Dormir sobre los restos arqueológicos de Madrid

En pleno centro de la ciudad, las ruinas de la muralla cristiana, inspiran a soñar con el Madrid más antiguo y profundo.

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Foto: ISTOCK

La Comunidad de Madrid, como otros muchos rincones de la península, esconde grandes tesoros arqueológicos en forma de murallas, torreones y castillos medievales. En este sentido la propia Madrid no iba a ser menos. Y es que la capital posee centenares de yacimientos de gran valor paisajístico e histórico.

Entre ellos destacan las ruinas de una muralla cristiana, de nueve siglos de historia y declaradas Monumento Histórico-Artístico en el año 1954. Con un perímetro de unos 2.000 metros y una extensión de 35 hectáreas, la muralla cristiana de Madrid, era una de las principales fortalezas de la ciudad. Fue edificada entre los siglos XI y XII y contaba con cuatro puertas, ahora inexistentes: Puerta de Guadalajara, Puerta de Moros, Puerta Cerrada y Puerta de Valnadú.

Para conocer el resto de las ruinas de la muralla cristiana hay que trasladarse hasta la calle de los Mancebos, la de Don Pedro, la del Espejo, la de Mesón de Paños y la de Cava Baja, así como la Plaza Isabel II o la Plaza Puerta Cerrada, y el aparcamiento subterráneo de la Plaza de Oriente.

La Posada del Dragón

Otra de las maneras es conocerla a través de los restos que se conservan integrados en la estructura de diversos edificios del Madrid de los Austrias. Uno de los más sorprendentes se encuentra entre la Plaza Mayor y la Puerta de Toledo, en La Posada del Dragón. Este pequeño hotel-boutique de 27 habitaciones está encima de uno de los tramos mejor conservados de la muralla, permitiendo al huésped viajar en el tiempo y conocer los cimientos de la ciudad sin salir de la cama. De hecho, en torno a una antigua corrala se encuentra una de sus habitaciones más demandadas. Con el suelo acristalado y de estilo moderno en tonos vivos, este cuarto -disponible a partir de 80 euros- te permitirá meterte en la piel de un autentico explorador.

El edificio en el que se ubica este hotel data del siglo XVI, cuando nació en forma de alhóndiga, un granero municipal en el que se almacenaba el pan y se regula su distribución y venta. Propiedad de la Villa de Madrid en época de los Reyes Católicos, en 1868 el Marqués de Cubas lo convirtió en casa de huéspedes dotándole de la estructura típica de los edificios madrileños del siglo XIX: una corrala. Demolido y reconstruido en 1910, continuó con su función de alojamiento hasta que años después las compañías de postas y diligencias establecieron las paradas de sus carruajes, y más tarde, de autobuses, en este edificio. Hoy ha recuperado su función de hospedaje bajo el nombre de la Posada del Dragón, nombre tomado del dragón que adornaba la Puerta de Moros.