Especial Paradores - Revista Viajar.es

Paradores en el Camino del Norte y el Primitivo

El Parador de Hondarribia ocupa un castillo fundado en el siglo X por el rey navarro Sancho Abarca.

El Parador de Hondarribia ocupa un castillo fundado en el siglo X por el rey navarro Sancho Abarca.

PARADORES DEL PAíS VASCO
Parador de Hondarribia

Sólo por asomarse a la terraza-galería de la primera planta y disfrutar de las vistas ya merece la pena alojarse en este Parador, que se amolda a las hechuras del castillo fundado por el rey navarro Sancho Abarca en el siglo X y reforzado muchos años después por el emperador Carlos V para impedir el asedio de los franceses del otro lado del Bidasoa. La panorámica sobre la costa francesa y el mar, que también se contempla desde las habitaciones, no es su único reclamo. También lo es su decoración, de claras reminiscencias de la época medieval, con lanzas, cañones, armaduras, forjados y artesonados que permiten al huésped retroceder en el tiempo con la imaginación. Destaca en este conjunto la piedra inmensa y desnuda que enmarca el bello patio.

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La habitación de la Reina María Cristina (la 301) es la más espaciosa del Parador. Su bóveda de piedra otorga a la estancia un toque de majestuosidad que, sumado a las vistas de Hondarribia y de la desembocadura del río Bidasoa que se ven desde la ventana, convierten la estancia aquí en una experiencia inolvidable. Cuenta con un salón en la parte superior y cama con dosel.

Parador de Argómaniz
Quienes se decidan a seguir el Camino Real que se adentra por las tierras del interior del País Vasco encontrarán en este Parador el mejor lugar posible para el descanso. Reabierto en verano de 2009 tras una profunda remodelación, vuelve a lucir con toda esa belleza que se le presupone a un palacio renacentista como éste, presidido por el escudo familiar de los Larrea. Desde él se domina el entorno natural de la llanura alavesa, la sierra de Gorbea y el pantano de Ullibarri Gamboa. Las estancias, suelos, mobiliario y otros detalles se benefician del encanto de la madera.

El Parador de Argómaniz es un palacio renacentista presidido por el escudo familiar de los Larrea.

El Parador de Argómaniz es un palacio
renacentista presidido por el escudo familiar de
los Larrea.

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La madera también está presente en el elegante restaurante del Parador, en el que se ofrece el más puro recetario tradicional. Estamos en tierras de buen comer, así que habrá que fijarse bien en la carta y acertar con la elección. No faltan los perretxikos (setas de primavera) ni los caracoles, comida típica –en revuelto– durante las fiestas del patrón de la provincia, San Prudencio, que se celebran el 28 de abril. De postre, una recomendación: goxua, bizcocho con crema, nata y caramelo.

PARADORES DE CANTABRIA
Parador de Limpias

Son continuas las peregrinaciones a la localidad de Limpias por ver su Cristo de la Agonía y también para acercarse a la cercana Ampuero para adquirir el campanu, primer salmón que se captura una vez abierta la veda. La gastronomía es uno de los pilares de este Parador, en cuyo restaurante se pueden degustar platos típicos de la zona –arroz con abacanto, guisotes de pochas…–. El buen comer sirve para relajarse después como auténticos reyes: no en vano estamos en el antiguo palacio de Eguilior, sede veraniega del consejo de Alfonso XIII. Construido en estilo rústico, destaca en él la mampostería de sus muros, los grandes balcones y su portalada historicista. El viejo palacio se comunica con otro edificio mucho más actual de inspiración montañesa.

Parador de Limpias.

Parador de Limpias

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No hay nada más reconfortante que pasear por los jardines que rodean el Parador, con una extensión de 55.000 metros cuadrados. La finca El Castañar envuelve el antiguo palacio: hay avellanos, robles… Un arbolado diverso y catalogado –algunos ejemplares son Patrimonio de la Humanidad– por el que caminar antes de disfrutar de un baño en la piscina.

Parador de Santillana Gil Blas
El Parador Gil Blas está formado por dos cuerpos. El más antiguo de ellos se corresponde con una casona-palacio, la de los Barreda-Bracho, construida entre los siglos XV y XVI, si bien su aspecto actual data de los años 20 del pasado siglo, tras la intervención en ella del conde Güel, mecenas de Gaudí. El portón de entrada precede a unas estancias espaciosas y diáfanas, con suelos de madera, muebles antiguos, camas con dosel y lámparas de forja. Las habitaciones disponen de grandes ventanales con vistas al jardín, lugar idílico donde preguntarse quién era ese tal Gil Blas. Nunca existió: es el protagonista de una novela picaresca del siglo XVIII de Alain-René Lesage.

