Lisboa para enamorarse una y otra vez

Ha sido elegida la mejor ciudad del mundo para un ‘city break’ o escapada corta. Lógico. La capital portuguesa, incluso en los días fríos, sigue siendo el mejor destino para empaparse de romanticismo.

Noelia Ferreiro
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Foto: ISTOCK

Hay ciudades bonitas, de esas que no dan tregua a los ojos se mire por donde se mire. Y luego está Lisboa, que es capaz de encoger el alma hasta el más insensible. Viva y decadente, contemporánea y eterna, nada puede despertar más belleza nostálgica que esta capital dibujada de tranvías y de azulejos, de fado y de poesía, de un río que da su último coletazo antes de verterse al mismo océano que permitió a los exploradores tomar rumbo hacia el Nuevo Mundo.

Lisboa acaba de sumar un nuevo título a su lista de conmemoraciones. Porque ha sido elegida la mejor ciudad del planeta para un city break, un galardón otorgado por los World Travel Awards (conocidos como los Oscar del Turismo), para premiar al destino más apropiado para una escapada corta. Escapada con la que, precisamente, asaltarán nuevos descubrimientos, rincones insospechados, direcciones renovadas para seguir enamorándose, una y otra vez, de la capital portuguesa. Aquí van unos cuanto planes que confirman por qué la ciudad del Tajo y de los ecos melancólicos de Pessoa es una de las más románticas del mundo.

Arco da Rua Augusta. | Renata Julga

Pasear por la Avenida Liberdade

Algo tan sencillo como recorrer la avenida más elegante de Lisboa. Un paseo de apenas un kilómetro que se recomienda efectuar despacio, reparando en los majestuosos edificios del siglo XIX y en las aceras recubiertas con mosaicos que conforman dibujos en blanco y negro. También contemplar sus jardines, fantasear con sus escaparates o detenerse a tomar un café en alguna de las terrazas cubiertas. Dicen que esta arteria prestigiosa fue proyectada a imitación de los Campos Elíseos. El caso es que en ella, más allá de sus teatros, tiendas de lujo y hoteles de cinco estrellas, se respira romanticismo.

Tranvía en Lisboa | Renata Julga

Al menos un trayecto en tranvía

Porque no hacerlo es como no haber estado aquí. Los tranvías constituyen la estampa más característica de Lisboa, su símbolo indiscutible que se remonta a siglos atrás y se conserva con el mismo aspecto. Por ello se debe dar al menos un paseo en alguno de ellos, ya sea el mítico nº 28 que avanza chirriante por los barrios de Graça, Baixa o Estrela, o cualquier otro que se retuerza por las empinadas calles de Alfama, el barrio de los marineros y del fado.

Renata Julga

Tomar una ginjinha en un bar típico

Este licor dulce de guindas, típicamente lisboeta, tiene para los portugueses un valor sentimental: su origen pasó por ser esa cura milagrosa de la abuela para todo tipo de males, con lo que el amor que le profesan se ha transmitido de generación en generación. La ginjinha se toma sola, como un chupito, con una cereza dentro que termina macerada en alcohol. Y aunque hay múltiples lugares donde la sirven, lo suyo es hacerlo en el diminuto bar A Ginjinha, también conocido como Ginjinha Espinheira, que es el hogar tradicional de esta bebida. Un bar típico en pleno centro de la ciudad que se remonta nada menos que a 1840.

Descubrir la experiencia Pilar 7 en el puente 25 de Abril

Lisboa, que está sobrada de miradores desde donde contemplar la ciudad en perspectiva, ha incorporado recientemente una nueva atracción panorámica de las alturas. Se trata de la moderna y casi futurista experiencia llamada Pilar 7, en el centro interpretativo del puente 25 de Abril. Una aventura en la que, además de repasar la historia de esta joya de la arquitectura civil y atravesar una sala cuyos espejos multiplican la sensación del abismo, se accede a una plataforma suspendida en las alturas, sobre el estuario del Tajo, a un paso del tráfico de los coches que atraviesan este puente emblemático.

Pasteles de Belem | Renata Julga

Revisitar Belém y sus ‘pastéis’

Con los icónicos testimonios de su pasado glorioso y la acumulación de arte y arquitectura, la zona de Belem resulta siempre un agradable paseo, con la famosa torre evocando un castillo medieval que se yergue frene a la desembocadura del Tajo. Es aquí donde acuden los enamorados a disfrutar de una de las vistas más espectaculares de Lisboa. También a degustar los famosos pasteles de Belém en la que es su confitería más clásica, La Casa dos Pasteis, al lado del Monasterio de los Jerónimos, donde no será raro esperar largas colas. Eso sí, merecerá la pena. 

Museo del Fado, Lisboa. | Renata Julga

Dos museos románticos

Uno es el Museo Nacional de Arte Antiguo, fundado en 1884, donde se desgrana el panorama del arte portugués, desde el siglo XII a principios del XIX, a través de pintura, escultura, dibujo, orfebrería, cerámica, textiles… El otro, el Museo del Fado, en Alfama, donde sumergirse en esta bellísima forma de expresión tan típicamente lisboeta, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.