Rincones selectos de la Selva de Irati

Contemplar los colores del otoño en la Selva de Irati es uno de los principales reclamos turísticos del Pirineo navarro. Una ecléctica oferta hotelera sirve de punto de partida para adentrarse en este magnífico bosque de hayas y abetos que invita a la melancolía y a la ensoñación.

Pablo Fernández
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Foto: Álvaro Arriba

Los amantes de lo políticamente correcto reiteran que el tamaño no importa. Aceptándolo como premisa, tampoco está de más tener en cuenta las dimensiones. Simplemente como un mero dato estadístico. La espectacular masa forestal de la Selva de Irati, por ejemplo, supera las 17.000 hectáreas de extensión. Está considerado como el segundo hayedo abetal de Europa, tan solo superado por la Selva Negra en Alemania. Tras el equinoccio de otoño, la selva refulge especialmente. Diferentes gamas de verde y marrón coronan las copas de las imponentes hayas, que llegan hasta los 60 metros de altura. Un paisaje impresionista que, en la espesura del bosque, se convierte en romanticismo bucólico. Un paraje que exalta el espíritu a través de la naturaleza.

Uriz no figura en los GPS. Al menos en todos. Esta localidad navarra se encuentra localizada en la carretera comarcal NA-172, que transcurre por el Valle de Arce, municipio del prepirineo. Tras atravesar Nagore, la calzada se sitúa en paralelo al río Urrobi. El conductor debe mantener la concentración para no distraerse con las hermosas vistas. Al tomar una ligera curva, el coche deja de lado un par de casas. STOP. Esto es Uriz.

Entre los nueve vecinos del pueblo se encuentran los propietarios de Torre de Uriz. Este hotel de tres estrellas, que merece probablemente alguna más, lleva abierto tan solo un año. El alojamiento consta de dos pequeños edificios conectados: una antigua casona y una torre defensiva medieval (que recibe su nombre de Rodrigo de Uriz, caballero del monarca Carlos II de Navarra). Considerado bien de interés cultural, el hotel ha sido rehabilitado con gusto respetando la estructura original. Uno de sus grandes aciertos decorativos es apostar por la modernidad sin renunciar al carácter rural. El empleo de la piedra y la madera como elementos constructivos resulta fundamental para aportar calidez. Un ejemplo de esta acertada relación: el visitante puede leer un libro acomodado en uno de los sofás de diseño del salón, mientras escucha el crepitar proveniente de la chimenea. Eso sí, la chimenea se enciende con un mando electrónico.

Entre las seis habitaciones del hotel destaca especialmente la que ocupa lo alto de la torre vigía. Los ventanales de cada una de sus cuatro paredes muestran una visión diferente del valle. Al norte se encuentra la iglesia del pueblo, al este el río Urrobi, al sur Nagore y, al oeste, el pueblo de Espoz. La tranquilidad del entorno resulta abrumadora para el viajero de ciudad. Durante la noche, el silencio convierte el descanso en una terapia rehabilitadora. El único sonido que, muy esporádicamente, perturba la tranquilidad es algún ladrido. Pero no son ladridos caprichosos. Suelen significar un aviso de la presencia en los campos de algún zorro o jabalí.

Torre de Uriz se encuentra a tan solo 28 kilómetros de Orbaizeta, una de las entradas naturales a la Selva de Irati. Debido a la fragilidad del entorno, los alojamientos hoteleros de la zona son pocos. Los mochileros pueden elegir alternativas como casas rurales, hostales y albergues. La mayoría de ellos están ubicados en los pintorescos pueblos de la zona. Villas exquisitamente conservadas y repletas de encanto como Aribe, en la que destacan su conjunto de casas del siglo XVIII, el hórreo de Domentx y el puente románico que atraviesa el río Irati. Pero en lo que atractivo turístico se refiere, la palma se la lleva Ochagavía, el otro punto principal de entrada al bosque. Hay quien dice que Otsagabia, como se le conoce en vasco, es uno de los pueblos más bonitos de España. No le falta razón.

Situada en la confluencia de los ríos Zatoya y Anduña, la localidad de Ochagavía está construida alrededor de cuatro puentes que atraviesan el Anduña. No obstante, su verdadera alma reside en el entramado de callejas adoquinadas, cuya característica apariencia responde a motivos utilitarios: la estrechez y los materiales proporcionan calor en invierno y sombra en los cálidos meses de verano. Tras una empinada cuesta se esconde la iglesia de San Juan Evangelista, recoleto templo a caballo entre los siglos XII, XVI y XVII. Su secreto mejor guardado es su precioso retablo renacentista, que fue realizado en 1547 por Miguel Espinal.

A poco más de tres kilómetros de Ochagavía, adentrándose en la Selva de Irati, se encuentra la pequeña localidad de Izalzu. Aquí nació Mauri, uno de los propietarios del Hotel Rural Besaro, el alojamiento hotelero más cercano a la selva. Una norma periodística básica consiste en proteger a las fuentes de información. No obstante, a veces nos vemos obligados a dejar los principios de lado. Allá va, bajen la voz, esto es un secreto: Mauri es una enciclopedia andante sobre la Selva de Irati. No duden en preguntarle, les informará sobre los rincones más bellos y menos transitados del entorno e incluso puede que les acompañe él mismo. Pero, por favor, sean discretos.

El Hotel Besaro dispone de ocho habitaciones sencillas y bien equipadas que cuadran a la perfección con el ambiente casero y el trato cercano de los propietarios. Uno de los lugares de encuentro de los clientes es el salón con chimenea, donde se evidencia la familiaridad en un detalle: un bar sin camareros, en el que los viajeros pueden servirse ellos mismos a cualquier hora del día y anotar las consumiciones en un papel.

Mientras que la principal virtud de Besaro es la cercanía (en todos los aspectos), la característica fundamental del Hotel Villa Clementina es la elegancia. Abierto hace apenas unos meses, este llamativo hotel de cuatro estrellas ocupa una construcción modernista de finales del siglo XIX. El propietario original fue Esteban Ancil, un navarro que hizo fortuna en Cuba. Sus descendientes han restaurado esta villa, situada en Murillo de Lónguida, con un gusto digno de elogio. A la magnífica colección de muebles antiguos se les ha añadido adquisiciones de diseño moderno de primer nivel, como el sillón de Charles Ray Eames que invita a la lectura en la biblioteca. A pesar de encontrarse a casi 50 kilómetros de Irati, merece la pena visitar Villa Clementina. Además, su ubicación en el prepirineo se convierte en un aliciente para acercarse a otros lugares de interés como el Castillo de Javier, el Monasterio de San Salvador de Leire o la foz de Lumbier, cañón donde es posible observar numerosos buitres leonados.

No hay duda: el otoño es el mes de la Selva de Irati. Cada año por estas fechas, como fanáticos en peregrinación, los amantes de la naturaleza viajan a este rincón de Navarra para extasiarse con el paisaje. En apenas unos días, la tonalidad del bosque cambia por completo, mudando su ánimo de la excitación a la melancolía. No hay duda de que pasear entre las hayas de Irati proporciona un mayor alivio para el estrés que cualquier ansiolítico. Aunque no esté científicamente probado.