Pokerstar Festival de Marbella, el póker como excusa

Son muchos los que viajan con el póker por bandera. En esta crónica descubrimos cómo es esta vida.  

Rafael de Rojas
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Foto: René Velli

Abraham Serrano, pelo blanco, ropa informal, lanza las cartas con calma al centro de la mesa. Su gesto tranquilo contrasta con los rostros tensos y preocupados de la mayoría de los 949 participantes que a finales de junio abarrotan las mesas del torneo principal del Pokerstars Festival del Casino de Marbella Hotel H10 Andalucía Plaza. Prácticamente todos barajan las fichas, juegan con ellas compulsivamente, se tocan el pelo y calculan estadísticas de cartas que salen y cartas que faltan, fijando la vista en el vacío. Abraham, no. Él parece mucho más relajado y disfruta despacito de su caña. A dos mesas de distancia está su mujer, Rosario Velázquez, con una actitud calcada a la de él. ¿Su secreto?: están de vacaciones.

Esta pareja de retirados, que no jubilados, son tan viajeros como jugadores. Como turistas, llevan casi 100 cruceros a sus espaldas desde 1988. Se conocen el Caribe como los palos de la baraja. Han pisado las moquetas del Queen Mary y han roto los hielos del norte y del sur. Como participantes en torneos de póker, dicen que “puede que seamos el único matrimonio que ha conseguido dos picas”, dos trofeos relevantes. Los dos están de acuerdo en que ella es la que juega mejor y en que es conveniente evitar sentarse en la misma mesa para que uno no elimine al otro “y acabe durmiendo en el sofá”. Mientras sus hijos se ocupan de la fábrica familiar en Madrid, ellos se pasan por Montecarlo, Malta, Nassau, Barcelona, Praga o Londres para jugar y, en ocasiones, ganar. “A veces el póker ayuda a pagar las vacaciones, pero éste es un deporte en el que no perder es ya ganar”, cuenta Abraham, socarrón.

Rene Velli

¿Existe un turismo de póker? Los Serrano así lo creen y los jugadores profesionales del equipo Poker Stars lo confirman. Por un lado, la holandesa Fatima Moreira de Melo, medallista olímpica de hockey hierba y la miembro del equipo que más lejos llegará en el campeonato de Marbella, cuenta que lo de viajar es la mejor parte de su trabajo. Viene de la playa y explica que se pasa al menos 15 semanas al año viajando. Suele aprovechar para llegar unos días antes al destino. “Vengo de Bahamas y Sao Paulo y he estado haciendo skyjet, saliendo mucho a cenar y de compras. Necesito que haya un equilibrio entre el póker y el resto de las cosas”, dice. Su compañero Marcin Horecki va más allá y asegura que “una parte importante del mundo del póker es el negocio de los viajes de póker”. Entre sus destinos favoritos para jugar y visitar destaca Bahamas e India y señala que “los más populares son los destinos del sur, como Barcelona o Mónaco, con mejor tiempo y mucho que ver”.

Atracar en Marbella

Las puertas de los baños del Casino de Marbella son del dorado brillante de las monedas del Tío Gilito. Todo está calculado para que nada te saque de la partida: los neones azules evitan destellos molestos; la moqueta invita a dejar de merodear para sentarse a jugar; la masajista recorre las mesas y desentumece a los jugadores en su propia silla.

El lema que figura en las amenities es “Mucho que ganar”. En las mesas parecen estar de acuerdo con la frase. A medida que avanza el torneo se nota que, para los participantes, lo único que existe, además de las cartas que te han tocado, son las que tiene tu contrincante. Se dice que se alcanza la maestría en el póker cuando ya no juegas con tu mano, sino con las de los demás.

Y éste es el Pokerstars Festival, uno de los espectáculos con naipes más importantes del mundo (o del mundillo). Los jugadores se concentran en las mesas durante el día y en los ratos libres se toman una copa junto a la piscina o prueban el restaurante La Brasserie del hotel, donde el prometedor chef vallisoletano David Aguado añade toques orientales a una cocina de mercado en la que hace destacar productos señeros como el atún y las carnes gallegas.

La Brasserie. | H10 Andalucia Plaza

Entre tanta cara concentrada, me pregunto cuántos de estos ingleses, polacos, italianos o españoles de cualquier punto de la península han venido aquí por Marbella y cuántos por el póker. Planteándolo en los corrillos de fumadores llego enseguida a la conclusión de que son las dos cosas a la vez. Todos han venido por el póker y prácticamente todos han venido porque es Marbella. Es una forma de planificar las vacaciones y de intentar que salgan a devolver.

La elección de Marbella no es casualidad. A diez minutos del Casino está Puerto Banús, donde el dinero sigue volando de unas manos a otras. Los deportivos de lujo desmedido menudean en un desfile de vanidades que permite que haya una tienda de Jimmy Cho junto a otra de Agent Provocateur. Hay firmas aún más sonoras, de esas que se reparten la Plaza Vendome de París. Pero el hecho de que las menos evidentes atraquen frente a los yates da una idea precisa de que en Marbella hay espacio para cualquier negocio de los de 9 o 10 clientes al día.

Los jugadores de las mesas han esperado a estar entre los nueve finalistas que entran en premios antes de adentrarse en el puerto. Los seis primeros clasificados han sido seis españoles. El ganador, Ignacio López de Maturana, se ha llevado 152.400 euros. En el palmarés hay participantes que nunca habían pisado un torneo. La oportunidad de llegar y besar el santo se la ha ofrecido la ausencia de las grandes figuras del póker, que estaban en el campeonato mundial, el WSOP (World Series of Poker) de Las Vegas. Esa macro competición, la más destacada de todas, dura más de 50 días e incluye 60 eventos de los que sale el que se considera el mejor jugador del mundo.