Pedro Delgado, ciclista

Leyenda del ciclismo español, valiente e imprevisible, este segoviano de 56 años hizo renacer la afición al ciclismo en los años 80. Ganó un Tour (1988) y dos ediciones de la Vuelta a España (1985 y 1989). Y logró que millones de españoles perdonáramos la siesta para vivir con emoción sus escapadas. Hoy sigue montando en bici y propone rutas cicloturistas por la geografía española.

Javier del Castillo
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Foto: Victoria Iglesias

Llega a la cita, junto al Club de Tenis Chamartín (Madrid), con su último libro bajo el brazo –Las escapadas de Perico. Rutas en bici por España– y con la sonrisa puesta. Ni siquiera se la quita cuando le preguntas si es aficionado a perderse en los viajes, como le ocurriera en la famosa contrarreloj de Luxemburgo en el Tour de 1989, cuando llegó con más de dos minutos y medio de retraso a la rampa de salida. Desde un primer momento, Pedro Delgado insiste en esa relación que tantas veces se establece entre el deporte de los pedales y los viajes. Le gustaría que las 37 rutas que propone en el libro fueran una excusa para que los aficionados al ciclismo se dejaran sorprender por algunos de los rincones más bellos de la Península. De momento, él ya lo ha hecho: “En mi etapa de ciclista profesional tuve la oportunidad de conocer rincones espectaculares, pero no los saboreas como te gustaría. Vas en carrera, estás en pleno esfuerzo, y aun así los ojos se me iban a veces por los paisajes”.

¿El ciclismo, cuando era un adolescente, fue una excusa para hacer excursiones fuera de Segovia?

Pues, ahora que lo dice, yo no salí de Segovia hasta que me apunté a una escuela ciclista con 13 años. Con 14 fui a disputar carreras a Valladolid, Palencia y Salamanca. Me gustaba el ciclismo más que por competir porque me permitía salir de mi ciudad.

Alejandro Valverde decía en esta revista que los paisajes se ven mejor subiendo que bajando un puerto...

En las bajadas no ves nada. Hay un momento que ni siquiera te das cuenta de dónde estás corriendo. Solo ves carreteras, árboles, montañas y un hotel. Yo empecé a disfrutar un poquito más de los paisajes, de las ciudades y de la gastronomía cuando empecé a trabajar de comentarista en TVE. Hay veces que voy en el coche con mi mujer o con amigos y les digo: aquí hay una curva a la derecha, ahora viene un repecho que te mueres...

En el Aiguille du Midi-Mont Blanc (Francia). | Perico Delgado

¿Su primer viaje de placer, sin bici y en plan relajado?

Al acabar la temporada de 1985, Peio Ruiz Cabestany y Valentín Dorronsoro, compañeros míos en el Orbea, me liaron y nos fuimos al Caribe, concretamente a Isla Antigua. A partir de entonces, en los meses de octubre o noviembre hacía un viaje por el mundo. He estado en México, Hawai, Polinesia, China, Japón, Tailandia, Namibia, Kenia...

Además de en Luxemburgo, ¿se ha perdido en algún otro sitio?

¡Ja, ja! Aquello fue un despiste y al final lo recuerdas como una anécdota. Es el pasado. Pero perderme es algo habitual en mí. En una ocasión perdí dos veces en el mismo día un vuelo a Canarias. Una vez porque había sobreventa y otra porque me olvidé la tarjeta de embarque en el coche. El amigo que me había invitado me llamó preocupado y diciendo: pero, ¿de verdad quieres venir? Le dije: sí, lo que pasa es que soy un desastre.

Después de tantas montañas, supongo que le atraerá más la playa.

Pero en octubre o noviembre ya no podía ir a las playas de la Península, aunque sí viajar buscando el calor. También me gusta la montaña. Lo que pasa es que uno tiene más la sensación de estar de vacaciones cuando está tirado en la playa tomando el sol.

¿Qué montañas le han impresionado más?

Las montañas más bonitas son las Dolomitas. También me impresionó el paisaje del Pic de l’Aiguille, en Francia, muy cerca del Mont Blanc. Aprovechamos un día de descanso del Tour y nos fuimos Carlos de Andrés, Carlos Cuesta y yo a Chamonix. Hacía un día precioso y contemplamos las montañas nevadas del Mont Blanc en pleno verano. También me gustó mucho la Capadocia y Pamukkale, en Turquía. Me pareció impresionante.

