Budapest: un paseo por sus ‘bares en ruinas’

Son todo un fenómeno en la capital de Hungría: edificios abandonados de más de cien años de antigüedad, reciclados en locales de moda con estética decadente.

Noelia Ferreiro
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Foto: ISTOCK

La belleza del Danubio, con esa grieta que abre entre la apacible Buda y la vibrante Pest, es la imagen más reconocible de esta ciudad dotada de riqueza arquitectónica, suntuosos baños termales y una oferta cultural única. Sobre todo si la panorámica alcanza al Parlamento con su majestuoso perfil sobre el río, o al Puente de las Cadenas con la inolvidable estampa del Palacio Real a su espalda. Luego está, claro, la Avenida Andrássy, declarada Patrimonio de la Humanidad, con seis impagables kilómetros que además de una suerte de Broadway húngaro (teatros y pintorescos cafés) constituyen uno de los bulevares más hermosos del mundo.

Menos solemne y opulento resulta otro de los grandes iconos de la ciudad, especialmente activo cuando se enciende la noche. Se trata de los famosos ruin pubs, bares ubicados en el mismo centro que, por su originalidad, han trascendido a su función principal para convertirse en un fenómeno made in Budapest. Para erigirse en uno de los puntos fuertes de las visitas turísticas.

Los ruin pubs nacieron en la ciudad a principios del siglo XXI, cuando se decidió dar un nuevo uso a edificios abandonados con más de cien años de antigüedad. ¿Por qué no reciclarlos en singulares espacios sin variar por ello su estética decadente? ¿En nuevos locales de moda donde tomar una copa en una atmósfera rompedora? Así tomó forma esta idea que a priori sonaba descabellada: bares que aprovechan las paredes desconchadas, las maderas raídas y los cristales rotos como exclusivo diseño de interiores. Bares en ruinas, en definitiva.

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Con ellos se dio una vuelta de tuerca a la animada vida nocturna de esta capital. De repente, todo valía en la decoración con tal de crear un ambiente diferente: desde trastos viejos hasta bañeras que ejercen de asientos, pasando por graffitis, bicicletas colgadas del techo, televisores rotos, carrocería de coches, muebles vintage y hasta muñecas descascarilladas que parecen rescatadas del baúl de la abuela. Un universo retro de lo más acogedor escondido dentro de estas casas que pedirían a gritos una reforma.

Porque las fachadas también son a veces un paisaje después de la batalla. Estructuras desnudas a las que han arrancado puertas y ventanas o restos de elegantes casonas  derruidas por el paso del tiempo. Como edificios que son, los ruin pubs cuentan con diversas plantas y, en cada una de ellas, salas, pasillos, rincones, recovecos… que acentúan, más si cabe, su singular filosofía: la de juntarse con amigos para beber, picar algo o escuchar música en un espacio concebido como expresión del orden caótico a base de chatarra revitalizada. Algo así como el síndrome de Diógenes al servicio de una identidad punk.

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Conviene aclarar que no se trata de meros bares de copas. Bajo su aspecto desaliñado hierve una escena cultural de primer orden y muchas veces incluso funcionan como sedes de comunidades sociales. Conciertos alternativos, proyecciones de cine, presentaciones de libros, mercadillos de segunda mano, tertulias, performances y un sinfín de actividades completan la habitual programación de DJs que obligan a mover el esqueleto, entre tanto cacharro, hasta bien entrada la madrugada.

El Szimpla Kert es el ruin pub por excelencia de Budapest, el primero que abrió sus puertas y que pronto logró colarse entre los 100 mejores bares del mundo. Similar a una casa de okupas, basta superar el desconcierto de su avejentada entrada para descubrir miles de sorpresas, incluso colgadas del techo. Otros famoso son Corvin, un solar en el tejado con terraza al aire libre; Instant, una oda a la improvisación con ambiente internacional; Ankert, que recoge la estética del food truck; Mazel, algo más sofisticado… En ninguno falta el ambiente especial que proporciona su estado cochambroso, su diseño espontáneo y su locura de objetos raros.