Entrevista a Fernando Trueba, director de cine

Premio Nacional de Cinematografía 2015 y ganador de un Oscar por “Belle Époque”, acaba de estrenar “La Reina de España”, la segunda parte de “La niña de tus ojos”, rodada en Budapest y en la sierra de Madrid. Al realizador le encanta viajar, descubrir escenarios, conocer culturas y refugiarse en hoteles de ciudades europeas o americanas para preparar sus películas.

Javier del Castillo
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Foto: Victoria Iglesias

Pese a ser uno de los directores de cine que más películas ha rodado fuera de España, Fernando Trueba no renuncia a ciertos hábitos, ni a compromisos adquiridos con su propia historia personal. Sigue viviendo en la misma vivienda de siempre –con un pequeño patio y un estudio independiente de ella–, confiesa que le encanta irse de casa, pero también reconoce que “solo hay una cosa que me encanta más: volver luego a ella”. A sus 61 años, el reconocido y premiado realizador puede presumir de haber viajado por casi todo el mundo, salvo por el continente africano, y de haber rodado en escenarios de una gran belleza natural, como Ponte de Lima, cerca de Viana do Castelo, en Portugal (La niña de tus ojos), o en ciudades tan cautivadoras como Praga y Budapest.

¿Cómo resumiría su relación con el mundo de los viajes?
Yo no soy nada turista. Jamás iría a un sitio para verlo. Sin embargo, soy un gran viajero. He rodado por todo el mundo: dos películas en Portugal, una en Francia, otra en Miami, una en Nueva York... He rodado en Brasil, en Cuba, en Chile, en Praga y la última (La Reina de España) en Budapest. Es muy interesante ir a los sitios con algo que hacer, porque es como los conoces de verdad. Cuando uno va de turista, parece que está obligado a hacer la foto del sitio para dejar constancia de que ha estado allí.

Sus viajes, entonces, vienen bastante marcados por las localizaciones para los rodajes.
Claro. Para la última película necesitábamos encontrar unos estudios de cine de los años 50, que en Madrid ya no existen. Empezamos viajando a Buenos Aires, pero los terminamos encontrando en Budapest. Como el músico de la película es polaco, grabamos la música con la Sinfónica de Varsovia e hicimos las mezclas en su estudio de Cracovia. El técnico de sonido es suizo y tiene el estudio en un pueblecito cercano al lago Leman… Pues allí que me fui.

No cabe duda de que es una buena excusa para viajar.
Y conoces a la gente. Localizando por Budapest visitas los barrios; en cada barrio te toca una cosa, comes o cenas por allí, y acabas conociendo mejor esa ciudad y también sus alrededores. Mejor que si vas solo a ver el museo, la plaza, la vieja sinagoga y el no sé qué.

¿Alguna ciudad que le haya cautivado especialmente?
Cada ciudad es como una persona distinta. Tiene su propio olor, un olor peculiar, y sus propios colores... No tienes la misma relación con París, Nueva York o Londres. Hay ciudades que me gustan mucho, y San Francisco es una de ellas. También me gusta mucho Melbourne. La propia Ginebra, en la que estuve hace poco, es un sitio ideal para caminar y cruzar el lago Leman veinte veces. Pero, si me preguntas por una ciudad para quedarme a vivir, elegiría Río de Janeiro.

¿Por alguna razón especial?
Tiene una cosa muy bonita: unos barrios tan bien delimitados y tan diferentes. No es lo mismo Lagoa que Botafogo de Leblon. La ciudad tiene un algo que me gusta mucho, pero no iría jamás a Río en carnaval. Me pasa lo mismo en Madrid. Es muy bonito pensar que la gente sale a la calle, que se divierte, pero a mí me agobia. Prefiero estar sentado con los amigos, tomándome unas cañas.

¿Qué busca en una ciudad, además de la belleza o la cultura?
A mí me gusta ir a ciudades donde tengo amigos. Mis ciudades favoritas siempre están relacionadas con esa circunstancia. Sabes que vas a ir a París o Nueva York y vas a llamar a ese amigo para irte a cenar con él. Cuando pierdes a algún amigo de esas ciudades, sientes que se ha quedado vacía, aunque esté llena de gente.

