Los escenarios de Juego de Tronos ya no son tan typical spanish

La serie ha huido de las localizaciones más obvias y ha mostrado a los propios españoles 9 lugares en los que puede que no hubieran reparado lo suficiente.

Rafael de Rojas
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Foto: DieterMeyrl / ISTOCK

40 millones de viajeros recorren anualmente los escenarios de series y películas en todo el mundo. Los próximos que vengan a España lo harán tras la estela de los sets vascos, extremeños y andaluces de las dos últimas temporadas de Juego de Tronos.

Daenerys Taragaryen, Madre de Dragones, Reina de los Ándalos y etcétera vive entre Vizcaya y Guipúzcoa, unos ratos en San Juan de Gaztelugatxe, otros en la playa de Barrika y otros en la de Itzurun. Las extraordinarias lascas de piedra gigantes de esta última, los flysch de 65 millones de años de antigüedad son el árbol genealógico del mundo. Esta formación geológica que relata las idas y venidas de los continentes inspira la forma del trono de Rocadragón. Los actores de Juego de Tronos han aterrizado por tercera vez en España y ya no se conforman con los escenarios más evidentes.

Ya en la quinta temporada de la serie los productores le dieron una probadita al país. El reino refinadamente arábigo de Dorne encajaba como un guante de oro en el Real Alcázar de Sevilla y los dragones parecían haberse criado en Osuna -uno se los imaginaba churruscando su plaza de toros como quien prepara unos espetos-. Para la sexta temporada, medio staff quería venir a España: los del norte contaron que habían pedido escenas en el sur y la propia Khaleesi (Emilia Clarke) aseguraba en una entrevista que en la Península estaban los más bellos escenarios en los que había grabado. Girona, Canet de Mar (Barcelona), Las Bárdenas Reales (Navarra), Peñíscola (Castellón), el Castillo de Zafra (Guadalajara) y la Sierra Alhamilla de Almería fueron los principales lugares escogidos como escenarios. ¿Qué quedaba para la séptima temporada? Olvidarse del typical spanish y peinar los paisajes de mayor riqueza paisajística y cultural hasta encontrar las localizaciones menos obvias que, en muchos casos, han sorprendido incluso a los propios nativos.