Paco Buyo, ex jugador del Real Madrid

El fútbol sigue siendo una de las grandes pasiones del que fuera portero indiscutible del Real Madrid entre los años 1986 y 1996. Como lo sigue siendo su tierra, Galicia, las ciudades de Sevilla y Madrid o los amigos que compartieron con él éxitos deportivos y viajes por medio mundo. A sus 59 años, Paco Buyo hoy ejerce como comentarista en Mega.

Javier del Castillo
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Foto: Victoria Iglesias

A pesar de los años, se mantiene en buena forma y transmite la misma vitalidad que mostraba en los campos de fútbol. Tiene la agenda llena de compromisos, derivados de su actividad empresarial –es socio de la empresa Experiencia y Ahorro– y nos emplaza para quedar a la vuelta de un viaje de negocios por tierras murcianas. Aunque recibe ofertas para entrenar a equipos de categorías inferiores, Paco Buyo prefiere seguir el fútbol sentado en la grada o desde la posición de comentarista, sin dejar de colaborar en la Asociación de Exjugadores del Real Madrid, que presta ayuda a compañeros veteranos. Además, cualquier excusa es buena para ir a su pueblo, Betanzos, y darse una vuelta por A Coruña.

¿Cuál es el primer viaje que recuerda?

Un viaje con mis padres a Vigo, del que guardo una vaga noción. En realidad, mi primer viaje en serio, con tan solo 16 años, fue a Palma de Mallorca, para jugar en el equipo de la capital balear, que acababa de descender a Segunda B.

Tampoco era mal destino.

Bueno, pero suponía un cambio importante en mi vida. Estuve un año en Mallorca, en un momento en el que el club tenía muchas dificultades, y aquello me sirvió de experiencia. Cuando viajas te das cuenta de que lo tuyo no es lo único que existe. Tenemos un país maravilloso, por la gente, la gastronomía y el clima, pero yo he tenido la fortuna de conocer muchos lugares del mundo y me he dado cuenta de que se puede aprender mucho de otras culturas, de otras gentes que tienen diferentes formas de vida.

Después de Mallorca, vino a Coruña y unos años después a Sevilla. ¿Qué opinión tiene de estas dos últimas ciudades?

Coruña es una ciudad apasionante,  que hace honor a su lema: La ciudad en la que nadie es forastero. Tiene un gran ambiente, la gente es muy amable y encima está el mar. Las vacaciones familiares las repartimos habitualmente entre Mallorca y A Coruña. De Sevilla, ¿qué quiere que le diga? Yo llegaba del norte, con un clima y un paisaje muy distinto, y me encontré con un calor tremendo, con otra cultura, con otra gastronomía y con la alegría de la gente. El Sol la hacía muy diferente a lo que yo había vivido hasta entonces.

¿Algún rincón especialmente querido de la capital andaluza?

Como dice la canción, Sevilla tiene un color especial. Me encanta la Plaza de España, el Parque de María Luisa y los barrios de Santa Cruz y Triana. También recuerdo el olor a jazmín y los bailes por sevillanas.

¿Qué tal se le daban las sevillanas?

Me costó un poco, pero al final aprendí a bailarlas. Tengo todavía muchos amigos en Sevilla, como Pablo Blanco o Juan Carlos, que jugaron conmigo, y otra gente a la que guardo un cariño especial. Llevo una larga temporada sin ir a verlos, pero en cuanto pueda me hago una escapada.

La vida del futbolista de élite va ligada a giras y concentraciones. ¿Queda tiempo para conocer y patear las ciudades?

Solo cuando nos hospedábamos en lugares céntricos y te dejaban dar un paseo antes de los partidos. En los partidos de Copa de Europa había más tiempo para ver cosas. Recuerdo que una vez, estando en Moscú, nos recomendaron ir a conocer el Metro y nos perdimos. Sufrimos mucho para regresar a la Plaza Roja. En mi época de jugador, Moscú estaba lleno de militares, pero cuando volví después de retirarme del fútbol en aquellos cuarteles habían instalado una gran tienda de Zara.