VIAJAR

¿Es partidario de volver a los sitios ya conocidos?
Hay sitios a los que te unen amistades o relaciones y siempre te gusta volver. En Brasil, por ejemplo, tenemos amigos y siempre nos encanta volver. Yo tengo amigos en Cuba, en Chile, en Argentina... Por todas partes.

¿Cuál fue su “ópera prima” viajera, la primera escapada infantil?
Mis padres no tenían dinero para llevarnos a la playa y nos íbamos en tienda de campaña a la sierra de Madrid. Como somos ocho hermanos, imagínate lo que era eso. Acampábamos en la zona del río Cofio, cerca de Santa María de la Alameda. Mi madre cocinaba en el fuego y lavaba la ropa en el río. La primera vez que escuché la palabra “vacaciones” tenía 6 años y le pregunté a mi padre qué era eso de las vacaciones. Él me dijo que había gente que en el verano se iba a otro sitio. Nosotros seguíamos yendo a la sierra en tienda de campaña, hasta que mi padre compró unos metros de terreno y en Semana Santa empezamos a cavar y a descargar camiones de cemento y ladrillo. Todavía me duele la espalda de descargar ladrillos.

¿Cuándo tuvo lugar su primer viaje al exterior?
A los 16 años, cuando estuve vendimiando en Francia.

Tiene usted fama de ser muy meticuloso a la hora de elegir localizaciones.
Me puedo tirar meses buscando sitios. Para El año de las luces, que finalmente rodamos en el norte de Portugal, estuvimos seis meses buscando el lugar más adecuado. Miramos por las provincias de Madrid y Segovia y acabamos yendo al País Vasco, Baleares, Cantabria, Galicia... Hubo alguien que nos dijo que miráramos en Sintra (Portugal) y al final acabamos en Ponte de Lima, que está lleno de casas antiguas, con huerto y jardín. Gracias a esta película conocí todos los sitios de España que no conocía. La verdad es que este país tiene lugares increíbles en todas partes.

Sin embargo, no siempre bien valorados y conocidos.
Efectivamente, España tiene mucho por descubrir, antes de irse uno tan lejos. Pero me parece legítimo que alguien quiera hacer esos viajes a lugares lejanos, en vez de visitar La Garganta de la Olla, en Cáceres, que es preciosa.

¿Hasta qué punto los viajes le ofrecen ideas para sus películas?
A mí siempre me ha gustado ir a los hoteles y a sitios tranquilos para escribir los guiones. El hotel es una disciplina, como tu celda, y por la noche te puedes ir al cine o a cenar. Además, es muy bonito escribir en otra ciudad, sin que te distraiga la vida cotidiana y la vida familiar. Billy Wilder decía: “Nunca ruedes una película en un sitio donde no puedas darte un baño caliente y leer ‘The New York Times”. Esta declaración la suscribo, como tantas de él.

¿Su medio de transporte favorito?
Sin duda, el tren. Vas leyendo, te echas la siesta... Es una calidad de vida superior. En el avión eres una especie de sardina en lata.

¿Le hubiera gustado vivir en otra época? ¿En cuál?
Tengo un grandísimo amor por el siglo XVIII, la época de los grandes filósofos y la época de la Revolución Francesa. Pero eso no quiere decir que fuéramos a vivir mejor que en el Madrid de ahora. Además, aquí todavía no tenemos guillotina, gracias a Dios.

¿Conoce los países asiáticos?
Muy poco. Hace un par de años viajé a Tokio, porque me invitaron al estreno allí de El artista y la modelo. Antes tenía que ir a Seattle (Estados Unidos). Así que hice Madrid-Nueva York-Seattle, donde estuve unos días, y desde esta última ciudad a Tokio, para volver luego a Madrid. En diez días di la vuelta al mundo.

¿Podría recordar alguna peripecia viajera?
La víspera de los atentados de las Torres Gemelas estaba en Nueva York y decidí adelantar un vuelo que tenía a Los Ángeles. Cuando me desperté en Los Ángeles me llamó mi mujer muy nerviosa y no sabía de qué me estaba hablando.

¿Un viaje por hacer?
Quebec. Lo tengo idealizado por el cine canadiense de los años 60 y 70. Esto demuestra lo importante que es el cine para que un país se conozca y la gente desee visitarlo.