El poeta, el torero, Reverte y la Guerra Civil, por Mariano López

Mariano López
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Foto: Victoria Iglesias

El nuevo libro de Javier Reverte, Banderas en la niebla, no se inspira en Ulises sino en Aquiles, no relata viajes por ríos, mares o ciudades, y aun así podría decirse que es un relato viajero en la medida en que explora una geografía aunque sea interior, terrible, con sonido de espadas y lamentos; en la medida en que viaja al corazón de las tinieblas, a los pliegues donde se esconde uno de los peores monstruos que habitan en el interior del ser humano: la fascinación por la guerra.

El relato tiene como protagonistas a dos víctimas de esa fascinación, dos tipos que realmente existieron y combatieron en bandos opuestos en la Guerra Civil española.

De un lado, José García Carranza, el Algabeño, un torero sevillano, mujeriego, falangista, que organizó de su propio bolsillo una de las primeras unidades paramilitares de caballería y sembró el terror a las órdenes del general Queipo de Llano con una inusitada y sádica ferocidad.

De otro, un joven poeta inglés: John Cornford, estudiante en Cambridge, bisnieto de Darwin, comunista, romántico, que se alistó de los primeros en las Brigadas Internacionales convencido de que el conflicto no duraría más que un par de meses y acabaría con el triunfo de la Razón y de la República. Reverte describe sus vidas previas a la batalla con precisión de cirujano. Le interesa –nos interesa– saber por qué y cómo se involucran en la guerra dos almas situadas en las antípodas: el poeta inglés que lee a Wilde y a De Quincey y el torero sevillano crecido entre caballos y reses, a quien su padre le ha dicho: “Un torero es una persona que mata o muere”.

Luego, con la mirada siempre puesta en la participación en el frente de Cornford y del Algabeño, Banderas en la niebla se convierte en una crónica de primer nivel de algunos de los episodios más brutales y menos conocidos de la Guerra Civil: la toma de Sevilla, la represión en los pueblos andaluces, la barbarie de Badajoz, o el desordenado, anárquico avance hasta Madrid del primer grupo británico que combatió en España junto a la República. Son páginas brillantes que narran magistralmente los primeros meses de la guerra desde la situación y la perspectiva de dos combatientes que actúan, piensan y sirven cada uno como paradigma de su propio bando. Finalmente, el destino lleva a Cornford y al Algabeño a una misma batalla, en Lopera, Jaén, donde sucede lo que tiene que suceder, lo que realmente ocurrió.

La casi totalidad de los personajes de esta novela existieron y los sucesos que se narran en la misma tienen la certeza que les confieren los libros de historia. Pero se trata de una novela que mejora la realidad. “He retocado un poco los acontecimientos para que los hechos se acomoden mejor a la realidad y los hombres se parezcan algo más a lo que en su vida fueron”.  Historiadores y escritores, dice Reverte, son complementarios. “Unos y otros –sostiene– nos necesitamos para comprender mejor la vida y el destino humanos”.

El nuevo libro de Javier Reverte, Banderas en la niebla, es una gran obra, una historia real que narra los dramáticos episodios de la guerra con la fidelidad que exigen los hechos, pero que va más allá porque explora extraños misterios del ser humano. Es un magnífico libro, fascinante y poético, que viaja entre ideas y emociones a un territorio de héroes y villanos cegados por la misma niebla. Una niebla que Reverte eleva y convierte en arte, en un tema universal, que se sitúa en la Guerra Civil española, pero que traspasa los siglos y los relatos de muchas otras guerras, y conecta con el primer lugar que los inspiró: las playas de Troya.