24 horas en Córdoba

Córdoba es una ciudad con un puñado de pueblos dentro. Es una de las ciudades más bellas e históricas de España y en solo veinticuatro horas es difícil conocerla. Pero en un día podemos recorrer sus lugares más famosos, tener una primera toma de contacto con la capital y prometernos volver pronto.

Manuel Mateo Pérez
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La Mezquita Catedral es el alma de la ciudad y nada mejor que empezar en ella desde bien temprano. En ella reside su belleza e historia. Conviene entrar por la puerta del Perdón hacia el luminoso patio de los Naranjos. La puerta de las Palmas conduce al interior del templo. Una vez paseada la primera construcción mandada construir por Abd al-Rahman I hay que dirigirse a la ampliación patrocinada por el califa al-Hakam II, donde se halla el mirhab y la maqsura, los espacios arquitectónicos más deslumbrantes del monumento omeya. La ampliación de Almanzor, situada al este de la nave rodea algunas de las capillas cristianas más interesantes del monumento. Una vez paseada la zona árabe es interesante recorrer la Catedral cristiana, incrustada en el corazón del edificio.

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La visita a la Mezquita ha de ir acompañada con un paseo por las calles más interesantes del barrio de la Judería. El itinerario comienza en la plaza de Judá Leví y continúa en la plaza de Maimónides, donde se alza el Museo Taurino. La calle Judíos conduce a la plaza de Tibiriades, donde se honra la memoria del médico y filósofo Maimónides. Unos metros más arriba, frente al zoco de artesanos, abre sus puertas la Sinagoga judía.

El Alcázar de los Reyes Cristianos queda frente al Campo Santo de los Mártires, en cuyo subsuelo ha sido rescatado del olvido unos baños califales de época de al-Hakam II. En el interior del Alcázar hay que visitar primeramente las salas expositivas donde se exhiben las colecciones arqueológicas romanas. Posteriormente, hay que dejarse embaucar por las delicias de sus jardines y estanques que retrotraen la memoria a un pasado andalusí de esplendor y refinamiento.

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Por la tarde, tras un almuerzo en algunas de las tascas que rodean las plazas de las Tendillas y Corredera, hay que bajar hasta la plaza del Potro donde abren sus puertas los museos de Bellas Artes y de Julio Romero de Torres. En este último se exponen algunas de las obras más interesantes del artista que mejor supo captar la sensualidad, la belleza y el drama de la mujer andaluza. La calle Lineros conduce hasta la iglesia de San Pedro, mandada construir por Fernando III tras la conquista de la ciudad en 1236. El barrio de San Pedro está próximo a las barriadas de Santiago, La Magdalena y San Lorenzo. En este último se erige una de las iglesias góticas más interesantes de Andalucía. En su fachada, diseñada por al arquitecto Hernán Ruiz II, destaca un descomunal rosetón. En el interior del templo se venera la imagen del Cristo de Remedio de Ánimas, una de las tallas religiosas más interesantes y queridas de la ciudad menos conocida. Próximo a San Lorenzo están, además, algunos de los patios más bellos de la arquitectura popular cordobesa. A la caída de la noche hay que volver a Tendillas para tomar algo en los restaurantes y tabernas que rodean la populosa plaza. Y si aún nos quedan ganas conviene despedirse de Córdoba desde el Puente Romano, viendo cómo el Guadalquivir baja rumbo a Sevilla.