El Parador Gil Blas ocupa una casona-palacio, la de los Barreda-Bracho, construida entre los siglos XV y XVI.

El Parador Gil Blas ocupa una casona-palacio, la
de los Barreda-Bracho, construida entre los siglos
XV y XVI.

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Por la habitación del Emperador –la 205– han pasado personajes históricos, como el general de Gaulle o los actuales emperadores de Japón. El suelo de madera y la chimenea, así como el mobiliario y los cortinajes, crean un ambiente especial. La terraza que se asoma al jardín nos envuelve en una atmósfera de tranquilidad sin igual, donde el verde paisaje del norte es el auténtico protagonista.

Parador de Santillana
No hay uno sino dos Paradores en Santillana del Mar. Justo enfrente del otro, en la plaza principal de la villa medieval, se ha incorporado un anexo para ampliar, así, el número de habitaciones. Un anexo, de nueva construcción, que se ha levantado al modo de una casona al más puro estilo cántabro, respetando la arquitectura típica de la zona y perfectamente integrada en el casco histórico de la localidad. Estancias confortables, con un agradable ambiente y vistas al jardín, ayudan al reposo de los huéspedes, en un edificio donde mandan la madera y los muebles antiguos.

El Parador de Santillana del Mar es una casona de nueva construcción al más puro estilo cántabro.

El Parador de Santillana del Mar es una casona de
nueva construcción al más puro estilo cántabro.

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Sea cual sea la época del año, la gastronomía cántabra es siempre contundente. El restaurante y el bar, ubicados en el Parador Gil Blas, ofrecen la oportunidad de degustar los platos más tradicionales de la zona, como son el imprescindible cocido montañés, el solomillo de añojo a la plancha en salsa de Tresviso, la merluza en salsa sobre espárragos verdes, la ensalada de anchoas o las almejas de Pedreña. Y, por supuesto, la gran especialidad de Santillana del Mar: la deliciosa quesada pasiega.

PARADORES DE ASTURIAS
Parador de Cangas de Onís

La tradición afirma que el monasterio de San Pedro de Villanueva fue fundado por el monarca Alfonso I El Católico en el año 746. Sobre él se construyó el actual edificio, que fue regido por la orden de San Benito hasta la Desamortización de Mendizábal en 1835. A él se le ha añadido un ala completamente nueva, con características arquitectónicas y materiales que respetan profundamente el entorno. Toda una joya, con habitaciones clásicas –las que dan al monasterio– y otras mucho más modernas, ornamentadas con tapizados alegres. En su restaurante se pueden degustar algunos platos indispensables del clásico recetario asturiano, como el pote, la fabada y el rape con salsa de oricios. Para regarlo todo, nunca falta, por supuesto, la tradicional sidra.

Las habitaciones clásicas del Parador de Cangas de Onís dan al monasterio de San Pedro de Villanueva, fundado en el año 746.

Las habitaciones clásicas del Parador de Cangas
de Onís dan al monasterio de San Pedro de
Villanueva, fundado en el año 746.

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Desde su claustro barroco –el mejor lugar para sentarse a leer un libro–, sus galerías y sus espacios comunes –algunos abovedados–, los clientes trazan el itinerario a seguir durante su particular Camino. Un hórreo de más de cien años, muebles de forja y piezas de orfebrería completan el rico patrimonio artístico del Parador de Cangas de Onís, que se refleja en las aguas del Sella.

Parador de Gijón
Un molino viejo centenario sirve de acomodo al Parador de Gijón, ubicado en el corazón de uno de los lugares más tranquilos de la ciudad, el parque de Isabel La Católica. La proximidad de la playa de San Lorenzo y del barrio marinero de Cimadevilla lo convierten en un lugar idóneo para disfrutar de una jornada inolvidable, pero también su precioso estanque, que aporta serenidad al huésped. Tras su fachada de color rojizo se abre un amplio y acogedor interior que se hace especialmente luminoso en las habitaciones, desde cuyas ventanas se intuye la cercana presencia del mar.

Un molino centenario situado en el apacible parque Isabel La Católica alberga al Parador de Gijón.

Un molino centenario situado en el apacible
parque Isabel La Católica alberga al Parador de
Gijón.

