48 horas en Valencia

Con la increíble luz que destilan las tierras del Este, los tesoros de Valencia deslumbran. En esta urbe mediterránea abierta al mar, las joyas de su casco histórico, la innovación y vanguardia de la ciudad de las Artes y las Ciencias, y la fragancia de sus jardines, armonizan, como la seda. En esta tierra, sus mágicas noches hechizan, bajo la luna de Valencia, que no te puedes perder.

Irene González
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Foto: peresanz / ISTOCK

Dice la leyenda, que las puertas de las antiguas murallas que rodeaban esta urbe marinera, se cerraban por la noche tras el toque de queda, por lo que los rezagados no podían dormir en sus casas. Así que debían pasar el resto de la noche extramuros y al raso, a la luna de Valencia. Recorreremos una ciudad radiante de día, y seductora de noche. Una metrópoli que por su clima incita al paseo y al callejeo. Que ofrece un arros que quita el sentido, un refresco ancestral y exclusivo, unas zonas verdes para el relax, un litoral generoso, y una fiesta Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, según la UNESCO. Valencia es gastronomía por excelencia, una ciudad donde brillan las estrellas Michelín en Ricard Camarena, El Poblet, Rif y Sucede, 4 exclusivos locales donde se miman los productos de su generosa tierra, y su de emblemático Mediterráneo. Es una ciudad por redescubrir, por sus edificios góticos, como la Lonja de la Seda, el Palacio de la Generalitat, y la Catedral. En esta urbe atrevida, la vanguardia está representada en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, con sus emblemáticos Museo de las Ciencias, Hemisfèric, Oceanográfico y el llamativo puente L’Assut d’Or, conocido como el puente del arpa.

La Lonja de Seda en Valencia. | Jorisvo / ISTOCK

En su fascinante casco histórico, la mayoría de las calles son peatonales, y con un gran ambiente a todas horas. Los alrededores de las plazas de la Virgen, y del Ayuntamiento, son muy transitadas y, además, ofrece grandes alternativas gastronómicas en sus múltiples terrazas. Aquí se encuentra la arquitectura más tradicional con el conjunto catedralicio, donde se custodia el Santo Cáliz, que compite con el Sacro Patino, de la Catedral de Génova. Según la leyenda, el cáliz salió de Jerusalén hace casi 2 000 años, cuando San Pedro lo llevó a Roma. En el III, el emperador Valeriano comenzó una persecución contra los cristianos, y el cáliz fue enviado a Huesca, desde donde viajó constantemente por miedo a los saqueos. Lo cierto, es que el primer registro fiable del cáliz data del año 1399, cuando pasó a formar parte de las reliquias del rey Martín de Aragón. Y en 1 416, con la llegada al trono de Alfonso el Magnánimo, el Santo Cáliz fue entregado a la Catedral de Valencia, como pago de una deuda. En este exuberante casco, la Lonja de la Seda, Patrimonio de la Humanidad y Monumento Histórico Nacional, muestra el poderío comercial de Valencia.

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En ella se instaló la Taula de Canvis, instituida en 1407 por el Consejo Municipal de la Ciudad, que tuvo gran prestigio por su solvencia, y volumen de operaciones bancarias. Sus dos pisos superiores, se destinaban a cárcel de mercaderes morosos. Frente a la Lonja se alza el esplendido Mercado Central, indispensable para los amantes de los salazones, encurtidos, mariscos, cítricos, y pescados. Es el templo del olfato, la vista y el paladar. La historia del Reino se palpa en los interminables salones del Palacio de la Generalitat. Imprescindibles las puertas de Quart, y de Serrano, esas que cerraban la antigua muralla, y dejaban a los despistados a la luna de Valencia. El Instituto Valenciano de Arte Moderno, y el Museo de Bellas Artes, son para descubrir, así como su contrapunto, el Museo de la Cerámica. Y la naturaleza que desprenden los increíbles Jardines del Turia, uno de los parques urbanos más grandes de España, es interminable. Valencia es tierra adentro, pero también es marinera por los cuatro costados. Así que la Marina Real, una gran área portuaria con atractivos locales, e infinitas vistas al mar, resulta ideal para descansar la mirada, tras la riqueza artística del bullicioso caso. Al igual que el paseo marítimo de las playas de las Arenas y la Malvarrosa, dos extensos arenales urbanos, donde disfrutar del Mediterráneo a pie de ciudad.

