DE RIBADEO A FERROL
Galicia Norte
Tanto si se sigue el trazado del Camino Primitivo como el más popular del Norte, la sensación es siempre la misma: la de la proximidad a Santiago. Cada vez queda menos para llegar, pero aún hay muchos sitios que visitar. Villas marineras, catedrales, templos románicos y paisajes de fábula nos aguardan.

El Alto del Poio, en Lugo, es la cumbre del Camino de Santiago en Galicia, a 1.337 metros de altitud.
El Camino Primitivo se adentra en las tierras de Galicia por el puerto del Acebo, que orienta los pasos hacia la primera gran ciudad lucense, Fonsagrada, la antigua Fons Sacrata que nació en torno a una fuente y a un hospital de caminantes. Desde allí la vieja calzada romana enfilaba hacia la ciudad de Lugo y se sumergía por un rosario de aldeas en su tramo más rural y desconocido.

La iglesia de San Nicolás, en la villa de Portomarín
(Lugo), de estilo románico, fue levantada por la
Orden de San Juan de Jerusalén.
Por fin, tras varias jornadas de bucólico y solitario transitar, el camino procedente de Oviedo se une al Camino Francés en Melide –muy cerca ya de Santiago de Compostela–, una villa donde existe un antiguo hospital de peregrinos hoy convertido en Museo. A partir de aquí los pasos de los que empezaron en Roncesvalles y los que iniciaron su aventura en la antigua sede del rey casto se unirán en uno solo.
Pero algunos de los que peregrinaban a Santiago de Compostela desde el reino de Asturias, para evitar sortear las difíciles montañas de Fonsagrada, preferían entrar en Galicia por el municipio de Ribadeo, cruzando luego la provincia de Lugo por Mondoñedo y Vilalba, y enlazando con los demás caminos en Melide, para seguir luego desde allí a Santiago. Esta variación del Camino Primitivo enlaza de nuevo con el Camino del Norte que bordea la costa, y ése es el que seguiremos de ahora en adelante.
Así pues, la primera parada es Ribadeo, situada en el lado occidental de la ancha ría del Eo. Nos encontramos en una localidad fronteriza, en la provincia de Lugo, por donde apetece siempre pasear para descubrir, uno a uno, sus monumentos: el palacio Municipal –de depurado estilo neoclásico–, la Torre de los Moreno –una casa de indianos con una evidente impronta modernista–, el convento de Santa Clara –que exhibe una iglesia medieval y un claustro del siglo XVIII–, la Aduana Provincial y, sobre todo, el fuerte de San Damián, del siglo XVIII, construido para defender el puerto y la entrada a la ría.

O Cebreiro.
El Camino cruza Ribadeo por el paso viejo de Lorenzana y enseguida comienza a subir hasta la localidad de Obe, donde se alza la ermita de Santa Cruz, desde donde se consigue una estupenda panorámica. Una vez aquí merece la pena replantearse un poco el trayecto y, en vez de seguir lo más recto posible hacia Vilanova de Lourenzá, desviarse un poco hasta las inmediaciones de Foz, para poder visitar la iglesia de San Martiño, que, aunque hoy es basílica, tiene el honor de ser la catedral más antigua que se conserva en España. Fue sede episcopal entre los años 870 y 1112 y por ella pasaron 15 obispos. El actual templo data de los siglos IX y XII, pero la factura original se corresponde con el prerrománico gallego. Se cree que la parte más primitiva coincide con el muro lateral izquierdo, que presenta tres ventanas de arcos abocinados, y la antigua puerta con arco de herradura.
Por el interior, y pegado al muro, vemos unas columnas sin capiteles, lo que podría indicar que éstas arrancaban del mismo techo. Ocupan un lugar destacado sus pinturas murales de los siglos XIV al XVI y el sepulcro del obispo San Gonzalo, en el que llama la atención un anillo de oro del siglo IX que contiene una piedra de cuarzo engarzada por cuatro cabecitas de ave con brillantes en los ojos.
Otras piezas para detenerse a contemplar son los once capiteles de los siglos VIII al X, que contienen elementos vegetales –los más antiguos– y escenas alegóricas. Junto a la iglesia se encuentra la fuente de A Zapata, que, según la leyenda, brotó a instancias de San Gonzalo al lanzar una zapatilla.

