5 senderos por parques andaluces que miran a la mar

La red de espacios naturales protegidos de Andalucía, la más extensa de España, posee parques naturales que miran hacia el Mediterráneo y un parque nacional que otea el Atlántico. He aquí cinco senderos por su interior con el agua salada siempre presente.

Manuel Mateo Pérez
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Foto: PABLO UTRILLA / ALAMY

Entre Los Escullos y la Isleta del Moro
Cabo de Gata

Barcazas, redes y aparejos pesqueros son el decorado habitual de los pueblos que se asoman al Mediterráneo almeriense. El Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, uno de los espacios naturales protegidos más singulares de España, posee senderos que miran continuamente al azul de la mar. Entre Los Escullos y La Isleta del Moro, dos de los pueblecitos blancos más bellos del litoral almeriense, el caminante asiste al espectáculo del oleaje y el viento azotando la costa. Es una ruta por la geología de esta esquina de la península, por la tradicional forma de vida de sus vecinos y por miradores donde se advierten los domos de Los Frailes, máxima cota de la sierra volcánica del Cabo de Gata. 

Estrecho de Gibraltar. | kazmulka / ISTOCK

Entre Tarifa y Algeciras
Parque Natural del Estrecho

Entre las ciudades gaditanas de Tarifa y Algeciras se extienden once kilómetros de senderos por la punta más meridional del sur peninsular. Amparado por el Parque Natural del Estrecho, uno de los tesoros marítimos terrestres más importantes de España, el sendero discurre entre la denominada Colada de la Costa hasta la Huerta Grande y discurre paralelo por los acantilados y las plataformas de abrasión que se encrespan al lado de extensas playas de arena dorada. Allí el viento sopla de un modo incruento y el caminante siente el peso de las civilizaciones que pasaron por este mitológico lugar. A lo largo del sendero el caminante admira búnker, torreones, cuarteles y baterías que protegieron la costa de la amenaza del enemigo al lado de observatorios ornitológicos donde disfrutar del vuelo de las aves migratorias.

julpho / ISTOCK

El acantilado más grande de Andalucía
Parque Natural de La Breña y marismas de Barbate

Hay dos modos de disfrutar de la belleza sobrecogedora de los acantilados más altos del sur peninsular. Uno de ellos es caminando hacia ellos. Otro disfrutarlos desde la costa, a bordo de los barcos de recreo que parten a diario del puerto de Barbate y que se adentran por las aguas del Atlántico. El sendero que discurre paralelo al borde del acantilado une Barbate y Caños de Meca a lo largo de un camino de poco más de siete kilómetros. A mitad de recorrido aparece la Torre del Tajo, un mirador desde donde observar la inmensidad del océano. Bosques de pinos y matorrales rastreros ponen el tono verde a un paisaje azul e intenso.

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Entre Nerja y Frigiliana
Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara Y Alhama

Nerja es la ventana marinera que Málaga posee en la comarca histórica de La Axarquía. Es una ciudad encantadora que posee un Balcón de Europa donde el Mediterráneo se nos hace más cercano y próximo. De Nerja parte el sendero a pie o en bicicleta de montaña que sube hasta la localidad blanca de Frigiliana, puerta de entrada al Parque Natural de Tejeda, Almijara y Alhama. Frigiliana es uno de los pueblos más encantadores de la provincia y de él parten otros caminos que se internan por el interior del parque y que llegan hasta vecinas localidades como Cómpeta. Los senderos que trepan hasta los picos de la sierra nos regalan las vistas más hermosas hacia el azul de la mar.

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La playa virgen más grande de España
Parque Nacional de Doñana

Entre la localidad onubense de Matalascañas, línea divisoria entre el Parque Natural del Entorno de Doñana y el Parque Nacional de Doñana, y la desembocadura del río Guadalquivir, allá por Sanlúcar de Barrameda, hay treinta y siete kilómetros de playas vírgenes, ignotas, solitarias y con el solo silencio de las olas del Atlántico batiéndose en la arena dorada. Aquellos senderos forman parte de la Andalucía más natural, aquella que por suerte aún no ha sido amenazada por la mano del hombre. Las playas vírgenes de Doñana son en estos días de invierno uno de los espectáculos naturales más bellos del sur, una tentación para todos los amantes de las largas caminatas.