48 horas en la Modernista, e inexplorada Melilla

Melilla es la segunda ciudad de España con mayor número de edificios Modernistas y Art Decó. No tienes excusa para disfrutar 48 horas en un enclave cuajado de encanto, y tan diverso como exótico y diferente. Esta desconocida ciudad, marinera, y cosmopolita, te va a conquistar.

Irene González
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Foto: MaestroBooks / ISTOCK

Melilla es marinera, azul, multicultural, mestiza, diferente, hospitalaria, y soleada. Posee un envidiable clima mediterráneo, unas calas y playas de fina arena, con la preciada Bandera Azul de la Unión Europea, y un fondo marino de infarto. Protegida por la Cordillera del Rif, su Ciudadela posee un recinto fortificado sobre la roca, donde nació la antigua Rusadir de los fenicios, los romanos, los vándalos y los árabes, sin duda. Los recintos de la Ciudadela poseen obra gótica, renacentista, barroca y neoclásica, es un lugar cargado de historia. 

Turismo Melilla

También posee interesante arquitectura civil y religiosa, así como minas, contraminas, túneles y cuevas. Melilla es una de las pocas ciudades del mundo donde se amalgaman en armonía musulmanes, cristianos, judíos e hindúes. Por ello es conocida como la Ciudad de las Cuatro Culturas. Pero esta ciudad posee otro gran tesoro, una enorme herencia modernista, con cientos de edificios que son auténticas joyas modernistas, uno de los estilos arquitectónicos más preciados del mundo. 

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La Ciudad Autónoma es, tras Barcelona, la segunda ciudad española con más representación de arte modernista en sus calles. Y ello puede ser fruto de la casualidad, o del empuje del barcelonés Enrique Nieto y Nieto, un discípulo de Gaudí, que a principios del XX, decidió viajar hasta Melilla. En aquellos años, la ciudad estaba en pleno crecimiento, y en pleno auge de movimientos artísticos y arquitectónicos, que pretendían desvincularse de lo clásico, y buscar nuevos materiales, y técnicas constructivas.

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Así que, sin perder su objetivo defensivo, donde todas las calles desembocan cerca del puerto para favorecer una posible evacuación, la Melilla de principios del XX, se amplió a través del Ensanche. Con un desarrollo rectangular, se crearon enormes avenidas con esquinas en forma de chaflán, un verdadero Triángulo de Oro. El modernismo llegó a la ciudad a principios de 1 900, y se arraigó de tal manera que, en pocas décadas, se levantaron cientos de edificios con este bello estilo. 

Los rostros de mujer, las rejas, los adornos florales, las curvas y formas cóncavas, las ménsulas, y las siluetas de animales llenan las fachadas de casas, palacios, edificios oficiales, cines, y comercios melillenses. Los elegantes y señoriales edificios, que se alzan en esta ciudad soleada, la convierte en un desconocido e icónico un museo arquitectónico al aire libre de Art Decó, y eclecticismo.

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Sus calles, llenas de fachadas modernistas que revolucionaron la urbe en el XX, tienen su máximo exponente en el Ensanche, el espacio urbano que se trazó fuera de las murallas de la antigua Ciudadela. Esta magnífica senda modernista también puede apreciarse en la fachada de la sinagoga Yamín Benaroch, en la de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, o en la Mezquita Central. Sus plazas, como la de Menéndez Pelayo, con pérgolas y bancos inspirados en Gaudí; y sus calles, son un fascinante escenario de creatividad que, por su riqueza y variedad, embelesan.

Melilla es una joya mediterránea, que bien podría ser Patrimonio de la Humanidad. En el Edificio La Reconquista, uno de los más emblemáticos de la ciudad, y con el que el modernismo melillense llega a su máxima expresión. En su día fue concebido como almacén de muebles, taller y tienda. 

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La Reconquista destaca por su superficie con salientes escamosos al estilo Gaudí. Ubicado en la Plaza Menéndez Pelayo, forma parte del Conjunto Histórico Artístico de la Ciudad de Melilla, y es Bien de Interés Cultural. Más conocida como la confitería Gurugú, la Casa de Manuel Buxedas Aupi, conserva un blanco rectángulo compuesto de tallos y pétalos sobre un fondo ocre, que enmarca el año de su construcción. La casa de Manuel Buxedas Aupí, que fue construida en 1 911, es la primera obra que hizo Enrique Nieto en la ciudad. El éxito que consiguió con este edificio, hizo que le ofreciesen más proyectos en la ciudad.

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Una de las bellezas más significativas es la Casa David Melul. Es el primer edificio que se levanta en la zona del ensanche modernista, construida por el melillense David Melul, que fue un gran mecenas de todas las iniciativas culturales relacionadas con la ciudad y la cultura sefardí.  En el terremoto de 1940 perdió los templetes y el arco que coronaban la fachada de la Plaza de España, pero en la restauración de 1 989, se recuperaron, al igual que su sensacional balaustrada. 

Aunque uno de los iconos del modernismo, se refleja en la Antigua sede del diario El telegrama del Rif, uno de los periódicos más importantes de la ciudad. El diario era la fuente con la que los soldados heridos en el hospital de la Duquesa de la Victoria, se mantienen informados. Se fundo en la época en que, tras el Desastre del 98, España empezó a interesarse por ejercer una influencia, militar y económica en la zona del Rif.  Se construyó en 1 912 y sobresale por su ventanal ovalado dividido por dos columnas de capiteles florales, formando una especie de mirador tripartito, que resultó tremendamente innovador en su época. 

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Otro templo imprescindible es el popularmente conocido en Melilla como la Casa de los Cristales. Fue concebido, proyectado y construido para ser el establecimiento hotelero por excelencia, en la Melilla de la segunda década del siglo XX. Se construyó por iniciativa del empresario Ramón Gironella, y se inauguró en 1 927 como el Gran Hotel Reina Victoria, el primer edificio de Melilla que tuvo ascensor. También fue el único con una fachada acristalada, en sus orígenes de color blanco, que suponía una ruptura con la arquitectura tradicional, no solo en Melilla, sino en todo el mundo.

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Aunque una de las obras más conocidas de Nieto, durante su etapa como arquitecto municipal es el Palacio de la Asamblea, está ubicado en el centro de la ciudad, y sobresale porque su fachada principal se adaptó a la curvatura de la Plaza de España. Su maravilloso interior es Art Decó puro, con un impresionante vestíbulo principal, increíbles vidrieras, dos escaleras gemelas, y un lucernario con una vidriera en el techo. El terremoto de 2 016 dañó de gravedad sus dos torreones, aunque afortunadamente fueron rehabilitados. Otra joya, ubicada en la calle Juan Carlos I Rey, es la Casa Tortosa, que en sus inicios fue la sede social del Economato Militar. 

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Otro imprescindible en la desconocida Melilla es el Casino Español, fundado en 1 900, y uno de los edificios modernistas que mejor se conservan, ya que la sociedad recreativa aún está en activo. Este proyecto también fue de Enrique Nieto y se construyó entre 1 911 y 1 917.

Para su construcción se utilizó, fundamentalmente, mampostería, y se abrieron salientes típicamente modernistas en la fachada, que se cuajaron de guirnaldas, festones con cintas ondulantes, y lazos con tulipanes encintados. En su interior, el mobiliario de la biblioteca es fantástico, así como el festoneado floral de sus salones y el capitel corintio de sus columnas. Esta desconocida ciudad, todo un singular museo arquitectónico, te va a fascinar