Escapar de todo... y de todos: 10 playas (casi) vírgenes en España

Playas naturales, no alteradas urbanísticamente y alejadas de la masificación. Así son estos pequeños tesoros de la costa española en los que perderse este verano. Desde el litoral tarraconense al canario, muchas de ellas se hallan inmersas en parques naturales, lo que garantiza su protección.

María Escribano
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Foto: Alex / ISTOCK

Playas en su estado más primitivo, en las que la mano del hombre no ha hecho de las suyas, donde la fauna y la flora siguen abriéndose paso, donde los vehículos de motor tienen prohibido el acceso, donde se respira aire puro, en las que huele a tranquilidad. El litoral español aún custodia estas pequeñas joyas de arena y olas conocidas como playas vírgenes, solo es cuestión de saberlas encontrar, ya que en muchas ocasiones su acceso no es sencillo.

En el caso del litoral tarraconense, existe un distintivo de Playas Vírgenes otorgado por Ecologistas en Acción de Tarragona i l’Ebre, que desde hace más de una década lleva reconociendo anualmente los esfuerzos de municipios y entidades por mantener y preservar el valor ecológico de algunas de sus playas. Entre ellas, por ejemplo, Cala Jovera, la preciosa playa virgen a los pies del castillo de Tamarit (de los siglos X y XII), que, junto al bosque mediterráneo de pinos, proporciona una de las imágenes más emblemáticas de esta costa. Noventa metros de largo por 20 de ancho de arena fina y dorada, bañada por aguas cálidas y tranquilas.

Cala Jovera, a los pies del castillo de Tamarit, Tarragona. | Santi Rodriguez / ISTOCK

Bajamos por el litoral mediterráneo hasta encontrarnos con una vegetación tupida que nos indica la delimitación de la Playa de la Devesa del Saler, en Valencia. Su ubicación es singular, ya que se encuentra entre dos inmensos espacios acuáticos: por un lado, el Mediterráneo; por otro, L’Albufera, el mayor lago de agua dulce de España. La playa se extiende a lo largo de cinco kilómetros y está protegida por encontrarse dentro del Parque Natural de l'Albufera. Pese a ser la única playa salvaje de Valencia eso no impide que esté adaptada para sillas de ruedas. Dos recomendaciones: coger la bici y desplazarse al Centro de Interpretación del Racó de l’Olla para observar a multitud de aves en su medio natural o acudir a uno de los restaurantes de la zona para degustar una buena paella.

Playa de la Devesa del Saler, en Valencia. | David Rota

En el frente costero del Parque Regional de Calblanque, un espacio protegido entre Portmán y Cabo de Palos, se halla la playa del mismo nombre. La playa cartagenera de Calblanque le debe su mantenimiento natural a las dunas del parque, ya que estas acumulan la arena compensando la que el oleaje se lleva durante los temporales. La regulación del acceso de vehículos a motor a las playas del parque regional sin duda ha contribuido a garantizar la conservación de este singular entorno. Se ha reducido la emisión de polvo que asfixia a las plantas, los atropellos de fauna, ha mejorado la calidad del aire y disminuido el riesgo de incendios…  Además, el parque dispone de un servicio de transporte en autobús, Calblanque 4:40, para acceder a playas como la que acabamos de describir.

Playas Vírgenes, España | Francisco Albentosa / ISTOCK

Diamante del mediterráneo

Y de un espacio protegido nos trasladamos a otro, el parque natural Cabo de Gata-Níjar, en Almería. Reserva de la Biosfera y Geoparque de la Unesco, cuenta con algunas de las playas vírgenes más impresionantes del país. Entre ellas destaca, por supuesto, la de Mónsul, situada en el litoral nijareño, uno de los últimos rincones vírgenes del Mediterráneo.

La playa de Mónsul ha sido escenario de películas y anuncios desde hace décadas y destaca por estar flanqueada en sus laterales por espectaculares formaciones de lava erosionada. Erosionadas por el agua del mar y el viento, que han tallado este diamante del mar Mediterráneo, grandilocuente apelativo pero que no falta a la verdad. La lengua más llamativa es la llamada Peineta de Mónsul, con esa forma como de ola gigante que parece querer volver al mar. En los días más calurosos los bañistas la utilizan para cobijarse del sol; los más pequeños, para buscar pececitos y cangrejos en su base.

Playa de Mónsul, en el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, Almería. | Anetlanda / ISTOCK

De arena oscura, otra de las peculiaridades de Mónsul es su duna viva, que dependiendo de la dirección del viento, cubre de arena una de sus caras. Desde el 12 de junio hasta el 15 de septiembre, el acceso rodado a estas playas está restringido y regulado en aras de su conservación, con zonas de aparcamiento para poder dejar el coche y acceder a la costa a través de autobuses. También hay empresas locales de Turismo Activo con permiso para hacer el recorrido por la zona de reserva que llega hasta el Cabo y que incluyen visita interpretada.

Bajamos hasta el lugar donde el viento coge carrerilla, Tarifa. La playa virgen que ahora nos ocupa da nombre a un paraje natural, el Paraje Natural Playa de los Lances, lugar de concentración y regreso de aves en la travesía del estrecho de Gibraltar. En la propia playa hay un observatorio de aves, lo que permite al usuario echar un vistazo a esas águilas, halcones y milanos que dan el salto (o más bien, elevan el ala) entre el continente africano y el europeo. Con suerte, también se puede ver al ave más especial del paraje, el chorlitejo patinegro, que construye su nido en los Lances, en la zona de los pastizales, y cuyas crías van aprendiendo a volar y se van acercando poco a poco a la playa utilizando las lagunas y la orilla para buscar alimento.

