10 pistas sugerentes para disfrutar La Rioja en otoño

Viajar por La Rioja en otoño es seguir los pasos del vino y de esos rebosantes campos de viñedos, teñidos con una gama cromática de colores rojo, amarillo y marrón que lo invade todo.

Javier Carrión
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Esta es una ruta repleta de bodegas, como no podía ser de otra forma, pero también de castillos, torres, pueblos, tradiciones, y un camino clásico, el que conduce a Santiago de Compostela, que ha sido el eje principal en el desarrollo de esta región, tanto en la historia como en el arte. La luz otoñal proporciona un matiz cálido a iglesias y construcciones, mientras que en los campos crecen las setas y el paisaje se impregna con un olor propio, el de la uva cortada y posteriormente aplastada antes de convertirse en mosto.

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Suso y Yuso, el origen del castellano

Una visita obligada antes de llegar a los viñedos riojanos en San Millán de la Cogolla. Los monasterios de Suso y Yuso, inscritos en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, recuerdan la vida de San Millan, eremita muerto en el año 574 que se convirtió en foco de peregrinación medieval. Aemilianus (su nombre auténtico) fue enterrado en una tumba excavada de este pequeño Monasterio de Arriba (Suso), donde todavía hoy se puede ver el sepulcro románico del santo y uno de los escasos ejemplos de la arquitectura mozárabe que quedan en la península (galería de entrada y nave principal de la iglesia). La importancia cultural de Suso se entra también en los manuscritos y códices que salieron de su escriptorio: el Códice Emilianense de los Concilios (992), la Biblia de Quiso (664) o algunas copias del Beato de Liébana (autor del siglo VIII), lo que le convirtió en uno de los más notables escritorios de la Edad Media en la península con la más antigua manifestación escrita de la Lengua Castellana.

En 1053 el rey navarro don García comenzó las nuevas obras del monasterio románico de San Millan de Yuso sobre el que se construiría entre los siglos XVI y XVIII el actual monasterio de Yuso por los abades benedictinos. El mayor interés de Yuso reside en su biblioteca de libros y códices, guardados en armarios originales, conocida también como la estantería de los cantorales con 25 volúmenes copiados entre 1729 y 1731. Se trata, sin duda, de la biblioteca monástica más importante de España con más de diez mil ejemplares, siendo algunos de ellos auténticas rarezas del pasado. En Yuso se exhibe una copia de las Glosas Emilianenses, el primer documento en el que se asoma el castellano escrito con algunas notas añadidas en euskera.

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Haro, la ciudad del vino

De "muy noble y muy leal" consideró el rey Felipe V a Haro en 1710 en plena Guerra de Sucesión entre Borbones y Austrias. La ciudad había dado refugio a la futura reina María Luisa de Saboya y a su hijo Luis, de tres años, como lo hacía con un gran número de nobles que desplegaron aquí bellos y lujosos palacios que con los años fueron quedando en el olvido. El Palacio de Bendaña, también llamado  Paternina, de estilo plateresco; los Palacios de los Condestables, de las Bezaras, de la Plaza de la Cruz, de Tejada, de los Salazar o de los Condes de Haro, escoltado este último en su puerta por dos columnas salomónicas, recuerdan el rico pasado de esta ciudad muy vinculada al vino. Ya se tiene constancia de las raíces romanas de esta producción vinícola en Haro, pero fue en el siglo XIX cuando se convirtió en una industria floreciente, una vez que una plaga de filoxera se extendió por Europa. Los bodegueros franceses instalaron sus almacenes en Haro para exportar sus vinos de Burdeos, pero acabaron elaborando los primeros caldos riojanos con sus técnicas. Hoy el Barrio de la Estación de Haro recuerda ese pasado económico con decenas de bodegas centenarias que siguen en activo junto a la vieja estación ferroviaria, testigo de la inauguración de la línea Bilbao-Haro que facilitaba y abarataba el envío de vino al extranjero. El esplendor de la ciudad alcanzó tal magnitud que Haro fue una de las primeras ciudades españolas que contaron con luz en la vía pública.

