La ruta del Barroco cordobés

Priego de Córdoba, Cabra y Lucena conforman un triángulo donde este estilo dramático dejó su rastro en pleno corazón de Andalucía

Noelia Ferreiro
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Foto: Prisma by Dukas Presseagentur GmbH / ALAMY

Son tres bonitos pueblos perdidos en los pliegues de la Sierra Subbética, entre campos alfombrados de olivares y remotos picos de roca caliza. Tres inmaculados caseríos, soleados, floridos, con mucho duende, como manda la esencia andaluza. Pero son sobre todo la más bella muestra del Barroco, ese arte que llegó con el esplendor del siglo XVIII y arraigó con fuerza por estas tierras de intenso fervor religioso.

Priego de Córdoba, Cabra y Lucena, en el mismo centro geográfico del sur, forman el triángulo del Barroco cordobés, una explosión de auténticas joyas monumentales con rasgos exuberantes: templos recubiertos de decoración, líneas rectas quebradas, columnas que se retuercen, capillas y retablos que se invaden de luz y color. Recorrer estas tres localidades -cuya Semana Santa, además, está declarada de Interés Turístico-, es darse un auténtico baño de arte, aderezado con una gastronomía exquisita que presume de un aceite único.

Calle Río en Priego de Córdoba. | a-plus image bank / ALAMY

La ruta comienza en Priego, el que para muchos es el pueblo con mayor encanto de la provincia. Un entramado blanquísimo que está encaramado a una loma, desde la que se otea la sierra andaluza. Especialmente en el Balcón del Aldarve, donde se obtiene una panorámica espectacular que merece degustarse con tiempo. Después, todo será perderse, dar vueltas y revueltas por las callejuelas del Barrio de la Villa, entre balcones adornados de geranios y el aroma a puchero que sale de sus casas.

En Priego, que anda sobrado de casonas, mansiones y palacios, de iglesias y de conventos, se esconde el más valioso patrimonio barroco del sur español. Su mejor muestra: la Iglesia de la Asunción, cuya belleza explota en la capilla del Sagrario, que marcó un antes y un después en este estilo. Un conjunto de yesería donde la luz de la mañana potencia el más sutil juego de curvas y relieves.

Interior de la Iglesia de la Asunción de Priego de Córdoba. | Bildarchiv Monheim GmbH / ALAMY

La Ermita de la Aurora y las iglesias de San Pedro, San Juan de Dios y las Angustias completan un repertorio barroco que también está presente en las casas señoriales que flaquean la calle Río. Pero tampoco hay que perderse el castillo árabe, las Carnicerías Reales y la Fuente del Rey compuesta por esculturas mitológicas, todo un bello capricho manierista.

Castillo de los Condes de Cabra. | a-plus image bank / ALAMY

A la siguiente parada, Cabra, se la conoce por debatir literalmente su existencia entre la montaña y la huerta (son famosos sus cultivos en el mismo centro de la ciudad). Aquí también el Barroco dejó su preciosismo en las parroquias de los Remedios y de Santo Domingo; en las iglesias de San Juan Bautista, de las Agustinas, de las Escolapias… Pero sobre todo, en el bello conjunto de Asunción y Ángeles, que está construido sobre una mezquita y conserva sus columnas de mármol rojo. Es una visita obligada, como también lo es un paseo por el Barrio del Cerro y un recorrido posterior por el castillo de los Condes de Cabra. Y si quedan ánimos, se puede subir al macizo de los alrededores para admirar la ermita donde descansa su querida patrona: la Virgen de la Sierra.

Palacio de los Condes de Santa Ana en Lucena. | Jose Lucas / ALAMY

Falta el tercer vértice, Lucena, donde el Barroco alcanza un nuevo hito: el imponente sagrario de San Mateo, en la parroquia del mismo nombre. Una representación del cielo cargada de simbología en la que está considerada la catedral de la Subbética. Es el culmen de este arte en la localidad, pero no su única representación. Porque también se luce genuino en una miríada de iglesias (San Martín, San Juan Bautista, los Franciscanos…), en el palacio de los Condes de Santa Ana y en el santuario de María Santísima de Araceli, que corona la sierra de Aras.