Especial paradores - Revista Viajar.es

Paradores en el Camino Portugés

El Parador de Tui es un típico pazo gallego a orillas del río Miño que destaca por sus sólidos muros de granito.

El Parador de Tui es un típico pazo gallego a orillas del río Miño que destaca por sus sólidos muros de granito.

Parador de Tui
En la orilla del río Miño, junto al puente que comunica con Portugal, se alza el Parador de Tui, un típico pazo gallego que destaca por sus sólidos muros de granito y por la madera de castaño que recubre sus vigas, suelos, techos y escaleras. Sus confortables habitaciones, que están decoradas con tonos suaves y mobiliario rústico, se abren a un entorno idílico que ofrece un infinito mundo de posibilidades para los amantes del deporte y de la naturaleza. Su precioso jardín y su restaurante, donde degustar exquisitas recetas de la tierra, completan una oferta de lo más sugerente.

No te lo pierdas
El Parador de Tui invita a descubrir al viajero un sinfín de rincones llenos de encanto e historia como la Habitación de la Torre, la más grande del pazo, que ofrece desde sus balcones una excepcional panorámica de la histórica villa de Tui y de la vecina ciudad portuguesa de Valença do Minho. Decorada con colores cálidos y con muebles de estilo castellano, la estancia cuenta con una antesala-recibidor, un salón noble y un dormitorio en el que su cama con dosel permite pasar una noche inolvidable.

El Parador de Baiona, levantado en la península de Monterreal, es un privilegiado balcón sobre las aguas del Océano Atlántico.

El Parador de Baiona, levantado en la península
de Monterreal, es un privilegiado balcón sobre las
aguas del Océano Atlántico.

Parador de Baiona
Un balcón sobre las aguas del océano. Así podríamos definir el Parador del Conde de Gondomar, rodeado de agua por todas partes, levantado en la península de Monterreal como si de un faro se tratase. Es un alojamiento único, especial y singular, a medio camino entre fortaleza medieval y casa noble gallega. Las murallas aíslan el recinto, flanqueado por un bosque de pinos. La majestuosa escalera de piedra del recibidor aporta personalidad a un edificio de aire señoriales. Las habitaciones son espaciosas, sobre todo la 323, con cinco ventanales orientados hacia poniente, que permiten una impresionante vista sobre el monte donde se ubica el monumento a la Virgen de la Roca, que da nombre a la estancia. Tiene un salón privado y bañera de hidromasaje.

No te lo pierdas
Lubina con navajas en salsa de grelos, rodaballo a la parrilla y ternera de Moaña son algunas de las propuestas con sabor local que se pueden degustar en el Parador. Para los más golosos, dos opciones: filloas y tarta de Santiago. El restaurante tiene dos espacios: uno más clásico en el interior, con predominio de la madera, y otro en una galería con preciosas vistas del entorno.

El Parador de Pontevedra, en el casco histórico de la ciudad, es un antiguo palacio renacentista del siglo XVI.

El Parador de Pontevedra, en el casco histórico
de la ciudad, es un antiguo palacio renacentista
del siglo XVI.

Parador de Pontevedra
Este Parador gallego ocupa un palacio renacentista del siglo XVI que fue, en sus tiempos, residencia de los Condes de Maceda. Su ubicación no puede ser mejor, ya que se alza en el casco histórico de la ciudad, a pesar de lo cual mantiene innumerables referencias de ensueño rural. Distinguido, señorial e ilustre son tres calificativos que definen un interior donde abundan los detalles insignes, las antigüedades y el mobiliario de carácter regio. Una escalinata de piedra labrada da paso a unas habitaciones muy acogedoras, que acentúan en su decoración la impronta noble del lugar.

No te lo pierdas
Y después de disfrutar de toda la calma que ofrece su inolvidable jardín, pasemos al comedor, dotado también de mobiliario regio, acorde con el resto de las áreas comunes del Parador pontevedrés. Un restaurante de líneas clásicas y elegantes nos espera para comer y beber con sosiego. Es obligado probar las carnes y pescados de la zona, el pastel de grelos y gambas y el pulpo a feira, regado siempre todo con los incomparables albariños o los vinos de Ribeiro y tintos mencía. Son exquisitos.

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