48 horas en Bogotá

La capital Colombiana siempre apetece. Pasamos 48 horas en una ciudad efervescente, donde gastronomía, cultura y sorpresas nos esperan.

Macarena Escrivá
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Llegar a Bogotá es hacerlo a una ciudad enorme, algo caótica y rodeada de impresionantes cerros, lo que hace de ella una ciudad dinámica e interesante en la que aburrirse es imposible. Bogotá es una ciudad cosmopolita, con unos ocho millones de habitantes concentrados en el valle a los pies del Cerro Monserrate. Multicultural, vibrante y deliciosa, es la capital de la Colombia moderna donde arte y cultura, arquitectura colonial y moderna, espacios verdes y restaurantes fascinantes te esperan. ¿La descubrimos?

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Puede que al llegar a Bogotá te sientas abrumado. Coches por todas partes, atascos, gente yendo y viniendo y quizás un pequeño malestar en el cuerpo. La capital está situada a 2630 metros sobre el nivel del mar, por lo que es posible que sientas lo que ellos llaman 'soroche', más conocido como el mal de altura. Para aliviarlo, toma té de coca y no hagas grandes esfuerzos durante los primeros días de viaje. ¡Sabemos de lo que hablamos!

Empezamos en La Candelaria, el barrio céntrico por excelencia. Caminando por la peatonal Calle 6, llegaremos al epicentro de la ciudad. Pasear por la Plaza Bolívar, acercarse a la Casa Nariño -donde vive el Presidente-, el Congreso y la iglesia de La Candelaria son planes obligados.

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Apenas a unos metros de allí, se encuentra otro de los tesoros de Bogotá, el Museo del Oro. Inaugurado en el año 1939 en el edificio que fuera el Banco de la República, entre sus paredes alberga la colección más grande del mundo de obras de oro prehispánicas. Más de 55.000 piezas llenan sus salas, dando un atisbo al visitante de cómo vivían y celebraban los pueblos indígenas de Colombia antes de la llegada de los europeos.

Otro de los imprescindibles del barrio es el Museo Botero, el artista colombiano más internacional. ¿Lo mejor? Que podrás admirar piezas por primera vez y que la entrada es gratuita. Tras deleitarte con la belleza de piezas única en el mundo, da un paseo por las calles empedradas de La Candelaria. Te sorprenderá su algarabía, sus casas de colores y la multitud de graffitis que encontrarás a tu paso.

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Precisamente los walking tour de graffitis son otra de las mayores atracciones de Bogotá. Durante décadas multitud de artistas han plasmado sus obras en las paredes de la ciudad. En 2011, Diego Felipe Becerra, un importante graffitero, fue asesinado a manos de la policía. A partir de aquí se alzaron numerosas protestas, por lo que el graffiti se legalizó y se promovió como una identidad artística de la ciudad.

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¿Recordáis que la ciudad se desarrolla en una valle al pie de las montañas? Pues ese es el cerro de Monserrate, un macizo verde de más de 3000 metros de altura. Cuando se te pase el soroche, sube a visitar la cima de Bogotá. Puedes hacerlo a pie o en un teleférico. Una vez allí, disfrutarás de las vistas de la ciudad bajo tus pies, la iglesia del Señor Caído y del aire más puro de la capital. 

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Bogotá es también una gran capital gastronómica. Desde su plazas de mercado, hasta los restaurantes más cosmopolitas, todos dan fe de la amplia cultura culinaria colombiana. Si quieres vivir el frenesí de los mercados en todo su esplendor, visita la plaza de Paloquemao. Se trata de uno de los mercados más grandes de frutas y verduras de la ciudad, además de ser especialistas en amasijos y flores. Hazte un tour probando la variedad de frutas que ofrece Colombia: lulo, uchuva, feijoa, pitaya... ¡Todas te sorprenderán!

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En cuanto a restaurantes, puedes elegir algo más tradicional, como la Escuela Taller de Bogotá en la que dan trabajo a jóvenes en situaciones de vulnerabilidad económica y social y les enseñan un oficio para reinsertarlos en la sociedad. Allí trabajan con ahínco en para que salgan adelante y cuentan con un restaurante en el que probar platos típicos de la ciudad, como el ajiaco, una sopa de pollo, tres tipos diferentes de papas, choclo y guasca, que se sirve acompañada de aguacate, crema agria y alcaparras.

Uno de los imperdibles de Bogotá es el célebre Andrés Carne de Res, toda una institución en la restauración de la ciudad. Cuenta con dos locales, uno en la localidad cercana de Chía (a unos 23 kilómetros) y otro en la ciudad. Se trata de un mega restaurante, con decoración en todos y cada uno de sus rincones y muchas ganas de rumba y de pasarlo bien. La carta cuenta con nada más y nada menos que 70 páginas de delicias entre las que te será difícil decidir. ¿Nuestras favoritas? La arepa de choclo y queso, el patacón con queso y hogao, los chicharrones y sus cortes de carne.

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¿Terminamos nuestro tour gastronómico con uno de los mejores productos del país? El café, por supuesto. En Cafés San Alberto, en Usaquén, preparan un café premium de origen que tienes que probar. Si una visita a la plantación se te hace algo pesada, puedes acercarte a una de sus cafeterías en Bogotá en las que organizan catas para dar a conocer su producto, así como experiencias sensoriales y catas moleculares que te convertirán en un fanático del buen café de Colombia.

¿Y dormir? Una de las novedades más jugosas en cuanto a hotelería se refiere, es el recién abierto Grand Hyatt. Abrió sus puertas el 29 de agosto de este año y se ha posicionado como una de las grandes apuestas de la ciudad. Esta mole de 371 habitaciones, 50 suites, tres restaurantes (cocina internacional, japonesa y a la parrilla y pastelería y panadería), piscina semi olímpica y un Spa con 3000 metros cuadrados, es un sinónimo de lujo para viajeros. ¿Lo probamos en nuestra próxima visita?