Playa de los Lances, en Tarifa, Cádiz. | quintanilla / ISTOCK

Enmarcada por un lado por la sierra litoral de los montes de Tarifa y con los ríos de la Jara y de la Vega y el arroyo Salado aumentando la riqueza natural del paisaje, la playa de los Lances cuenta también con una laguna costera protegida y con un importante patrimonio submarino formado por barcos hundidos. En total, 226 hectáreas de una superficie de indudable valor ecológico en la que el visitante puede disfrutar de varios ecosistemas conectados: dunas de arena fina, extensos pinares y las marismas de los citados ríos.

¿Es esta la mejor playa del mundo?

Se la conoce como la playa más salvaje del Parque Nacional de Doñana, en Huelva, y en parte merece el calificativo. La playa de Castilla (cuentan que llamada así por Alfonso X) tiene unos 20 kilómetros de costa hasta Mazagón, en los que se suceden la propia playa, abruptos acantilados, áreas sin urbanizar e impresionantes médanos. A ella solo se puede acceder por determinados puntos señalizados, lo que hace que llegar a la playa ya suponga una aventura.

Monumento natural

Una de las mejores vistas de la zona está en el acantilado del Asperillo. A este se llega a través de una pasarela de un kilómetro y medio de longitud que atraviesa pinares y dunas y está considerado el más alto de su tipo (es un acantilado arenoso) en Europa. Los materiales más antiguos de este monumento natural declarado por la Junta de Andalucía pueden tener entre 14.000 y 15.000 años, por lo que una visita a la zona es un reencuentro con el pasado. Ya a pie de orilla es posible relajarse y mantener distancias en una de las playas más extensas de la península, solo superada por su vecina playa de Doñana, con 28 kilómetros.

Cala Presili, Menorca | Nachosuch / ISTOCK

Damos el salto a las Baleares recalando en Menorca, en dos de las playas vírgenes más apreciadas del Parque Natural de s’Albufera des Grau: Platja d’en Tortuga y Cala Presili. La primera está situada a 17 kilómetros de Maó, entre el cabo homónimo y s’Arenal de Morella. Forma parte del Área Natural de Especial Interés de s’Albufera des Grau, una de las áreas responsables de que la Unesco declarase en el año 1993 a Menorca como Reserva de la Biosfera. Platja d’en Tortuga es una playa de arena y grava, rodeada de cantiles con vegetación y resultado de un entrante de mar muy abierto que también originó Platja de Capifort. Separada de Platja d’en Tortuga por la Punta de Presili se encuentra Cala Presili, una cala muy especial con espectaculares vistas al faro de Favàritx en el horizonte. Las laderas de los montículos que la envuelven hacen de espigones naturales.

Caló des Moro, Mallorca. | Alex / ISTOCK

Cambiamos de isla para buscar una playa virgen en Mallorca. El escondido rincón de Caló des Moro también se ha llevado el piropo de playa más bonita de la isla y motivos no le faltan: arena blanca, aguas turquesas, enclave natural entre acantilados, grandes rocas y pinos. Situada en Cala Llombards, a seis kilómetros de Santanyí, llegar a ella también es todo un reto, ya que hay que dejar el coche en un aparcamiento y seguir a pie a lo largo de un camino de tierra que gira hacia los acantilados de la playa. Para los que prefieren el barco, también se puede acceder al caló en él y hay una ruta para llegar a pie desde las casetas de pescadores de cala s’Almunia. Su agua cristalina está abierta a los vientos del este-sureste y su fondo arenoso es excelente para la práctica del buceo.

Cala Llombards, Mallorca | Alex / ISTOCK

Un refugio asturiano

En la costa cantábrica hacemos parada en Asturias, en la playa de San Antonio de Mar, perteneciente al concejo de Llanes. Más oculta y menos concurrida que la popular playa de Cuevas de Mar, esta cala natural tiene forma de concha y está protegida por acantilados y rodeada de prados. Su puede acceder a ella andando unos 15 minutos desde la citada playa y muchos se refieren a ella como un refugio a la vera de Cuevas de Mar. San Antonio de Mar está integrada en el Paisaje Protegido de la Costa Oriental de Asturias.

Playa de San Antonio, en Llanes, Asturias. | Stefano Valeri

Rodeada de pinos y considerada en múltiples ocasiones la playa más bonita de España, la playa de Rodas, en las pontevedresas Islas Cíes, es especial. Primero, porque une dos islas, las de Monteagudo y Faro, y segundo, porque las aguas color esmeralda de su laguna contrastan con sus dunas naturales. Pegada al muelle de Rodas, se puede llegar a ella tras una travesía en barco de unos 40 minutos desde Baiona.

Playa de Rodas, en Islas Cíes, Pontevedra. | TONO BALAGUER / ISTOCK

Las islas pertenecen al Parque Nacional Marítimo Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia y representan una de las mejores muestras de los ecosistemas propios de las costas y fondos marinos atlánticos de España. Incluso es posible acampar en una de ellas, la isla de Faro, pero para ello es necesario obtener un permiso, al igual que ocurre si se quiere practicar algo de submarinismo, fondear en sus aguas o visitar las islas.