Albarracín (Teruel)
El arte es el gran protagonista del Camino y eso es lo que encontraremos también, mucho arte, en Vilanova de Lourenzá, donde habrá que detenerse con calma ante la fachada del monasterio benedictino de San Salvador, declarado Monumento Histórico Nacional. Diseñada por Casas Novoa, es algo así como el Obradoiro en pequeño. Dentro aguardan más sorpresas, como el Museo de Arte Sacro, que alberga esculturas de los siglos XVII y XVIII, piezas de orfebrería y joyería y una colección de pinturas en tabla con escenas de los milagros del conde don Osorio. Pero, ¿quién fue este conde? Ahí va su historia: don Osorio Gutiérrez, fundador del monasterio de San Salvador en el año 969, fue también peregrino a Tierra Santa, donde, según cuenta la leyenda, adquirió un extraordinario sarcófago del siglo V para su descanso eterno. Todos los años numerosos peregrinos acuden a tocar este sarcófago en una romería muy popular, la del Conde Santo, el último sábado de agosto.
Otras destacadas piezas del museo son el relicario de la sacristía en madera policromada, con 28 bustos relicarios de finales del siglo XVII, y una Inmaculada de la escuela de Gregorio Fernández.El Camino ahora se ha ido alejando poco a poco de la costa y atraviesa una zona cada vez más montañosa. Desde Vilanova de Lourenzá hay que seguir hasta San Pedro da Torre antes de entrar en Mondoñedo, capital de una de las antiguas siete provincias del Reino de Galicia y de la Mariña Central, que tiene como principal núcleo la plaza de la Catedral, donde confluyen todas las vías. El gran templo fue construido por el obispo Martiño entre 1230 y 1248 y conserva la puerta románica primitiva.
La fachada occidental posee un rosetón del siglo XIV de cinco metros de diámetro con vidrieras policromadas. Ya en su interior no hay que perderse sus pinturas murales góticas, las de la escuela de Rubens y los coros renacentistas y gótico-flamígeros, así como sus capillas interiores: en la del Santísimo Sacramento hay una Virgen de estilo Tudor traída de Londres en el año 1555.
También en las naves laterales de la Catedral se encuentra un interesante Museo de Arte Sacro, con una variada colección de piezas que incluye preciosos alabastros ingleses del siglo XV. Otros atractivos monumentales de la villa son el santuario de los Remedios –un hermoso conjunto barroco–, el antiguo Consistorio –construido en el siglo XVI y con un escudo de Carlos V en su fachada–, el Palacio Episcopal –anexo a la Catedral– y, por último, el seminario de Santa Catalina, un grandioso edificio cuyo origen se remonta a finales del siglo XVI.
Las villas de Gontán, primero, y Abadín, después, permiten que nos internemos ya en la comarca de la Terra Chá, cuya capital es Vilalba, una villa dominada por un torreón medieval del siglo XV, perteneciente al antiguo castillo de los condes de Andrade, hoy reconvertido en Parador. Más adelante están Baamonde, con una iglesia románica-gótica dedicada a Santiago, y Sobrados dos Monxes, con un monasterio cisterciense, que ya alcanza los diez siglos de historia. Su iglesia es de estilo barroco gallego y cuenta con dos capillas, la de la Magdalena y la de Nuestra Señora del Rosario. El peregrino se sorprenderá ante su magnífica fachada –obra de Pedro Monteagudo–, franqueada por dos grandes torres de base cuadrada almohadilladas y con los sillares tallados de figuras geométricas. Desde aquí se enlaza ya con Arzúa –donde se levanta la capilla de la Magdalena, de estilo gótico, hoy convertida en sala de exposiciones– y, por tanto, con el final del Camino Francés. Otra opción pasa por dirigirse a Ferrol y, de ahí, seguir hasta Santiago siguiendo los pasos del Camino Inglés.