6 exuberantes villas para sentir la fértil campiña andaluza

Irene González
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Foto: Irene González

La exuberante campiña andaluza que se teje entre Córdoba y Sevilla en nada tiene que envidiar a la Toscana. Dibuja un paisaje de suaves lomas olivareras, llanos de regadíos, de algodón, trigo, cebada, girasol, cereal y almendros, salpicados de cortijos y ciudades antiguas, de palacios renacentistas y bellas mansiones decimonónicas. Tierras amarillas, negras, rojas, forman una policromía esencial en sus campos de motas blancas de algodón. A la vez, otros se encienden de gualda oscura por los girasoles o del verde tierno de la remolacha. Pero lo cierto es que el verdi-plata de los olivares es el tono dominante en la campiña andaluza. Además, esta tierra de arte y leyendas fue refugio de bandoleros, entre los que José María el Tempranillo, el Pernales y los Siete Niños de Écija se llevaron la palma de la celebridad.

En este recorrido, además de disfrutar de la campiña, de los cultivos y de la naturaleza exuberante, el viajante no podrá evitar quedarse prendado de la Historia -con mayúsculas- que narra cada adoquín y cada edificación que aquí se levanta. Y es que esta tierra ha estado habitado desde la Edad de Bronce y tiene mucho que contar. Son historias de bandoleros y de nobles, de romanos, de árabes y de tartessos. Una Historia que ha conformado el carácter de sus habitantes y la arquitectura de estas villas, algunas de ellas declaradas Conjunto Histórico Artístico.

Ahora os ofrecemos un recorrido que comienza en La Carlota, en plena campiña cordobesa, y finaliza en la tradicional y sevillana Carmona. En el trayecto no queremos que os perdáis otros lugares mágicos de Andalucía como son Écija y su paleta de colores infinita; Estepa, pero no la Siberiana, sino la de la provincia de Sevilla; Osuna, y sus más de 3.000 años de historia o Marchena, cuyo territorio ha estado habitado desde tiempos inmemoriales.