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Los 10 viajes por Europa que debes hacer después de los 65 años: historia milenaria, gastronomía de altura y rutas sin grandes esfuerzos físicos

Diez destinos donde el relieve, la logística y el ritmo del viaje están pensados para disfrutar sin prisas - y sin renunciar a la historia ni a la mesa.

Budapest es uno de los grandes favoritos para los viajeros senior.

Budapest es uno de los grandes favoritos para los viajeros senior. / Istock

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En un viaje de varios días, el cansancio no siempre llega por los kilómetros recorridos. A menudo tiene más que ver con una rutina mucho menos atractiva: abrir la maleta, volver a cerrarla y repetir la operación dos noches después. Los diez viajes reunidos aquí parten de una misma idea práctica: reducir al mínimo los cambios de alojamiento, esquivar las pendientes pronunciadas y contar con conexiones fiables entre las distintas etapas, pero sin recortar el patrimonio histórico ni las buenas comidas.

Edificio del Parlamento húngaro en Budapest.

Edificio del Parlamento húngaro en Budapest. / Istock

Viajar con otro ritmo tampoco obliga a buscar destinos diferentes. Un crucero fluvial, por ejemplo, puede cubrir en siete días un recorrido que por carretera supondría unos quince entre desplazamientos y hoteles. Y una ciudad con un centro histórico llano permite encadenar una catedral gótica, un museo o una buena mesa sin afrontar grandes desniveles. La selección reúne diez propuestas en las que patrimonio, gastronomía y facilidad para desplazarse a pie forman parte del mismo viaje.

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Sara Fernández García

  1. Danubio en barco

Viena, Budapest y Bratislava con una única maleta

Hace poco más de cien años, Viena, Budapest y Bratislava pertenecían al mismo imperio. Hoy el Danubio permite pasar de una a otra sin recurrir a aeropuertos ni largos recorridos por carretera. Los barcos atracan en zonas céntricas, de modo que las visitas no suelen exigir grandes traslados en autobús.

En Budapest se añade otro atractivo: sus baños termales, utilizados desde el periodo otomano y todavía abiertos al público. A ello se suma que las navieras suelen clasificar sus excursiones según el nivel de esfuerzo, con alternativas de ritmo tranquilo para conocer los centros históricos de las tres ciudades sin necesidad de acelerar el paso.

Luz del atardecer en la iglesia de San Carlos Karlskirche con reflexión en Viena, Austria

Luz del atardecer en la iglesia de San Carlos Karlskirche con reflexión en Viena, Austria / Istock

  1. El Duero portugués

Una semana entre viñedos sin hacer y deshacer equipaje

El paisaje vitivinícola del valle del Duero está reconocido como Patrimonio de la Humanidad desde hace más de veinte años. Para recorrerlo, conducir no es imprescindible. Los cruceros fluviales avanzan entre las terrazas de viñedos que se suceden sobre la roca y realizan paradas en bodegas centenarias en las que probar el vino de Oporto en el territorio donde se produce.

La principal ventaja logística es sencilla: el camarote hace también las veces de hotel durante toda la ruta. La maleta se abre al comienzo del viaje y no hay que volver a prepararla hasta el final de la semana. El clima suave del valle facilita, además, los paseos por las poblaciones situadas junto al río.

Luz del atardecer en la iglesia de San Carlos Karlskirche con reflexión en Viena, Austria

Luz del atardecer en la iglesia de San Carlos Karlskirche con reflexión en Viena, Austria / Istock

  1. Rin y Alsacia

Pueblos medievales, vino y castillos a la vista desde el barco

El tramo del Rin comprendido entre Estrasburgo y Rüdesheim permite contemplar desde cubierta más de una veintena de castillos medievales. No es necesario subir hasta ellos para verlos. En Colmar, el casco antiguo conserva buena parte de sus construcciones de entramado de madera y presenta un trazado prácticamente llano que permite caminar junto a sus canales con tranquilidad.

La identidad de la región se reconoce también en la mesa. La arquitectura germánica convive con especialidades de tradición francesa como la choucroute, la tarta flambeada y los vinos blancos de la zona. En cada escala se puede desembarcar, recorrer la localidad, comer y regresar al mismo barco sin tener que trasladar el equipaje.

Estrasburgo

Estrasburgo / Istock

  1. Brujas y Gante

Dos ciudades belgas para recorrer sin pendientes

En los centros históricos de Brujas y Gante apenas hay desniveles reseñables. Las dos ciudades se desarrollaron alrededor de sus canales y pueden visitarse tanto andando como desde el agua.

Brujas mantiene casi intacta su trama medieval y conserva una larga tradición vinculada a los chocolateros, con gremios dedicados al oficio desde hace siglos. Gante suma una cultura cervecera relacionada con la tradición monástica. Entre ambas hay poco más de media hora de trayecto, por lo que resulta posible combinarlas sin dedicar jornadas completas a los desplazamientos ni cambiar continuamente de alojamiento.

