Luz y color en Mallorca

Como cada mes de noviembre, La Catedral de Palma de Mallorca acoge un espectáculo lumínico natural, que atrae a centenares de personas.

Adrián Lorenzo
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Foto: www.catedraldemallorca.org

Cuando se trata de ser testigo en directo de algunos de los más impresionantes fenómenos de la naturaleza -auroras boreales, eclipses, lluvias de estrellas, cataratas congeladas...-, hay viajeros que no ahorran en horas de sueño o kilómetros de recorrido. Y es que, para muchos curiosos poder presenciar estos acontecimientos  y capturarlos en sus retinas, es una experiencia que bien merece ser vivida al menos una vez en la vida. En España, uno de los espectáculos naturales, que más sorprende tiene lugar dos veces al año en la Catedral de Palma de Mallorca.

El fenómeno atrae cada año a miles de personas de todas las partes del globo y sucede el día 2 del mes 2, festividad de la Virgen de la Candelaria; y el día 11 del mes 11, día de San Martín, respectivamente. Es decir, el 2 de febrero y el 11 de noviembre.

Es en estos días cuando se puede observar como la luz del sol naciente atraviesa el rosetón mayor y se proyecta el reflejo de éste en la pared de delante, justo debajo del rosetón opuesto, el de la fachada principal. De esta forma, durante un corto periodo de tiempo se refleja uno sobre el otro, formando un rosetón doble: uno de vidrio y otro de luz natural, dado lugar a lo que se conoce como Espectáculo del Ocho, debido a que se forma un ocho de luz.

Durante la hora que dura el fenómeno se produce una explosión de color gracias a las 1.116 piezas de cristal que componen el vitral mayor de la Catedral. Sin embargo, según afirman los expertos, sería fruto del azar, ya que cuando se construyó el templo no se colocaron los rosetones expresamente para propiciar este fenómeno, lo que causa todavía más interés entre el público.

Pero, aunque pueda sorprender, este mágico fenómeno no es el único que ofrece este templo, declarado Monumento Histórico-artístico en 1931. Durante 20 días a lo largo del solsticio de invierno, puede contemplarse la salida del sol a través de sus dos rosetones principales, creando una especie de calidoscopio. Un espectáculo que puede observarse desde el Museu des Baluard, lugar donde se presenció por primera vez este efecto hace 10 años.