Hoteles con bodega, entre viñas y copas

¿Un hotel con bodega o una bodega con hotel? O las dos cosas. Descubrir el proceso de elaboración de un vino
de manos de enólogos profesionales, desde que se recoge la uva hasta su embotellado, es el principal aliciente de estos fabulosos contenedores de cultura y vida. Un horizonte de viñedos espera al huésped tras la ventana.

Silvia Roba
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Foto: Pancho R. Eguiagaray

Viñedos, guardaviñas y pueblos medievales dan carácter y personalidad a esa privilegiada franja de terreno conocida como La Rioja Alavesa, en la margen izquierda del río Ebro. Las vides forman parte del paisaje, pero también hay olivos y almendros rumbo a Elciego, donde emerge poderoso el hotel Marqués de Riscal, obra del arquitecto Frank O. Gehry. El padre del Guggenheim de Bilbao utilizó para darle vida tres grandes bloques de piedra cubiertos por una estructura de acero y titanio cuyos colores –rosa, plata, oro– iluminan el cielo.

El hotel es una obra de arte, con 43 habitaciones, un restaurante asesorado por Francis Paniego, Spa –¿qué tal un baño con orujo de uva?– y más de ocho millones de botellas en sus profundidades. Aquí, en esta Ciudad del Vino, se elaboran tintos y rosados en barricas de roble americano, repartidas en dos edificios: San Vicente –llamado así por la cercana ermita– y la Bodega Antigua, donde se emplaza La Catedral, en cuyos largos y silenciosos pasillos duermen, rodeados de telarañas y moho, vinos añejos que solo se abren en ocasiones especiales. A Gehry le ofrecieron uno elaborado el año de su nacimiento, 1929, para convencerle de que sacara el proyecto. Obviamente, le gustó.

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Las horas pasan, el día avanza, pero el tiempo parece detenerse. Desaparecen las tensiones, el estrés, el ruido... Con esta declaración de intenciones reciben a sus huéspedes en el hotel Eguren Ugarte, en la preciosa localidad de Laguardia, también en Álava. Aunque más que un hotel podríamos decir que es una casa, porque es así como los propietarios quieren que se sientan sus clientes-amigos, que tienen a su disposición 15 habitaciones confort, cuatro deluxe y dos premium, con vistas, cómo no, a los viñedos, que se pueden recorrer en segway o en bicicleta.

Su bodega es única: cuenta con más de dos mil metros cuadrados de cuevas excavadas en la roca por las que se distribuyen cuatro mil barricas. Las visitas guiadas incluyen catas de tres vinos (rosado, tinto y blanco), aunque en tiempos de vendimia quien así lo desee puede recolectar e incluso pisar la uva. Pero, ¿cómo convertirse en experto en vino? Para esta pregunta tiene respuesta la Finca de los Arandinos (fincadelosarandinos.com), un complejo de enoturismo enmarcado por la sierra de Moncalvillo, a 10 minutos de Logroño.

En realidad lo que el hotel pretende es descubrir los secretos que encierra un buen Rioja a sus huéspedes, quienes, para mayor motivación, pueden dormir en una habitación situada justo encima de la nave de barricas. En sus viñedos se cultivan las variedades tempranillo, mazuelo y garnacha para elaborar los vinos tintos, y viura para los blancos. ¿Alguien quiere probarlos? El Conjuro, de color granate picota, es intenso y elegante; El Viero, amarillo brillante, fresco, con aroma de flores blancas… El Spa, con su espectacular terraza a pie de viña, y el restaurante, con platos elaborados con productos de Kilómetro Cero, completan las instalaciones de la finca.

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Muy cerca del Duero, en la carretera que une Soria con Valladolid, aguardan las Bodegas Arzuaga Navarro, con clara evocación monacal por sus arcadas, torres y campanario. Visitarlas y aprender sus secretos guiados por un enólogo profesional es lo que podrán hacer quienes se alojen en el hotel Arzuaga, junto a esos viñedos que parecen tener un horizonte propio. Dicen aquí que los buenos vinos hay que verlos, catarlos, sentirlos. Y para eso, nada mejor que su Spa, con sofisticados tratamientos.En la carta, envolturas Gran Reserva y masajes, exfoliaciones y jacuzzi a la uva negra. En temporada, el hotel ofrece packs que, bajo el sugerente nombre de El arte de la vendimia, incluye pisado de uva, cata de mosto y degustación de tres vinos Arzuaga.

Sin salir de Valladolid, en Sardón de Duero encontramos un ejemplo más de enoturismo bien entendido. L’Domaine es una maravillosa extensión de la bodega Abadía Retuerta, apenas a tres kilómetros de distancia. Recorrer los viñedos en e-bikes es una forma divertida de aproximarse a este templo del vino en el que se puede visitar cada rincón –salas de fermentación, de crianza...–, asistir a catas de barrica comentadas, disfrutar de un aperitivo campero y hasta recoger la uva en temporada. El alojamiento no puede ser más singular: un monasterio del siglo XII. Su vinoteca está situada sobre La Cueva, donde reposa la colección privada de la propia bodega.

Con vistas a la isla de A Toxa, Lagar de Costa, en Cambados (Pontevedra), es una bodega de la que salen excelentes albariños con DO Rías Baixas. Algunas de sus viñas, próximas al mar, tienen más de 50 años. La familia Costa, dedicada tradicionalmente al cultivo de la uva albariña y a la comercialización de su propio vino, ha acondicionado en su vivienda habitual –una casa de labranza– siete habitaciones para aquellos que quieran disfrutar del contacto con la Naturaleza en un entorno tranquilo.

Al estilo de un château francés es el hotel Pago de Cirsus, en Ablitas (Navarra), rodeado de viñedos y olivos. Cuenta con solo doce habitaciones, elegantes y coquetas, y un restaurante con vistas a la impresionante sala de barricas. Es ideal para ir en pareja, como lo es también Can Bonastre, una masía del siglo XVI a los pies del macizo de Montserrat, en Masquefa (Barcelona).

Hotel Pago de Cirsus

Bosque y vides conforman el paisaje que rodea este wine resort, con una bodega que apuesta por gamas modernas y jóvenes, como el pinot noir 100%, pero sin dejar de lado otras propuestas más clásicas, como los coupage de cabernet sauvignon y merlot. Los tratamientos del Spa son una locura, con baños de cava incluidos. Aunque si hablamos de espumosos no debemos dejar de visitar, en Vilafranca del Penedès, también en Barcelona, el Cava & Hotel Mastinell, en el que llama la atención su sorprendente arquitectura, similar a las botellas apiladas de una bodega, con ventanas circulares cubiertas con una malla en forma de burbujas. Una experiencia total.