El nuevo museo de la Segunda Guerra Mundial, radiografía del horror

Escalofriante y angustioso pero al mismo tiempo didáctico y esclarecedor, este recién inaugurado centro en la ciudad polaca de Gdansk es una lección de historia que nunca debemos olvidar.

Noelia Ferreiro
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Foto: Cristina Candel

Apenas tiene dos meses y ya ha sido encumbrado como uno de los museos más innovadores de Europa y una de las muestras más completas y significativas sobre la Segunda Guerra Mundial. Porque si bien existen otros centros que versan sobre esta temática, ninguno tan original, tan didáctico… y tan desgarrador como este que ha abierto sus puertas en la ciudad polaca de Gdanks, de la que ya es todo un emblema.

Como un bálsamo para cerrar cicatrices, hacía falta un lugar así. Y hacía falta en la ciudad que fue un punto estratégico para Hitler y donde las fuerzas de la Alemania nazi se toparon por primera vez con la resistencia activa. La batalla de Westerplatte y la defensa de la oficina de correos fueron determinantes para el estallido de la contienda más cruenta de los tiempos modernos. Hoy, muy cerca de estos rincones, el museo propicia una lección de historia para no caer en el olvido.

Cristina Candel

Más de cinco mil metros cuadrados de superficie sirven para acoger hasta 200 muestras y cerca de 250 instalaciones multimedia que recrean el horror de la guerra en lo que supone una novedad respecto a otros centros: mientras el resto mantiene un punto de vista exclusivamente nacional, el de Gdansk resulta único, puesto que es el primero que sitúa la experiencia polaca en un contexto internacional e involucra con ello las historias de todas las naciones afectadas.

Emplazado junto al río Motława, cerca del casco histórico y del Centro de Solidaridad Europea, otro hito del devenir del país (el nacimiento de los sindicatos de Lech Wallesa que marcaron la caída del comunismo y el camino hacia la libertad) ya el propio edificio es un alarde de originalidad: una torre asimétrica de 40 metros de altura y una estructura de cristal que, con su reflejo del cielo, simboliza la mirada hacia el futuro. Pero además, su color rojizo es un guiño a las iglesias góticas de ladrillo que salpican la ciudad.

Cristina Candel

Dentro, el corazón del museo de la Segunda Guerra Mundial se refugia bajo tierra, Exactamente sumergido a 14 metros, con un interiorismo concebido de manera angustiosa (luces y sombras, espacios que se estrechan…) para que el alma se encoja más si cabe. Así se retrata la tragedia, las raíces y las consecuencias, los perpetradores y las víctimas, los héroes y la gente común. Sobre todo la gente común porque es a ésta, la que más sufrió durante la contienda, a la que se quiere colocar en el recuerdo.

Estructurado en tres bloques narrativos, la exposición permanente arranca con “El camino a la guerra”, dedicado al origen del acontecimiento más oscuro del siglo XX. Después, en “Los horrores de la guerra” exhibe la vida cotidiana de personas de distintas nacionalidades, religiones y etnias, unidas bajo el sello común del terror. Y termina con “La sombra de la guerra”, donde muestra las duraderas implicaciones de estos hechos, especialmente en la Europa del Este.

Cristina Candel

El museo, que es el resultado de varios años de trabajo de historiadores, arquitectos, escenógrafos, ingenieros... incluye armamentos, uniformes y hasta tres carros de combate (estadounidense, soviético y nazi), además de incontable documentación y material interesante. Y también recuerdos (botas, maletas, un osito de peluche o un vestido de novia cosido en un paracaídas…) donados por aquellos que experimentaron en primera persona el infierno, por los hijos de las víctimas y por los héroes de guerra. Todo ello combinado con modernas instalaciones y paneles multimedia interactivos que recrean la infamia del hombre en lo que fueron los más atroces crímenes contra la humanidad.

Unos 400.000 visitantes espera recibir al año el flamante museo de la Segunda Guerra Mundial, que también consta de una sala de conferencias para albergar debates y conferencias, así como de un cine con capacidad para 115 personas dedicado a proyecciones de películas y reseñas temáticas. Y una bonita y novedosa iniciativa es la parte dedicada a los niños para que, con mucha delicadeza, entiendan y disfruten el museo. Para que ellos tampoco olviden lo que nunca jamás debe volver a suceder.