Los 10 mejores pueblos de la Val d'Aran

En el territorio de bosques, ríos, lagos y praderas que es este valle, una treintena de pueblos exhiben su belleza hecha de piedra y pizarra, de cultura y tradición. Proponemos un recorrido por algunos lugares que condensan todo el carácter y el encanto de este rincón del Pirineo que no se parece a ningún otro.

Viajar para la Val d´Aran
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Foto: D.R.

Si cuando pensamos en la Val d’Aran pensamos en nieve y esquí no estaremos equivocándonos, pero sí quedándonos muy cortos. Porque este valle incrustado entre las crestas pirenaicas del extremo noroccidental del pirineo catalán, tiene mucho que ofrecer también cuando el invierno se retira. 

Con buena parte del territorio por encima de los 2.000 metros de altura y la naturaleza en los cuatro puntos cardinales, este es el lugar perfecto para amantes del senderismo, de la bicicleta en cualquiera de sus modalidades y de los deportes de aventura. Pero junto a su gran riqueza y variedad paisajística, este es también el destino ideal para viajeros con sed de cultura y hambre de la mejor gastronomía. Su caprichosa orografía ha forjado en esta tierra unas tradiciones arraigadas, una lengua propia (el aranés) y unas manifestaciones culturales que la hacen única. Y la mejor forma de conocer su esencia es tomar la carretera C-28 que atraviesa el valle y recorrer sus pueblos de alta montaña, adentrarse en sus calles empedradas y maravillarse de su arquitectura de piedra, pizarra y madera. Podremos también disfrutar de sus museos, degustar sus recetas y productos típicos (la olla aranesa, los quesos, los platos de caza como el estofado de jabalí o el confit de pato…) y, por supuesto, descubrir el románico de esta región, con sus inconfundibles campanarios y su rica ornamentación escultórica, naif pero muy expresiva. 

Bagergue, o cómo vivir casi tocando las nubes

Colgado a 1490 metros es el pueblo habitado más alto del valle y desde el pasado diciembre forma oficialmente parte del club de los Pueblos más bonitos de España. Motivos le sobran: en un entorno de paredes verticales y prados que en primavera se inundan de flores, se enclava este pueblo cuyo núcleo histórico forma parte del Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña. Uno de sus edificios históricos es la sede del museo Eth Corrau, con más de 2.500 piezas.

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Unha, las mejores vistas de valle y el glaciar

Situado en un montículo y al pie del escarpado Pui d’Unha, este pueblecito de poco más de 100 habitantes es uno de los que mejor ha resistido el paso del tiempo. Testigo de ello es su iglesia románica de Santa Eulària con una torre octogonal que se alza sobre el armónico conjunto de casas renacentistas entre las que destacan Çò de Baile, que alberga el interesante Museu dera Nhèu. Además desde su idílica ubicación a orillas del río Unhóla se obtiene una espléndida panorámica.

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Salardú, el románico más sobresaliente del Pirineo

Sobre un fondo de cielos azules y verdes montañas se recorta la silueta de salardú con la picuda torre de Sant Andrèu destacando entre los tejados de pizarra.  Dispone del campanario medieval más imponente de la Val d'Aran, una gran torre octogonal. Por su Cristo Románico y sus pinturas renacentistas constituye una joya artística. El PyrenMuseu es otra visita imprescindible porque brinda la oportunidad de recorrer la aventura que vivieron los primeros exploradores de las cumbres pirenaicas.

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Arties, señorial puerta de entrada al Parque de Aigüestortes

Para muchos este es el pueblo más bonito del valle, principalmente por su casco urbano que cuenta con las casas renacentistas más destacables. Entre sus edificios destacan la iglesia de Santa María de Arties, del siglo XII y un ejemplo de la superposición de diferentes estilos, la de Sant Joan, que es un armónico conjunto del más puro estilo gótico y el Parador de Arties, conocido como Casa de Don Gaspar de Portolá, una joya de la arquitectura del siglo XVI. 

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Vielha, la orgullosa capital de la Val d’Aran

Esta pequeña ciudad pirenaica alberga el 40% de la población de la comarca y es, sin duda, su centro neurálgico. Aquí encontraremos todo tipo de comercios y servicios y el el lugar perfecto para una ruta de pinchos o una salida nocturna. Pero todo eso no le resta ni un ápice de la belleza de la alta montaña. Rodeada de cumbres que superan los 2000 metros, Vielha es un auténtico cruce de caminos para recorrer a pie o en coche todos los rincones del valle. 

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Vilac, un lugar de antiguas raíces

Vilac está situado justo en medio del valle, donde el río Salient, procedente de alta montaña, se encuentra con el Garona. Si hay un lugar destacado entre sus calles empedradas y sus casonas con balconadas y artesonados de madera, es la plaza de la iglesia,. allí se alza el templo románico del siglo XII cuyo campanario se puede descubrir con visitas guiadas y desde donde se percibe una impresionante panorámica de todo Vielha y sus montañas. 

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Vilamós, espléndido mirador de la Maladeta y el Aneto

Vilamòs está situado en un altiplano de las vertientes de la montaña d’Uishèra, en la falda del Montlude. En su calle principal se encuentra el eco Museo Çò de Joanchiquet, que vale la pena visitar para conocer de cerca cómo era la forma de vida tradicional aranesa hasta el segundo tercio del siglo XX. Y, aunque no hace falta moverse del pueblo para disfrutar del espectáculo natural, una buena idea es calzarse las botas y subir hasta la cima del Montlude, a 2.500 metros de altitud. 

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Bossòst, punto de partida para la mítica subida al Portillón

Más allá de su actividad comercial, de sus tiendas y restaurantes, Bossòst puede presumir de un precioso paseo arbolado en la ribera del Garona, y de un magnífico ejemplar de arquitectura románica aranesa, la iglesia de la Purificacion de Maria. Merece la pena también realizar la ruta de las Siete Capillas Románicas que, según cuenta la leyenda, fueron construidas por los mismos habitantes de pueblo en el siglo XIX para poder protegerse de la peste. 

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Les, aventura, relax y tradición

Rodeado de caminos que se adentran en los bosques y atravesado por el Garona, es el lugar perfecto para el turismo de aventura, pero también para el relax absoluto porque Les alberga en su subsuelo aguas termales de propiedades saludables de las que se puede disfrutar en las termas Era Baronia. A nivel artístico, posee una de las capillas románicas mejor conservadas del valle, la de San Blas, y mantiene una de las tradiciones milenarias más populares: la quema del Haro.

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Canejan, un balcón con vistas al bosque

Está situado junto a la frontera con Francia, colgado de la montaña, a la entrada del bellísimo Val de Toran. Sus casas se arremolinan en torno a la iglesia y cualquiera de los bancos de hiero forjado que encontramos en sus empinadas calles es perfecto para sentarnos largo rato a contemplar las vistas sobre el pueblo de Bausen y el Baish Aran tapizado de hayas y abetos. Aunque puede que la mejor panorámica sea la que se obtiene desde el mirador de la Pelarica. 

D.R.

¿Te vienes a descubrir la Val d´Arán?