6 motivos de altura para rastrear el Caminito del Rey

Entre los municipios de Ardales, Antequera y Álora se esconde uno de los más descomunales fenómenos geológicos del sur de la Península, el Paraje Natural del Desfiladero de los Gaitanes, donde entre cañones de infarto, botánica, fauna, naturaleza e historia, recorremos el Caminito del Rey, una impresionante pasarela de vértigo.

Irene González
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Foto: Irene González

En el corazón de Málaga, entre paisajes fascinantes y únicos, vuela El Caminito del Rey, el sendero considerado como el más peligroso del mundo, un emocionante recorrido incrustado en la roca a más de 100 metros de altura.

Este espacio natural, de más de dos mil hectáreas, esconde un tesoro geológico cuajado de flora y fauna de incalculable valor ecológico. Y es que hace millones de años estas magnificas cumbres fueron un fondo marino que emergió hasta alcanzar su altura actual y  formar el Sistema Bético. Así, la fuerza de la naturaleza ha convertido los acantilados marinos en los sensacionales cañones fluviales que recorre el Caminito del Rey. Adrenalina en estado puro.

Irene Gonzalez

El camino al tajo

El Caminito del Rey ya resulta excitante en su revirada carretera de acceso que llega hasta el bello pantano azul turquesa Conde de Guadalhorce.  Presidida por la casa del ingeniero Benjumea y la imponente montaña de roca, la referencia para comenzar la ruta es el restaurante El Kiosko donde a su izquierda se abre el túnel excavado en la roca, el punto de partida de la aventura. El sendero de acceso discurre entre naturaleza y la adelantada, para su tiempo, obra civil que produjo la primera electricidad en Andalucía. Traspasado el control de entrada,  junto al edificio de los transformadores eléctricos, comienza El Caminito. Más adelante se erige la antigua Presa y Central de Gaitanejo, construida por Benjumea y admirada por Alfonso XIII. A partir de aquí, las montañas empiezan a cerrarse hasta convertirse en una hendidura donde arranca la magia del excitante Caminito del Rey. Este prodigio hoy rehabilitado, que inicialmente se construyó para que los obreros pudieran acceder al tajo en las compuertas del canal, es el tercer trazado. La pasarela original se levantó en 1901 con unos simples tablones de madera adosados a la roca para acceder de manera rápida al interior de los cañones y empezar a construir el canal que atravesaría todo el Desfiladero.

Los Balconcillos, el desfiladero real

Tras inundarse el primer caminito, tuvieron que construir un segundo a mayor altura y paralelo al primero, el popularmente llamado Los Balconcillos. Lo erigieron marineros, grandes expertos en trabajar sobre los mástiles de los barcos de vela, empotrando raíles de ferrocarril en la roca sobre los que sostener una bovedilla de ladrillo y cemento. Y este segundo camino fue el que Alfonso XIII recorrió en 1921 durante su viaje oficial a las obras de El Chorro. Desde entonces empezaron a llamarlo El Caminito del Rey y pasó a formar parte de la vida cotidiana de la localidad y alrededores. Lo transitaban desde los niños para ir al colegio hasta familias enteras para atajar, por este paso entre montañas, en sus desplazamientos entre los pueblos de los alrededores.

Irene González

El Caminito del vértigo

La ambiciosa y espectacular recuperación de este sendero centenario es una muestra única de la gran belleza que puede ofrecer la arqueología industrial. El titánico trabajo de recuperación ha sido galardonado en los Premios Unión Europea de Patrimonio Cultural Europa Nostra, que reconoce la magnífica obra de ingeniería para solucionar el deterioro gradual desde su construcción y el innovador sistema constructivo, que ha dejado intacto parte del camino original  dentro de un paisaje realmente impresionante. Si hace 114 años fueron marinos colgados del desfiladero los que montaron un sendero de madera primitivo, hoy el I+D ha estado presente con el uso de drones y láser de punto para poder medir con absoluta precisión las distancias. Para la construcción del nuevo Caminito del Rey han trabajado 12 alpinistas, cerca de 20 operarios, técnicos y un piloto de helicóptero. Con el sonido del río Guadalhorce empieza el espectáculo de cañones, barrancos, precipicios y paredes de roca vertical donde sobrevuelan águilas reales y buitres leonados. Por delante, kilómetros por el sendero más peligroso del mundo.

Los Gaitanejos, el primer cañón

El primer cañón del recorrido es el más estrecho de todos, ya que en algunos puntos menos de cinco metros separan las paredes de la montaña. En Los Gaitanejos la parte inferior de las gargantas, estrechas y serpenteantes, son todo un espectáculo para el oído, la vista y el equilibrio. Aquí se encuentran las llamadas  escaleras de chocolate y, descendiendo por ellas, se puede ver de cerca el lago y una pequeña cavidad donde se ha encontrado una espina de salmón usada como aguja por cazadores del Neolítico. En la parte final de este primer cañón, bajo sus pasarelas,  se puede observar  los restos de la primera estructura metálica usada para las obras del canal y la línea férrea que desde agosto de 1865 permitió a Málaga salir de su cerco montañoso. Más adelante se mantiene el impresionante puentecillo que unía el ferrocarril y la pasarela. Es aquí donde Alfonso XIII concluyo su visita real al Caminito del Rey.

Irene González

El valle encantado entre pasarela y pasarela

Al salir del primer cañón aparece un circo de montañas que acoge un valle que parece encantado. Este majestuoso espacio central del Desfiladero discurre paralelo a las antiguas canalizaciones. Y sin duda es el lugar ideal para descansar y tomar un tentempié. Siguiendo el camino se encuentran las ruinas de la Casa del Hoyo, habitada mucho antes que las obras del Caminito del Rey, donde a principio del siglo XX vivió una familia con economía de subsistencia. Más tarde fue refugio de los montañeros que acudía al desfiladero a escalar, y hoy, está abandonada. Aquí se encontraron cerámicas medievales, al parecer del siglo XIII, que indican que allí hubo una construcción anterior.

El puente colgante

El último gran tramo es mágico, impactante y sobrecogedor. A más de cien metros sobre el nivel del río, está es el balcón de cristal que sobresale de la pasarela, no apto para cardiacos. Más adelante se pueden observar un fósil de amonitas que demuestran que hace millones de años este lugar fue una playa jurásica. Siguiendo la pasarela se entremezclan dos túneles muy próximos, con gigantescos estratos puestos en pie por la fuerza de la naturaleza y el gran cañón, todo un impacto visual. Y un poco más allá, el antiguo puente acueducto, que volado a más de 100 metros sobre el río, y en paralelo, el nuevo puente colgante de acero es un escaparate del abismo. Superada la adrenalina y emoción de cruzar el puente colgante de acero, llegamos al último tramo de pasarelas desde donde se aprecian las montañas de las Mesas de Villaverde que conservan restos arqueológicos de Bobastro, la ciudad de los cristianos rebeldes enfrentados a los emires de Córdoba. El Caminito del Rey termina por encima de la línea férrea y, tras su dura subida, se alcanza  tierra firme. Un suave y agradable paseo nos lleva hasta el control de salida en Álora frente a las aguas calmas del embalse de El Chorro.