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Los 10 paisajes y destinos de naturaleza que merece la pena conocer antes de los 60 años: dejarlos para después sería un error

Del primer Parque Nacional a patrimonios de la Humanidad o la octava maravilla del mundo: son la combinación perfecta entre paisajes espectaculares, biodiversidad y experiencias difíciles de olvidar.

Estos diez destinos son la combinación perfecta entre paisajes espectaculares, biodiversidad y experiencias difíciles de olvidar.

Estos diez destinos son la combinación perfecta entre paisajes espectaculares, biodiversidad y experiencias difíciles de olvidar. / Istock

Hay viajes épicos que hay que hacer una vez en la vida. Pero por su dificultad y por las emociones fuertes que pueden suponer, mejor si se hacen antes de los 60 años. Dejarlos para después podría ser un error, aunque todo depende del estado físico de cada persona. 

Los 8 viajes que debes hacer después de cumplir 60 años

Redacción Viajar

Diez viajes épicos para hacer antes de los 60

  1. Parque Nacional Torres del Paine, Patagonia Salvaje 

Hay un lugar en  la región de la Patagonia de Chile que es conocido por sus altas montañas, por los témpanos de azul brillante que se aferran a los glaciares y por las pampas (o praderas) doradas que albergan fauna poco común. Uno de los sitios más icónicos son las tres torres de granito que dan nombre al parque y las cimas con forma de cuernos llamadas Cuernos del Paine. Juntos forman el paisaje extremo del Parque Nacional de Torre del Paine, un lugar donde el planeta se siente enorme. 

Torres del Paine, en la Patagonia de Chile.

Torres del Paine, en la Patagonia de Chile. / Istock / Maciej Bledowski

  1. Gran Cañón del Colorado

Es inevitable incluirlo en esta lista de lugares para visitar antes de los 60 años. Y es el que el Gran Cañón del Colorado es uno de esos lugares para el que nunca se está preparado, así que mejor enfrentarse a él antes de que sea demasiado tarde: la profundidad del paisaje, los colores imposibles y las formas que no parecen reales. 

  1. Auroras Boreales en Tromsø

Las auroras boreales tienen algo místico, algo que nos hace mirar sin casi parpadear, no vaya a ser que en ese abrir y cerrar de ojos desaparezcan de nuestra vista. Son hipnóticas y nada como ir hasta Tromsø para contemplarlas: esta ciudad de Noruega se encuentra justo bajo el óvalo auroral (esa banda luminosa en forma de óvalo que rodea los polos magnéticos de la Tierra), y eso la convierte en el mejor destino del mundo para verlas. 

Pocas cosas son comparables a una aurora boreal.

Pocas cosas son comparables a una aurora boreal. / Istock / Przemek Szatkowski

  1. Parque Nacional Banff

Hay que ir hasta las Montañas Rocosas para adentrarse en el parque nacional más antiguo de Canadá. Establecido en 1885, es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y se encuentra a unos 180 kilómetros de la ciudad de Calgary. Su terreno montañoso, con numerosos glaciares y campos de hielo, lagos de un azul turquesa que no parece real, densos bosques de coníferas y paisajes alpestres son dignos de ver en persona, pero siempre acompañado: es el mejor refugio del mundo de osos grizzly y osos negros. Si ves alguno, no salgas corriendo. 

Un territorio salvaje declarado Patrimonio de la Humanidad.

Un territorio salvaje declarado Patrimonio de la Humanidad. / Istock / Sara Winter

  1. Desierto de Namibia

El desierto de Namibia es el más antiguo del mundo, pues su existencia se remonta nada más y nada menos que hace 65 millones de años. Situado en la costa de Namibia, es uno de los desiertos más importantes de África, y uno de los paisajes más fotogénicos del mundo. El gran icono son sus dunas de color rojizo y una de las más conocidas es la duna 45 (por estar en ese punto kilométrico de la carretera asfaltada que cruza el desierto) y sí, se puede subir. Mejor hacerlo al atardecer, las vistas con increíbles. 

No es IA, es Namibia.

No es IA, es Namibia. / Istock / EVENFH

  1. Parque Nacional Yellowstone

Qué decir de este lugar, el primer Parque Nacional del mundo, y uno de los grandes emblemas del paisaje montañoso de Estados Unidos, entre los estados de Montana, Wyoming y Idaho. Géiseres, bisontes, aguas termales y ecosistemas enormes. Adentrarse en sus profundidades es como acercarse a la naturaleza en sus estado más primitivo. 

Solo hay un primer Parque Nacional del mundo, y es este.

Solo hay un primer Parque Nacional del mundo, y es este. / Istock / Lane V. Erickson

  1. Milford Sound

Al sur del sur, o lo que es lo mismo, en uno de los extremos de la isla de Nueva Zelanda, en medio del Pacífico, se encuentra este paisaje de fiordos imposibles. Calificado como la octava maravilla del mundo, el fiordo Milford Sound se extiende 15 kilómetros tierra adentro desde el mar de Tasmania, rodeado de rocas escarpadas que alcanzan más de 1200 de altura en cada lado. La niebla y el rumor de las cascadas hacen de este lugar un destino de lo más cinematográfico. 

El fiordo más famoso de Nueva Zelanda

El fiordo más famoso de Nueva Zelanda / Istock / Theeradaj S.

  1. Parque Nacional de Serengeti

Viajar hasta el corazón de Tanzania es mucho más que hacer un safari. Es contemplar uno de los momentos más fascinantes del mundo natural y animal, cuando miles de ejemplares en libertad avanzan delante de ti en manadas en busca de alimento. Puro instinto de supervivencia que cambia por completo la percepción de la naturaleza y de la escala humana dentro de ella. 

  1. Islandia

Pocas definiciones de países como la de Islandia, la tierra de hielo y fuego, son tan explícitas. Porque eso es lo que mejor define a este país insular nórdico, uno de los más completos para los amantes de los paisajes extremos: volcanes, campos de lava, glaciares, géiseres, playas negras y aguas termales. 

Islandia, la tierra de hielo y fuego.

Islandia, la tierra de hielo y fuego. / Istock

  1. Machu Picchu

Imposible e impensable no incluir la ciudad perdida de Perú en esta lista. Aunque se trata de un destino arqueológico, el entorno andino y la llegada entre montañas y nubes lo convierten también en una experiencia natural impresionante. Digna de ver y de disfrutar con los pulmones bien cargados de oxígeno.