Playas de una belleza pristine, casi intacta, o calas recónditas a las que sólo se accede embarcándose en una estilizada goleta. Ese es el escenario que ofrece el litoral turco, desde Mármara hasta el Mediterráneo, pasando por el Egeo y el Mar Negro. Un viaje a la libertad por escenarios llenos de luz y plenos de emociones que invitan a zambullirse y disfrutar del sol en una paleta de azules y turquesas imposibles.

Ciudad sumergida de Dolchite.
Turquía disfruta de más de 8.330 kilómetros de costas bañadas por tres mares: el Egeo, el de Mármara y el Mediterráneo. Su oferta de playas es difícil de igualar.
Las joyas de Marmaris
Marmaris sigue siendo el mejor punto de partida para toparse con algunos de los rincones marinos más alucinantes de Turquía, como la aislada caleta de Turunç y la playa de Içmeler. Volteando la brújula hacia el oeste de Marmaris, las penínsulas de Resadiye y de Hisarönü son uno de esos enclaves en los que naturaleza e historia se dan cita de un modo casi literario: una inmejorable alternativa es alternar la visita a las ruinas de la antigua ciudad de Loryma o de Cnido, cuna del escultor Praxíteles, con refrescantes baños en las cercanas bahías. Para bucear, nada como la playa de arena gris del pueblo de Akyaka.

Playas de Kaputas.
Chapuzones en ll Mar Negro
Una coordenada ineludible es el puerto natural de Sinop, cuya playa, idónea para el submarinismo, es una de las preferidas del turismo interior. Llegar hasta Sinop desde Amasra supone, en sí mismo, un recorrido que atesora una retahíla de calitas y playas que invitan a un baño. Entre estas destacan la playa de Bozköy, al oeste de Çakraz, o el espléndido arenal que se desparrama durante kilómetros hasta las poblaciones de Kumluca y Cide.
Un sueño turquesa
Entre Fethiye y Kas se desparrama la imagen más clásica de la Costa Turquesa, un espectáculo costero trufado de playas magníficas como las de Ölüdeniz, Patara o Kabak. Entre los tesoros del litoral más oriental del mediterráneo turco destaca la playa de Iztuzu, a una docena de kilómetros de Dalyan. Esta espectacular lengua de arena no es sólo la favorita de bañistas y apasionados del snorkel sino que también es el lugar preferido de las tortugas bobas (
Caretta caretta) para desovar. Una vez los turistas han abandonado las tumbonas y las sombrillas, las tortugas recalan en sus inmediaciones para, cada noche entre los meses de mayo y septiembre, depositar sus huevos en la arena. Pero es Fethiye desde donde partir en dirección a otras de las coordenadas playeras, como Ölüdeniz, con tres playas con personalidad propia, como la de Belcekiz. Aunque es la playa de Patara la que acapara todos los superlativos.
Sur del Egeo: todo un clásico
Si hay una imagen arquetípica del litoral egeo, ésa es la franja costera que antaño ocupó la antigua Jonia, una sucesión de playas y ruinas de ciudades clásicas como éfeso, Dídima, Mileto o Priene. Y es que al sur de la actual Izmir se arraciman algunas de las que antaño fueron crisol de las artes y las ciencias de la civilización occidental, un lugar idóneo para disfrutar de sus playas y calas. Así, Dídima, además de unas espectaculares ruinas del templo de Apolo, también cuenta con la preciosa y animada playa de arena dorada de Altinkum. En los alrededores de éfeso se encuentra la playa de Pamucak, un arenal perfecto de aguas cristalinas. No muy lejos, a una veintena de kilómetros de Selçuk, dos de los destinos playeros por excelencia del sur del Egeo: las playas de Kusadasi y de las Damas (Kadinlar Denizi), a dos kilómetros de la ciudad. Al sur de Kusadasi, otro de los rincones costeros ineludibles es la península de Dilek. Aquí se encuentran Içmeler Koyu, una cala protegida, la playa de Kavakli Burun y la de Aydinlik.
En el olimpo turco
A tenor de su belleza, del turquesa y azul intenso de sus aguas, la playa de Olimpos bien pudiera haber servido de morada para las deidades. Esta magnífica playa se encuentra a un paso de la antigua ciudad, fundada en el siglo III a.C. A un paso de Olimpos se encuentran dos playas idílicas del litoral turco, la de Çirali y la de Adrasan. La primera fue, hasta el año 78 a.C., una de las bases de los piratas cilicios. Por su parte, Adrasan, a una decena de kilómetros al sur de Olimpos, es el espejo al que se asuma esta minúscula y poco conocida localidad de veraneo. Como epílogo, nada como recorrer sin prisas los alrededores de Antalya, el corazón del sofisticado reino de Panfilia y sinónimo de aguas transparentes y glaucas. Sobresalen playas como la de Side almorzar pescado frito en sus chiringuitos es un colofón sublime y las de Alanya.

Playa de Konyaalti, en Antalya, centro turístico de la costa mediterránea.
Digna de Cleopatra
Que por amor es posible hacer cualquier cosa lo demuestra la leyenda que atesora la hermosa Sedir Adasi, la conocida como
isla de Cleopatra, una ínsula engastada en el golfo de Gökova, al norte de Marmaris. Según la tradición, la blanca arena de una de sus calas fue traída directamente por Marco Antonio desde Egipto para disfrute de Cleopatra, su amante. La verdad es más prosaica: el lecho marino, muy rico en carbonatos, es lo que otorga la apariencia perlada del arenal, un prodigio geológico que las autoridades se esfuerzan en proteger al prohibir llevarse muestras de arena.
Dos islas, un destino
Gökçeada y de Bozcaada, además de ser las dos únicas islas turcas del Egeo que están habitadas, son uno de los secretos mejor guardado de los buscadores de playas de ensueño. Con apenas 13 kilómetros de norte a sur y 30 de este a oeste, Gökçeada, la
isla del Viento, custodia del acceso a los Dardanelos. Para disfrutar con total libertad de sus playas, lo mejor es hacerlo a bordo de una goleta. Por su parte, Bozcaada, la antigua Tenedos, famosa por sus vinos, es como un pequeño cofre del tesoro varado en el Egeo. Los ferries parten del puerto de Yükyeri ískelesi, al sur de Troya.