De vinos por las tierras de Goya

Este rincón de Zaragoza que vio nacer al ilustre pintor está coloreado por los viñedos que conforman la D.O. de Cariñena, una de las más antiguas de España

Noelia Ferreiro
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Foto: Wikicommons

Voltaire equiparó la tierra prometida a esta zona vinícola de Zaragoza emplazada en el centro-oeste de la provincia, entre los ríos Jalón y Huerva. Un paisaje estepario salpicado de mudéjar que tiene el honor de ser la cuna de una de las grandes figuras de la pintura universal: Francisco de Goya, nacido en Fuendetodos en 1746.

Aquí, en esta pequeña villa de callejuelas estrechas y suelos de piedra, se puede visitar su casa natal, declarada Monumento Histórico Nacional, donde se muestran sus enseres y muebles de estilo aragonés, donde se recrea su humilde infancia. Pero para conocer parte de su obra, justo al lado se alza el magnífico Museo del Grabado, una deliciosa reliquia que recoge sus piezas más libres y desenfadadas: grabados originales en los que disecciona con sarcasmo temas tan controvertidos como los vicios de la época, la tauromaquia, la guerra y la enigmática serie de los disparates, donde aflora su vena más onírica.

Este centro, junto a la Sala de Exposiciones Ignacio Zuloaga, ha convertido a esta diminuta población en un referente del arte extendido al resto de las facetas: en Fuendetodos todo gira en torno al artista. Incluso la producción del vino y del aceite lleva el sello de lo goyesco.

Busto de Goya en Fuendetodos. | Jimenezar / ISTOCK

Y es que esta zona, más allá de su reclamo pictórico, tiene en el cultivo de la vid otra de sus grandes bazas. Un cultivo que se remonta a los orígenes de la historia y que convierte a su producto en emblema, en el hilo conductor con el que desgranar esta tierra a la que los viñedos infinitos, especialmente en esta época, colorean los campos de ocres, verdes y rojos.

Aquí se desarrolla la Denominación de Origen de Cariñena, una de las más antiguas de España, pero también una de las más maltratadas. Porque ¡cuánto le ha costado a este vino sacudirse su fama de peleón! Nada de eso queda ya. Nuevas tecnologías y afamados enólogos alumbran ahora unos caldos refinados que han saltado a la primera línea del panorama patrio.

Para demostrarlo, no podía faltar el Museo del Vino, en la propia localidad de Cariñena, testigo de la actividad vitivinícola de esta ruta integrada en la Marca Enoturismo Aragón (junto a Campo de Borja y Somontano). Un centro de interpretación en el que se asiste a la tradición, las señas de identidad y el modo propio de analizar –y por supuesto, saborear- esta apasionante cultura del vino.

YelenaYemchuk / ISTOCK

Hay bodegas para dar y tomar. Como Grandes Vinos y Viñedos, que tiene forma de castillo por fuera y de monasterio por dentro. O Care, que es la expresión de la modernidad en los caldos de esta ruta. Aunque para disfrutar del vino, nada como la Fiesta de la Vendimia de Cariñena, con la famosa Fuente de la Mora que, por unos días, surte de vino —y no de agua— a los miles de asistentes.

Después está la cuota de naturaleza en esta fantástica sierra enclavada en el corazón de la Cordillera Ibérica, a 50 kilómetros de la capital aragonesa. Las sierras del Águila y del Algairén, con sus laderas tapizadas por bosques de alcornoques, encinas y carrascales, se suman a la belleza que proporcionan las riberas del río Huerva y al conjunto de barrancos abruptos que rodean el Monte Bajo, con paredes tan verticales que parecen haber sido cortadas por la hoz de un gigante imaginario.