Casas de colores en el canal de Brujas, Bélgica

Casas de colores en el canal de Brujas, Bélgica / Istock / K.J. Schraa

  1. Sevilla

Catedral, Alcázar y Archivo de Indias en apenas unos minutos

Pocas ciudades españolas permiten concentrar tantos monumentos reconocidos por la Unesco en un espacio tan reducido. La Catedral de Sevilla, el Real Alcázar y el Archivo de Indias forman conjuntamente uno de los conjuntos Patrimonio de la Humanidad más compactos del país: se encuentran a menos de cinco minutos andando unos de otros.

Salvo puntos concretos, buena parte del centro histórico es llano. Monumentos, plazas y bares de tapas quedan a distancias asumibles a pie. La propia costumbre de ir de tapas introduce paradas frecuentes durante el recorrido, de modo que el paseo puede organizarse a un ritmo pausado de manera natural.

Plaza de arquitectura de España en Sevilla, España

Plaza de arquitectura de España en Sevilla, España / Istock

  1. Malta

Monumentos prehistóricos y legado de la Orden de San Juan en muy poco espacio

Algunos de los templos megalíticos de Malta son anteriores a la primera pirámide levantada en Egipto. Las reducidas dimensiones del archipiélago permiten visitar varios de estos yacimientos en una misma jornada: todo el país cabría varias veces dentro de una provincia española de tamaño medio.

En La Valeta, el viaje cambia de época con el legado de la Orden de San Juan, visible en su arquitectura, sus calles porticadas y los miradores abiertos hacia el puerto. Malta cuenta además con temperaturas templadas durante buena parte del año, lo que permite organizar el viaje fuera de los meses de calor más intenso.

Crystal laguna, Comino de Malta

Crystal laguna, Comino de Malta / Istock / Danilovich Andrey

  1. San Sebastián y Bilbao

Alta gastronomía, pintxos y dos centros urbanos manejables

San Sebastián se encuentra entre las ciudades con mayor concentración de estrellas Michelin por habitante del mundo. Varios de sus grandes restaurantes están situados a poca distancia del paseo de La Concha, uno de los frentes marítimos españoles más sencillos de recorrer andando.

Bilbao queda a menos de una hora y añade dos paradas muy concretas: el Museo Guggenheim y las Siete Calles, núcleo del casco histórico. En las dos ciudades se puede pasar de un museo a un bar de pintxos y continuar después el paseo sin necesidad de utilizar el coche. El recorrido urbano discurre, en buena medida, por zonas pavimentadas y cómodas para caminar.

Vista en ángulo alto de la ciudad de San Sebastián

Vista en ángulo alto de la ciudad de San Sebastián / Istock

  1. Dubrovnik y Dalmacia

De puerto en puerto para evitar largas jornadas por carretera

El recinto amurallado de Dubrovnik puede recorrerse durante una mañana. Las principales escaleras aparecen al acceder a la parte superior de las murallas, una visita que puede omitirse si se prefiere permanecer al nivel de las calles del casco histórico.

Los cruceros de cabotaje por la costa dálmata ofrecen otra ventaja: sustituyen los desplazamientos prolongados en autocar por carreteras de montaña por trayectos marítimos entre pequeños puertos. Muchas de las localidades en las que se hace escala cuentan también con centros históricos de dimensiones reducidas. En la mesa aparecen influencias italianas y balcánicas, con el pescado fresco como uno de los productos habituales a lo largo del recorrido.

Vista de la ciudad vieja de Dubrovnik, Croacia

Vista de la ciudad vieja de Dubrovnik, Croacia / Istock / OZGUR DONMAZ

  1. Ámsterdam

Museos, canales y una ciudad prácticamente plana

El terreno sobre el que se extiende Ámsterdam es tan llano que la bicicleta continúa siendo uno de sus medios de transporte dominantes. Esa misma característica facilita los desplazamientos a pie.

El Rijksmuseum, el Museo Van Gogh y la Casa de Ana Frank se encuentran relativamente próximos y quedan integrados en la red de canales, que funciona también como una referencia sencilla para orientarse por el centro. La capital neerlandesa permite combinar grandes colecciones de arte, gastronomía de mercado y largos paseos urbanos sin afrontar pendientes.

Casas históricas a dos aguas a lo largo del canal Singel en Ámsterdam

Casas históricas a dos aguas a lo largo del canal Singel en Ámsterdam / Istock / TONO BALAGUER

  1. Toscana organizada

Florencia y San Gimignano reduciendo las pendientes de Siena

Recorrer la Toscana en un circuito organizado en autocar permite concentrarse en Florencia y San Gimignano y reducir la exposición a las pendientes más duras de Siena. Según el planteamiento del itinerario, esta última puede quedar fuera de la ruta o limitarse a una visita más breve.

Paisaje de la Toscana la atardecer.

Paisaje de la Toscana al atardecer. / Istock

Florencia concentra buena parte de su patrimonio renacentista en un centro histórico que puede recorrerse andando, con la cúpula de Brunelleschi como una referencia visible desde numerosos puntos. En San Gimignano, las torres medievales se combinan con una gastronomía basada en el producto, en la que destacan el aceite, el vino y la trufa. Buena parte de esa experiencia transcurre alrededor de una mesa y no exige añadir largas caminatas al programa.