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La luz también resulta protagonista esencial en el restaurante del Parador de Gijón, con un gran ventanal que ofrece vistas al parque. La fabada es el plato estrella del comedor, si bien las fabes integran también otras preparaciones no menos tentadoras. En la carta destacan, además, la caldereta de marisco, la chopa a la sidra, el pote asturiano y la merluza con cocochas. El arroz con leche, los frixuelos y casadielles componen la muestra repostera que hará las delicias de los más golosos.

PARADORES DE GALICIA NORTE
Parador de Ribadeo

Hay que abrir bien los ojos para disfrutar de este idílico Parador de inconfundible aire marinero. Y es que las vistas que se obtienen casi desde cualquier rincón representan las principales señas de identidad de un establecimiento que encuentra acomodo en una típica casona gallega en la desembocadura misma del río Eo.
El Parador de Ribadeo es una típica casona gallega de inconfundible aire marinero en la misma desembocadura del río Eo.

El Parador de Ribadeo es una típica casona
gallega de inconfundible aire marinero en la
misma desembocadura del río Eo.

La ría y los pueblecitos asturianos que se asoman al otro lado conforman ese paisaje casi de postal que aporta calma al viajero. Alojarse entre las paredes de este edificio constituye la mejor manera de zambullirse en las tradiciones ribadenses de la forma más definitiva. Las habitaciones son acogedoras y muy confortables, y el jardín es ese punto de encuentro privilegiado desde el que los huéspedes pueden elegir qué hacer el resto del día.

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Las estupendas vistas también son uno de los principales reclamos del restaurante del Parador de Ribadeo, que ofrece una muy cuidada y bien resuelta cocina tradicional. Los vinos de la tierra sirven siempre para acompañar una cocina contundente y con mucho sabor, donde, por supuesto, nunca faltan la empanada, el lacón, los mariscos y el caldo gallego.

La torre medieval de los condes de Andrade alberga seis de las habitaciones del Parador de Vilalba, en Lugo.

La torre medieval de los condes de Andrade
alberga seis de las habitaciones del Parador de
Vilalba, en Lugo.

Parador de Vilalba
La villa lucense de Vilalba está dominada por la torre del homenaje del antiguo castillo de los condes de Andrade, título históricamente ligado al condado de Lermos. Y es ahí, en ese torreón de la Galicia medieval, donde se ubica el Parador, con seis habitaciones que comparten protagonismo con un salón con pinturas murales y escudos de armas. El resto de estancias hay que buscarlas en un nuevo edificio construido en piedra, al estilo de un pazo. Ahí encontramos el restaurante, donde el tradicional capón de la tierra es el rey de la carta. Una carta en la que tampoco faltan el lacón con grelos, la empanada de Raxo, la brocheta de ternera a lo Don Nuño y el queso de San Simón.

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En este Parador con historia no podía faltar una habitación como la de Don Manuel (302), en el torreón medieval. Aires de nobleza se respiran en la estancia, que cuenta con cama con dosel y un parladoiro original, espacio en el que los nobles discutían sobre sus batallas. Los techos pintados recuerdan esa tradición según la cual, cuanto más pintados estaban, más linaje poseía quien vivía bajo ellos.

Parador de Ferrol
En el mismo centro de la ciudad coruñesa de Ferrol se alza el Parador, que recrea en su imagen la esencia de una mansión gallega, con las típicas galerías acristaladas. La decoración muestra en estancias y espacios comunes elementos náuticos, como mapamundis, instrumentos de navegación y hasta un farol de barco que luce en la escalera principal del Parador.
El Parador de Ferrol, en el centro de la ciudad, recrea la esencia de una tradicional mansión gallega de galerías acristaladas.

El Parador de Ferrol, en el centro de la ciudad,
recrea la esencia de una tradicional mansión
gallega de galerías acristaladas.

Las habitaciones resultan muy espaciosas y están pintadas con tonos ocres y oscuros. Algunas disponen también de miradores y balcones, desde los que se contemplan unas magníficas vistas sobre el puerto ferrolano. El Parador constituye un perfecto centro de operaciones para concluir la ruta jacobea antes de alcanzar el destino final, la ciudad de Santiago de Compostela.

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El restaurante del Parador ofrece una variada muestra de la exquisita cocina gallega, amparada por unas vistas extraordinarias de la villa marinera. Sus platos más clásicos son el pulpo a la mugardesa, el rape a la coruñesa y la sopa ferrolana. La tarta típica de la villa –parecida a la de Santiago, pero con una capa de crema de castaña– es imprescindible.

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