24 horas en El Cairo

La Gran Pirámide de Guiza, la más antigua de las Siete Maravillas del Mundo, es solo uno de los atractivos de la capital egipcia.

Adrián Lorenzo
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Rodeada de gigantescas dunas de arena blanca y bañada por el río Nilo, El Cairo es una de esas ciudades que bien merecen una visita en un viaje por Oriente Próximo. Sus calles, repletas de monumentos, esculturas, museos, mezquitas y templos, permiten a los más curiosos conocer los orígenes de una de las civilizaciones más deslumbrantes de la historia, la del antiguo Egipto. Aunque no en profundidad, en un día da tiempo a conocer alguno de sus lugares más famosos y así tener una primera toma de contacto de la ciudad.

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Las Pirámides de Guiza son un buen inicio de ruta, ya que permiten a los turistas empaparse bien de la cultura e historia de sus antepasados. Ubicadas a 18 kilómetros al suroeste de la ciudad, integran un conjunto funerario de 160 kilómetros cuadrados de extensión.

El complejo se puede visitar entre las 8:00 horas y las 17:00 horas, sin embargo conviene visitarlo a primera hora de la mañana, con los primeros rayos de luz.  Y es que es precisamente en ese momento cuando menos gente hay y cuando mejor se puede tomar la famosa fotografía: esa que incluye en un mismo marco las Pirámides y la Gran Esfinge.

La siguiente parada es el Museo Egipcio de El Cairo. El espacio, enclavado en el interior de un edificio del siglo XIX, custodia la mayor colección de objetos de la época del Antiguo Egipcio. En concreto, posee más de 136.000 piezas, entre estatuas, pinturas, relieves, muebles, objetos funerarios, vasijas de piedra y papiros.

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La visita, que cuesta 60 libras egipcias, algo menos de 3 euros, bien podría alargarse el resto de la mañana, por lo que nada más salir de allí conviene descansar y reponer fuerzas en alguno de los restaurantes y bares de la zona. Entre los platos imprescindibles a probar destacan el hummus, un puré de garbanzos con pasta de sésamo; el betingan, rodajas de berenjena adobadas; la basterma, un plato de cecina ahumada; y el tabbouleh, una ensalada de perejil y sémola de trigo.

La tarde en El Cairo es para los bazares callejeros. Uno de los más populares es el de Khan el Kalili, ubicado en la antigua zona de comercio de la ciudad. Entre el bullicio de los callejones se escucha el siseo de los vendedores regateando en la venta. Muchos de los turistas que lo han visitado aseguran que no hace falta tener un guía, ni siquiera un plano, ya que uno de los atractivos de este lugar es perderse entre sus callejuelas, disfrutar de sus coloridos objetos y pasear entre los olores que emanan los puestos de esencias.

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La caída del sol, con unos grados menos, es el momento perfecto para visitar la Ciudadela de Saladino, una fortaleza de estilo medieval asentada sobre la colina Muzzattam. En ella los turistas pueden pasear entre varias mezquitas y museos cargados de antecedentes históricos. Es recomendable recorrerla con pausa y disfrutar de las bellas vistas de la ciudad que ofrece. Una de las mejores fotografías se obtiene desde la mezquita de Muhammad Alí, templo que domina el cielo de El Cairo.

La ruta de la ciudad finaliza cerca del Museo Egipcio, ya que es precisamente allí donde se concentran la mayoría de los clubes y restaurantes de ocio nocturno. En ellos se puede escuchar música local y compartir un buen rato, mientras se repasan las anécdotas del día y se planean futuras escapadas.