Además del rico patrimonio palaciego, hay que resaltar dos templos en su casco viejo: la Iglesia de Santo Tomás, de estilo gótico florido, con su gran torre que  sirvió de referente para otras en la región como la de la catedral de Santo Domingo de la Calzada o la de Santa María la Redonda de Logroño, y la Basílica de Nuestra Señora de la Vega, más alejada del centro, que contiene la imagen de la patrona de Haro. Por último, una sugerencia imprescindible: Hay que recorrer la zona conocida como "La Herradura" en el casco antiguo, entre Santo Tomás y la Plaza de la Paz, para catar los caldos de la tierra.

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El Puente de Briñas, un enclave medieval hacia Santiago

Dos cortas excursiones muy recomendables desde Haro. La primera hacia el Puente de Briñas, a dos kilómetros del centro de la ciudad, en dirección a Vitoria, que destaca por su magnífico estado de conservación. Fue construido en el siglo XI por Sancho III de Navarra, pero el aspecto actual que se observa ahora sobre el río Ebro pertenece al siglo XVI. Tiene siete ojos en forma de arcos apuntados y de medio punto y seis machones en forma de proa por un lado y rectos por otro. Briñas es uno de los pocos puentes medievales de piedra que cruzan el Ebro, utilizado por los peregrinos a Santiago, y está rodado por un magnífico paisaje de viñedos.

La Ermita de San Felices y la Batalla del Vino

La ermita sobresale por encima de los riscos de Bilibio, a seis kilómetros al norte de Haro, en una afilada cresta que impresiona, donde primero los romanos levantaron un castillo y luego, a finales del siglo V, hicieron vida de rezo y retiro San Felices, cuya sobria efigie en piedra corona el cerro, y su discípulo San Millán. El santuario brinda una panorámica espectacular durante todo el año, pero especialmente el 29 de junio, día que se celebra la Batalla del Vino. En esa jornada, tras la celebración de la Misa y del almuerzo, se desarrolla una batalla en la que todos los asistentes arrojan miles de litros de vino utilizando los envases y depósitos más variopintos. El color de la vestimenta de los romeros se tiñe de color y tras la contienda se bailan las tradicionales vueltas en la Plaza de la Paz junto al Ayuntamiento de Haro.

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Briones, una sorpresa inesperada

Situado en un antiguo cerro fronterizo entre Castilla y Navarra, Briones es una de las grandes sorpresas de esta ruta riojana. Declarado Conjunto Histórico Artístico, alberga en su interior palacios y casas solariegas muy bien cuidados a los que se puede acceder a través de las dos puertas principales de su vieja muralla. Sorprende también su amplia plaza con una fuente central de la que surge un árbol, y desde la que se observan todos los monumentos principales de este espacio urbano: el palacio del Ayuntamiento, la vieja farmacia,  la casa más antigua de La Rioja, la Casa Encantada, hoy convertida en un interesante Museo Etnológico a la altura de este bello edificio barroco de 1755, y la Iglesia de Santa María de Briones, de estilo Reyes Católicos y Renacimiento del siglo XVI. Fuera del recinto amurallado se encuentra el Museo de la Cultura del Vino Dinastía Vivanco, destino principal de casi todas las visitas a este pueblo medieval.

Santo Domingo de la Calzada, etapa clave del Camino

Una de las etapa fundamentales del Camino de Santiago. Los alicientes de esta ciudad fundada en el año 1044 son muchos y variados: los restos de su muralla, el antiguo Hospital de Peregrinos, la Plaza Mayor barroca con el Ayuntamiento y la Cárcel del Corregimiento, el Convento de San Francisco y, a la cabeza, la Catedral románica, gótica y barroca, con una joya indiscutible: el retablo plateresco sobre el Altar Mayor (1537) y el popular gallinero que con su gallo y su gallina vivos perpetúa el milagro del santo tan ingeniero como protector de los peregrinos.

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Nájera y su Panteón Real

Esta antigua capital del reino de Navarra en los años del inicio del primer milenio queda dividida en dos por el río Najerilla. A la izquierda, el Nájera moderno, y a la derecha, el casco antiguo con una zona intermedia para dejar el coche en un parking muy bien situado y atravesar una pasarela peatonal por el río que conduce a la ciudad vieja. En ella, solo por ver el monasterio de Santa María  La Real (1052) merece la pena la visita. Sus estancias sorprenden al visitante. Ya sea el claustro de los Caballeros, el Retablo Mayor, el Sepulcro de doña Blanca de Navarra, o indudablemente el Panteón Real renacentista, donde están enterrados dos dinastías diferentes: la Jimena o Abarca, que gobernó el reino de Nájera-Pamplona entre 918 y 1076, y la dinastía del rey García Ramírez, el Restaurador, padre de Blanca de Navarra. Las arcas funerarias se sitúan delante de una cueva en la que el rey don García halló la imagen de la Virgen durante una cacería. Según cuenta la leyenda, el monarca perseguía a una presa y, siguiendo sus huellas, penetró en la gruta, descubriendo en su interior la talla de Santa María y a su lado, una campana, al otro, una lámpara, y en el centro, un jarrón de azucenas. De este hallazgo surgió el monasterio, el Panteón Real y la Orden Militar de la Terraza.

