Especial Paradores - Revista Viajar.es

DE CASTRO URDIALES A UNQUERA

Cantabria

Las cuatro villas marineras por excelencia de Cantabria –Castro Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera– son los puntos de referencia esenciales en este tramo del Camino del Norte que casi se abraza al mar. El arte gótico manda. El románico hay que buscarlo en las rutas del interior.

Los puertos cántabros fueron la alternativa cuando las grandes guerras interrumpieron el flujo de peregrinos desde Francia.

Los puertos cántabros fueron la alternativa cuando las grandes guerras interrumpieron el flujo de peregrinos desde Francia.

Aunque apenas existe documentación al respecto y el transcurrir de los años ha hecho que desaparezcan una gran parte de las huellas jacobeas, lo cierto es que el paso del Camino de Santiago por tierras cántabras viene de lejos. Incluso sus puertos llegaron a representar la alternativa preferente cuando las grandes guerras europeas interrumpieron el flujo de peregrinos desde Francia. En la actualidad es un tramo más del Camino del Norte, que emociona con unos paisajes donde se funde el azul del mar con el verde de las montañas.

Nuestro discurrir va a avanzar pues paralelo a la costa, sin perder de vista el Cantábrico. El collado de la Haya de Ontón es el primer núcleo a encontrar en la ruta, que se desvía después por Baltezana y el Alto de la Helguera hasta recalar en la localidad de Castro Urdiales. Fue la burguesía vasca la impulsora de la construcción de palacios y edificios modernistas que fueron convirtiendo a Castro, poco a poco, en un importante núcleo turístico. Sólo es necesario dar una simple vuelta por sus calles y su paseo marítimo para comprobarlo, aunque, sin duda, lo que más llama la atención siempre es su puerto, que está protegido por un promontorio rocoso donde se encuentra la gran joya del conjunto histórico-artístico de la villa: la iglesia de Santa María de la Asunción, el templo gótico más importante del norte de España. Es un edificio de planta basilical al que se accede por una escalinata flanqueada por dos torres. Su construcción data del siglo XIII, aunque tiene muchos refuerzos posteriores, como los arcos en voladizo del interior y los arbotantes externos. El juego de luces y volúmenes que se consigue en el interior es realmente notable, como lo son también el retablo del Cristo de la Agonía –obra de Zurbarán, en una de sus capillas–, la imagen de la Virgen con el Niño –gótica y en piedra policromada– y un Cristo yacente y un Ecce Homo que han sido atribuidos al taller de Gregorio Fernández.

Vista de la bahía de Santander

Vista de la bahía de Santander.

El Camino continúa abrazándose al mar por el barrio de Campijo, desde donde se puede subir a Allendelagua, con restos de una antigua fortaleza que perteneció a la Orden de los Templarios. Medievales son algunas de las construcciones de Cerdigo, que nos pone en la ruta ya de la ría de Ontañón, que se cruza hoy por el pontarrón de Guriezo, para ascender al monte Candina, donde se registra el único caso en España de una colonia de buitres asentada junto al mar. La ruta prosigue por Villaviad y Seña hasta alcanzar Laredo, cuyas rúas empedradas conservan algo del ambiente romero. Es ésta una villa de importante pasado histórico, con un activo puerto pesquero que une la playa de La Salvé con la Puebla Vieja, coronada por su monumento más valioso, la iglesia de Santa María de la Asunción. Comenzó a construirse en el siglo XIII con un claro planteamiento cisterciense, aunque fue cambiando de aspecto con el paso de los años. De su interior destacan el retablo de Belén, situado en el ábside de la nave del mismo nombre, obra esencial de la escultura flamenca, y la capilla de los Escalante, con su espectacular verja de hierro forjado.

Desde Laredo podemos desviarnos apenas unos kilómetros para acercarnos a la localidad de Limpias, conocida en toda Cantabria por la devoción al Cristo de la Agonía, con fama de milagrero. Se trata de una talla del siglo XVII en madera policromada y de gran realismo –atribuida a la escuela andaluza y traída por un vecino posiblemente de Cádiz– que se encuentra en la iglesia de San Pedro, un templo que consta de tres naves con bóveda de crucería gótica tardía y una bella portada de estilo herreriano.

Santillana del Mar

Santillana del Mar.

De vuelta ya al Camino, el itinerario debe proseguir en dirección a la ría de Treto, donde se alza, poderoso, su famoso puente, firmado por la factoría Eiffel, que sirve para unir las localidades de Adal y Colindres. Desde Montehano, una colina emblemática con un convento de capuchinos del siglo XVI, resulta fácil acceder a Escalante, un pueblecito que parece recién salido de un cuento, donde se alza la ermita de San Román, toda una joya del románico montañés, en el que brillan con luz propia las columnas cariátides del presbiterio, que representan a una Virgen sedente con niño y al abad San Román. Un hito más que no hay que perderse antes de llegar a Santoña. Al pie del monte Buciero, la iglesia de Santa María del Puerto constituye su principal seña de identidad. Fue levantada en el siglo XIII, reformada en el siglo XVI y cuenta con un retablo de San Bartolomé de la escuela flamenca en el tramo norte del crucero.

