Cinco impresionantes castañares en los últimos días de otoño

Son bosques mágicos, ricos y muchos, grandes desconocidos. Estos castañares, de colores soñados, harían palidecer de envidia al mismo Van Gogh.

Irene González
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Foto: cineuno / ISTOCK

Los castaños son los arboles por excelencia del otoño, verdaderas obras de arte con las que sentir el embrujo de sus colores, formas y fruto. Es tiempo de pasear por los impresionantes bosques de castaños que pueblan nuestra geografía. De norte a sur, pintan el suelo de colores, y llenan de hechizo las enormes praderas que cubren, donde es fácil perderse entre tanta belleza. Su fruto, que ha sido básico en la dieta del hombre desde el Paleolítico, siempre ha estado presente en la Historia de la Humanidad. El castaño vivió su época de esplendor en la dominación romana, cuando las infinitas legiones se alimentaban de su fruto por su gran valor nutritivo y por su facilidad de trasportar. Hoy, de las espesuras de las frondosidades de castaños de nuestro país, sale el fruto reconocido como el mejor del mundo, denominación que se disputan más de 60 países de todo el mundo.

Los bosques de castaños de Galicia hechizan, tienen alma y un clima húmedo y templado que invita a recorrerlos. Son bosques generosos, extensos y de rápido crecimiento, donde este singular árbol, puede llegar hasta los 35 metros de altura. El otoño es la temporada reina en tierras gallegas, cuando amigos, familiares y vecinos se reúnen para la recogida del fruto que han cuidado con mimo durante todo el año. Se calcula que en Galicia existen más de 60.000 hectáreas de castaños, algunas muy antiguas, y otras improductivas, pero todas, espléndidas. Es tal su valor, que se ha creado la indicación geográfica Protegida Castaña de Galicia. Otros bosques fascinantes son los leoneses de la comarca de El Bierzo. En sus escondidas espesuras se alzan monumentales ejemplares, que además de su capacidad productiva, se han convertido en bosques culturales. Sin duda en El Bierzo se han cuidado, incluso se ha creado la Mesa del Castaño del Bierzo.

Además, los castañares andaluces y extremeños son auténticos tesoros naturales donde perderse entre los más bellos matices otoñales. Sus grandes hojas teñidas de amarillo, ocre, marrón y verdes los convierten en arboles sabios, que han visto crecer a generaciones de cuidadores. De esta sinfonía de colores surgen castañas al natural, en almíbar, puré de castañas, crema de marrón glasé, y harina de castaña, que hay que probar en sus alrededores. Solo hay que disfrutarlos, y respetar su fruto, sustento de las familias que los cuidan.