CARTA DEL DIRECTOR
El otro lado del Mediterráneo
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Durante más de cinco mil años la suerte del Mediterráneo se ha decidido aquí: en las playas de Troya, las escuelas de Pérgamo, los templos de Efeso y los bazares de Estambul. Aquiles besó este suelo, que también cruzaron San Pablo, Alejandro Magno, Saladino y Tales, quien se dice que creó su teorema mirando al cielo o al azul del mar.

Los barcos y las caravanas arribaban a Estambul cargados de sedas, ideas y condimentos, que luego otras naves y carretas llevaban hasta Zaragoza, Venecia, Génova, París o Salamanca. Aquí se alza Santa Sofía, cuya cúpula se construyó con ladrillos ligeros como el aire y grabados con una oración que pide a Dios en latín que no se caiga jamás el templo más bello del mundo.

Luego, el gran Sinán lograría ir más allá en su colección de obras maestras que expresan lo inexpresable: la armonía, la paz, la imagen exacta de los jardines del paraíso. A todos los prodigios de Turquía, hay que añadir aquellos que hablan en español, mejor dicho en judeo español o “ladino” que es la lengua utilizada por los descendientes de los españoles judíos que fueron expulsados por los Reyes Católicos en 1492. Cada mes se publica en Estambul El Amaneser, escrito en judeo español, una lengua anclada en la que se hablaba en la España de Fernando e Isabel, Boabdil y Colón; en la “España” que en hebreo se decía y se dice “Sefarad”.

En Estambul, hablé con Karen Gerson, directora del periódico El Amaneser, que tiene como lema, junto a la mancheta, “kuando mucho eskurese es para amaneser”, un proverbio español de hace cinco siglos que parece pensado para estos tiempos de crisis. Karen me habló de su diario, donde caben poemas –“kurtos o largos”–anécdotas, recetas de cocina, clases de alfabeto rashi, crónicas sociales y “artíkolos seriozos”. Karen habla español –como sus padres, como sus abuelos– y vive en Estambul. Cada mañana tiene la suerte de ver el perfil de minaretes y arcos de plomo que se entrecruzan con los tres mares. Edmundo D’Amicis dijo que “entrar en Estambul (por el Mar de Mármara) era un magnífico momento en la vida de un hombre”. Comprobarlo es fácil. Turquía está ahí, en la siguiente playa, al otro lado del mismo mar, el Mediterráneo.


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