Perico Delgado

¿Hay algún viaje que le haya dejado una huella especial?

Sí. Un viaje a Namibia en familia, sin saber muy bien lo que nos íbamos a encontrar. Alquilamos un coche y fue para mí una sorpresa de principio a fin. Recorrimos el desierto más extenso del mundo, vimos sitios espectaculares y nunca sabías lo que te podías encontrar. Íbamos con los chavales, que todavía eran pequeños, y ha sido el viaje del que guardo mejor recuerdo. Yo ya había estado en Kenia, Etiopía y Sudáfrica, pero Namibia me dejó impactado, por su fauna, el desierto y el mar.

¿Qué otros lugares le han cautivado?

Me gustó mucho un pueblecito de Francia que se llama Rocamadour. Saint-Malo y Saint Michel también son sitios preciosos. Pero uno de los lugares que más me ha impactado es Benarés, en la India. Después de diez horas de vuelo, llegué a Benarés y me pareció que había retrocedido cuatrocientos años.

Próximas salidas...

La isla de La Palma, que todavía no conozco, y Panamá. Yo soy de la opinión de que no hay ningún sitio feo, simplemente hay que visitarlo y cogerle el encanto.

¿Antes de elegir un destino toma en consideración su gastronomía?

No. Prefiero dejarme sorprender. Viajar es sorprenderte, aunque a veces no sea para bien. Me gusta probar la comida de Tailandia o de Sudáfrica, los platos típicos. No soy tiquismiquis y me da igual lo que coman.

Como segoviano ejerciente, ¿qué le puede sorprender a uno en su ciudad y provincia natal?

Yo aconsejaría a quienes visitan Segovia perderse por las iglesias del casco antiguo, que tienen su historia y que son muy diferentes. Dentro de la provincia, me gusta mucho la zona de las Hoces del río Duratón, con la ermita de San Frutos, y pueblos como Sepúlveda, Pedraza y Maderuelo. Hay que perderse por esos lugares y degustar el cordero asado.

Perico Delgado

¿Qué tal se le da hacer la maleta?

Los que hemos estado en carreras ciclistas importantes lo que mejor se nos da es no deshacerla en los hoteles. Colocamos la ropa de tal manera que uno puede coger lo que necesita sin deshacerla. Se trata de que el tiempo que tardes en esa tarea sea mínimo. Yo siempre empiezo de los pies a la cabeza –calcetines, zapatillas, calzoncillos, pantalones...– para que no se me olvide nada.

¿Es muy exigente con los hoteles?

Me gusta que sean funcionales. Que te den bien de comer, que el ambiente sea agradable y que haya espacio en la habitación para dejar la maleta. Yo he llegado muchas veces al hotel a las ocho de la tarde y me he marchado a las ocho de la mañana. Solo pedía una habitación que estuviera limpia y que no fuera enana.

Usted, que conoce bien Francia, ¿es cierto que el país vecino promociona mejor su oferta turística que nosotros?

Francia, por decirlo de alguna manera, es un país terminado, mientras que España parece un país sin acabar, donde siempre hay obras. Aquí las cosas se hacen más lentamente.

En su libro “Las escapadas de Perico” recomienda rutas en bici. ¿No entraña riesgo montar en bici?

Si te mueves por Madrid, sí, pero eso no ocurre en Berlín y en otras ciudades europeas. Tenemos un problema de educación vial. Las normas de circulación en España no se han hecho pensando en el ciclista. Sin embargo, el ciclismo de carretera o de montaña no creo que entrañe un gran peligro. Hay que moverse, claro está, por sitios tranquilos. En el libro se incluyen rutas para todas las distancias y para todos los gustos. Hay destinos, como las Tablas de Daimiel o las Lagunas de Ruidera, que se pueden hacer yendo desde Madrid por la mañana y volviendo por la noche.

Cuéntenos alguna anécdota de sus viajes.

En una isla de la Polinesia, llamada Huahine, estaba cenando con mi mujer en el hotel y apareció Miguel Indurain con la suya. No me lo podía creer. Coincidimos en las vacaciones en el mismo sitio sin haber hablado antes entre nosotros.