episcopal y la residencia de reyes hasta su coronación, y que hoy se ha convertido en un palacio de las reliquias y vestigios de la Catedral, como estatuaria, tapicerías y el Tesoro.

Viajar

Ante una inmersión en el gran patrimonio de Reims, tendremos que hacer una parada en Waida, una de las mejores pastelerías de la ciudad, que ha permanecido tal y como era en la década de los 20, con sus formas geométricas, mosaicos representando las comidas del día, espejos y decoración. Allí venden la especialidad de Reims, el biscuit rose, que debe su receta a un pastelero del siglo XVII que decidió no desperdiciar el calor de su horno, mientras cocía dos tandas hogazas de pan. Fue así como inventó esta masa que debían de cocinar dos veces, de ahí su nombre en francés, bis-cuit (cocinado dos veces). El sabor era de vainilla pero como su color no era agradable, decidieron añadirle un colorante natural de color rosa. ¿La forma de tomarlo? Solo o dentro de una copa de Champagne.

Cuando cae la tarde, pon rumbo a la calle comercial es Rue de Vesle, donde hoy en día se encuentran todas las tiendas como Galeries Lafayette y cadenas internacionales. La calle se asienta sobre lo que era la antigua calzada romana y tiene un tranvía que la cruza, diseñado especialmente para esta ciudad. ¿Adivináis la forma? En su parte delantera y trasera, emula una copa de flauta de champagne.

Café Du Palais

¿Hambre? La mejor gastronomía de la ciudad se sirve en Café Du Palais, un restaurante convertido en galería de arte y gabinete de curiosidades, inaugurado en 1930. La familia Vogt colecciona obras de arte que exhibe junto a manjares elaborados con productos locales. Comenzar con una 'Champanoise' es casi obligatorio, ya que se trata de un plato con una de las especialidades de la zona, el jamón de Reims, junto con quesos regionales de Langres y Chaource, patatas y ensalada. Entre los platos principales, podrás probar unos tagliatelle con caracoles o con foie y colmenillas difíciles de olvidar. Todo ello acompañado, por supuesto, por copas de champagne burbujeante.

Y como no podía ser de otra forma, es de capital importancia que conozcamos de primera mano la historia del elixir que ha hecho famosa a esta región, el champagne. Para ello, visitaremos una de las más grandes maison, Taittinger. Data del 1932, año en el que Pierre Taittinger compró la propiedad. A día de hoy, sigue siendo una empresa de carácter familiar que cuenta con casi 300 hectáreas de viñedos, dos bodegas y un champagne conocido en todo el mundo. La bodega más antigua, en la que nos encontramos, se cimienta sobre la antigua abadía benedictina de Saint Nicase y cuenta con casi 4 kilómetros bajo tierra donde envejecen el Comtes du Champagne, entre la piedra caliza de las canteras (crayères) de Reims y vestigios del pasado, como los graffitis en piedra de los que encontraron asilo entre sus paredes durante la gran guerra.

Goulet Coll adt Marne

Para dormir, elegimos el excelso Château des Crayères, un hotel de lujo ubicado en un castillo de 1904 que destila sofisticación y que atesora entre sus paredes un restaurante dos estrellas Michelin a cargo del chef Philippe Mille.

¿Listos para descubrir la verdadera joie de vivre?