1. La Lonja de la Seda

Es una obra maestra del gótico civil europeo del siglo XV, de tal singularidad y belleza, que la UNESCO lo ha declarado Patrimonio de la Humanidad, además de ser Monumento Histórico Nacional. La Lonja es la seña del poder y la riqueza de una de las ciudades mercantiles más importantes del Mediterráneo, donde se comerciaba con la preciada seda. En La Lonja estaba la Taula de Canvis, que se creo en 1 407, como primer banco de carácter municipal. Es uno de los edificios de gótico civil más bellos de toda Europa.

Gonzalo Azumendi

2. Mercado Central

No hay mayor placer para los sentidos que una mañana en el Mercado Central, un lujo para los sentidos. Esta joya del modernismo, con más de 8 000 metros cuadrados y más de 300 puestos, fue inaugurada por Alfonso XIII. Lo que no se encuentra en el Mercado Central de Valencia, no existe. Es el santuario de la gastronomía, el mayor centro europeo de productos frescos. Entre frutas, verduras, frutos secos, alta charcutería, pescados, mariscos, turrones, azafrán, y productos gourmet de la tierra, el tiempo se detiene.

Mercado Central de Valencia | Gonzalo Azumendi

3. La Catedral del Santo Cáliz

La catedral valenciana es un centro vivo donde se realizan multitud de eventos culturales. Además, posee un interesante museo que tuvo su punto de partida en el Museo de Antigüedades creado en 1761. Guarda El Santo Cáliz de Valencia, la reliquia cristiana más buscada del mundo. La belleza del Grial, cuajada de oro, perlas, esmeraldas, y rubíes, atrapa. Aunque tanto patrimonio no casa con la copa que usaría un carpintero, dicen que al principio era una sencilla taza tallada en ágata, que después se fue enriqueciendo.

Catedral de Valencia. | peresanz / ISTOCK

4. Palacio de la Generalitat

Es otra perla del gótico civil, que permanece con la pureza original con la que fue construido en 1 420 como sede del organismo que representaba al reino ante las Cortes. Su sala de Escribanía, con el artesonado original del XV, es magnífica. Así como la Sala Vella y el Salón Dorado. En la planta superior se ubica el Salón de Honor, habitación histórica que se destinaba a reuniones especiales de juramento. Una de las estancias más importantes del Palacio, es el Salón de los Reyes, que acoge todos los retratos de los monarcas que reinaron Valencia.

Plaza del Ayuntamiento de Valencia. | VitalyEdush / ISTOCK

5. Las torres de Serranos y de Quart

Los portales de Quart y Serranos, eran los accesos a la Valencia medieval, cuando estaban muy preocupados en proteger la urbe con murallas y accesos. Estos portales de entrada también eran auténticas aduanas para el tránsito de mercancías. Desde el nacimiento de Valencia en el 138 a.de.C. , ha sido protegida por tres murallas diferentes, la romana, la islámica y la cristiana del XIV, que llegó a tener 12 puertas. Las Torres de Serranos, hoy Monumento Histórico Artístico Nacional, fueron cárcel de nobles en el XVI, y sirvió como refugio para obras del Museo del Prado durante la guerra civil. Se puede subir y contemplar las vistas más hermosas de la ciudad desde sus almenas.

Las torres de Serranos y de Quart de Valencia. | bortnikau / ISTOCK

6. Los Jardines del Turia

Es un increíble espacio verde, de más de 9 kilómetros transitables, y que atraviesa la ciudad rodeando el centro histórico. Este inmenso jardín está construido sobre el antiguo cauce del río Turia que fue desviado para evitar las inundaciones, donde la de 1 957 arrasó la ciudad. Recrean, entre palmeras, naranjos, fuentes, pinos, plantas aromáticas y estanques, el antiguo paisaje fluvial. Los Jardines están coronados por 18 puentes, alguno del XV. 

Los Jardines del Turia en Valencia. | ronstik / ISTOCK