Paco Buy

Me decía al inicio de la entrevista que conoce casi todas las grandes ciudades europeas. ¿Con cuál se quedaría?

Quizás con Roma, aunque también hay ciudades maravillosas como Budapest o Viena. Esta última la conozco muy bien, pues estuve viviendo cerca de un mes en ella, durante la Eurocopa de 2008, trabajando de comentarista para la cadena Al Yazira. Me alojaba en un apartotel del centro de la ciudad, a cinco minutos de la catedral. Viena es una ciudad que me la he pateado bien y que me encanta.

¿Qué impresión le causó Madrid cuando fichó por el equipo blanco?

Ya conocía la ciudad, porque la había visitado siendo jugador del Depor y luego del Sevilla, pero la primera impresión que se me quedó grabada fue la del Paseo de la Castellana. La Castellana siempre ha sido algo especial. La Plaza Mayor y El Retiro son los otros dos lugares que más me han cautivado de Madrid.

¿Dónde suele ir de vacaciones?

Mallorca y A Coruña. El año que estuve jugando en el Mallorca hice amistad con Amador Cortés, un futbolista de Betanzos que había sido jugador del Atlético de Madrid, del Deportivo y del Sporting de Braga, y que al retirarse montó un restaurante allí, que se llamaba Casa Gallega. Comía allí todos los días. Luego, con el paso de los años, fue obligatorio ir de vacaciones a Mallorca y comer en Casa Gallega. Amador falleció hace unos años y ahora vamos menos. Donde no fallamos es a la cita en A Coruña, Betanzos y la Playa a Miño, que está muy cerca.

En su etapa de jugador, el fútbol no tenía la repercusión mediática que tiene ahora…

La comercialización era menor, pero ya hacíamos giras por todo el mundo. El Real Madrid ha sido durante muchos años el gran embajador de España en el exterior. Yo recuerdo haber visitado casi todo Iberoamérica, Chile, Argentina, Perú, Uruguay, Paraguay y Ecuador; como recuerdo haber visitado Estados Unidos y encontrarme con gente que me reconocía por la calle. También conozco Túnez, donde jugué el Mundial Juvenil con la selección española, Argelia y Marruecos.

¿Qué país le ha llamado más la atención?

Me gustó mucho Italia. También Francia y los países de Centroeuropa, especialmente Hungría, Austria y la República Checa, que son los que mejor conozco, con ciudades espectaculares: Budapest, Viena y Praga.

Paco Buyo

¿Trae a casa recuerdos de los lugares que visita?

Siempre compro algo, pero no soy de coleccionar llaveros ni imanes para la nevera. En algún viaje a Rusia compré las típicas matrioskas. Había viajes en los que ni siquiera nos hacíamos fotos. En Túnez, con el doctor Guillén, llevamos una cámara muy buena, nos dedicamos a hacer fotos y después nos dimos cuenta de que no tenía carrete. Eran otros tiempos.

¿El puesto de portero entraña demasiada responsabilidad?

Yo siempre digo que es una profesión de riesgo. Hay que tener una gran concentración, dotes de mando para dar órdenes a tus compañeros y mucha personalidad. Toda la atención, cuando las cosas van mal, se focaliza en el portero.

Usted puede presumir de conocer bien grandes ciudades españolas, pero no sé si puede decir lo mismo de la España rural.

A mí me gusta perderme y conocer pueblos que tienen un encanto extraordinario. Los ingleses y alemanes vienen buscando las playas de Baleares, del Levante o de Andalucía, pero España tiene lugares maravillosos por descubrir, pueblos con un encanto tremendo. De todas formas, cada vez me encuentro con más extranjeros por el interior de Galicia. Con el GPS llegas a todas partes.

Y luego están los peregrinos que hacen el Camino de Santiago…

El Camino de Santiago es un buen pretexto para conocer Galicia. Yo soy un gran embajador de Santiago y a todo el mundo le recomiendo que haga el Camino, pero, curiosamente, yo nunca lo he hecho. Tengo compañeros que quieren hacerlo y lo haremos en cuanto encontremos el momento.