El maravilloso pórtico policromado de Laguardia

Saliendo de La Rioja, en la comarca de La Rioja Alavesa, en la provincia de Álava, encaramada a un altozano desde el que se divisan las tierras repletas de viñedos, se alza esta villa que conserva su trazado medieval amurallado. En su interior, las casas blasonadas, las callejuelas y plazuelas  y las iglesias convierten el conjunto en uno de los más hermosos de España, con una joya indiscutible: la Iglesia de Santa María de los Reyes. Situada en la zona norte del pueblo, comenzó a edificarse en el siglo XII en estilo románico, pero el templo no se culminaría hasta el siglo XV, por lo que contiene elementos góticos y renacentistas. La joya de la iglesia es su pórtico que fue construido en piedra tallada hacia el siglo XIV, aunque su policromía es del XVII. La bella portada alterna figuras humanas -vírgenes, profetas, apóstoles, mártires, reyes y ángeles- y motivos vegetales. Asombran los magníficos colores de todo el conjunto, muy bien conservados, debido que el pórtico ha estado protegido de las inclemencias del tiempo durante toda su historia.

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Elciego y la bodega del Marqués de Riscal

Otro hermoso pueblo de la Rioja Alavesa, repleto de casas de piedra, destino ideal para los amantes de la vitivinicultura. Elciego ha alcanzado fama en los últimos tiempos por la bodega del Marqués de Riscal y su hotel diseñado por el arquitecto canadiense Frank Gehry. Al igual que el Museo Guggenheim de Bilbao, el edificio muestra una cubierta externa de titanio, pero no con un color plateado sino con tonos rosáceos y dorados que destacan especialmente tras un enorme campo de viñedos. Esta gama de colores se basa en el vino y en las botellas del Marqués de Riscal. Desde la oficina de turismo se organizan visitas guiadas de casi una hora para visitar la iglesia parroquial, los palacios barrocos y el casco histórico de la villa.

Logroño, la ruta de los calados

Terminamos nuestra ruta en la capital riojana, una ciudad de grandes vínculos con la cultura del vino y con el Camino de Santiago. Logroño destaca por la construcción de sus calados, las bodegas subterráneas que se acondicionaban bajo las casas. Estas construcciones dieron forma a la ciudad y hoy delimitan su casco antiguo. Esta práctica ya era habitual en el siglo XVI pues las familias elaboraban sus propios caldos para el consumo en estos calados que mantenían una temperatura ideal para la crianza. Hoy se pueden visitar ocho calados bajo tierra, muy bien conservados, como el de San Gregorio, un calado largo de treinta metros muy peculiar pues cuenta con un pozo de siete metros de profundidad. Esta experiencia puede ser reservada en la oficina de turismo de la calle Portales como otras, pues Logroño ofrece más atractivos al visitante: un patrimonio arquitectónico muy ligado a la relevancia y trascendencia del Camino de Santiago, como sus magníficas iglesias encabezadas por la de San Bartolomé, la mas antigua con su extraordinaria portada, y la de Santa María de Palacio y su llamativa aguja gótica del siglo XIII; el Puente de Piedra, reflejado en el escudo de Logroño ya en 1285, o el Puente de Hierro (330 metros de longitud), promovido por Práxedes Mateo Sagasta, para mejorar las conexiones comerciales de Logroño con el norte de España; sus siete bodegas del municipio con Franco Españolas al frente dentro de la ciudad y, por supuesto, la famosa calle del Laurel, que reúne bares de tapas y pinchos y restaurantes con una amplia oferta gastronómica: pinchos morunos, champis, montaditos, patatas bravas, orejas, berenjenas con queso, setas, rotos (bocadillo de huevos revueltos), zorropitos, tortilla de patatas... Para descubrirlo por la noche cuando la temperatura acompaña.