La siguiente villa marinera que forma parte del Camino es Noja, que, además de monumentos de interés –Casa de Venero, Palacio de Velasco…–, cuenta con un buen puñado de atractivos al aire libre: las marismas del Joyel y Victoria –reserva de un gran número de aves migratorias– y la magnífica playa de Trengandín, con un puente romano. El pueblo de Noja es bastante turístico, por lo que cuesta un poco encontrar la señalización de la ruta. La mejor opción consiste en seguir por la carretera de Castillo para pasar por la ermita de San Pantaleón, que mantiene algunos rasgos de tradición románica. Más antigua es la iglesia de Bareyo, construcción de una sola nave cuya cabecera y transepto de estilo románico se remonta a mediados del siglo XII y presentan una interesante decoración escultórica.

Nuestros siguientes objetivos son Güemes, Langre –con una preciosa playa abierta al mar– y Loredo, cerca del cual encontramos el santuario de Nuestra Señora de Latas, con un interesante retablo barroco con una imagen gótica de la Virgen. La localidad de Somo cierra, con su playa de El Puntal, la entrada de la bahía frente a la Magdalena, ya en Santander. Son muchos los reclamos turísticos de la capital de Cantabria, pero estamos haciendo el Camino, así que lo que se impone es una visita a su Catedral, construida entre finales del siglo XII y el XIV sobre un antiguo monasterio. En su interior se conserva la cripta del Cristo, de principios del siglo XIII, de un estilo gótico muy sobrio, con un hermoso crucifijo de madera policromada. Bajo el suelo del templo, protegido por un cristal, se pueden ver restos romanos.

Anchoas de Santoña

Anchoas de Santoña.

El itinerario jacobeo continúa por Santa Cruz de Bezana y Suances, en cuyas inmediaciones, en la playa de Ubiarco, aparece, incrustada en una gran roca, la ermita de Santa Justa, uno de los lugares de culto más antiguos de la costa cantábrica. El edificio actual es del siglo XVI, pero es más que posible que este santuario semirrupestre estuviera habitado mucho tiempo atrás por algún monje que, huyendo de los árabes, hubiera instalado en la cueva las reliquias de Santa Rufina y Santa Justa.

Apenas diez kilómetros bastan para recorrer la distancia que nos queda hasta la hermosa villa de Santillana del Mar. Los escudos blasonados de las casas construidas en piedra nos hablan de un lugar en otros tiempos poderoso, donde los hidalgos adornaban sus viviendas con muebles románticos, más bibliotecas o jardines con singulares plantas que fueron traídas expresamente de recónditos rincones del planeta.

Monumental e histórica es esta localidad, en la que destaca, junto al Parador, la colegiata de Santa Juliana, del siglo XII, una de las más importantes muestras del románico en Cantabria, con un precioso claustro que puede visitarse. Los capiteles historiados de las columnas de las galerías oeste y sur, junto con los motivos vegetales de las del norte, forman un conjunto escultórico de un gran valor. Cruzando la carretera que da acceso a Santillana del Mar se alza el Museo Diocesano, que fue instalado en el convento de Regina Coeli y cuenta con una importante colección de arte popular.

El último tramo de la ruta nos depara la visita a Comillas y su célebre Capricho firmado por Gaudí. La mejor vista de esta localidad y su entorno se consigue desde el mirador de la ermita de San Esteban, desde donde nos dirigiremos ya a San Vicente de la Barquera, una de las paradas del Camino de Santiago mejor documentadas, ya que conserva varios hospitales, como el de la Concepción, construido entre los siglos XIV y XVI, en el que encontraron refugio los caminantes que al hacer su camino hacia Occidente atravesaban la muralla por la conocida como puerta del Peregrino. La iglesia gótica de Santa María de los ángeles y el santuario medieval de la Barquera son otros hitos de relevancia. Unquera será la última villa de Cantabria por la que pasaremos antes de alcanzar ya las tierras del Principado de Asturias.

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Mapa de Cantabria

El Camino del Besaya

Existe otra ruta jacobea en tierras de Cantabria, vía de enlace entre las villas de la costa y el Camino Francés, con el que conecta en Carrión de los Condes (Palencia). Sigue en parte el trazado de la calzada romana de Bárcena de Pie de Concha, a 55 kilómetros de Santander, donde se alza la iglesia románica de los Santos Cosme y Damián. Continuaría por Reinosa y de ahí a Aguilar de Campoo. Sus principales hitos son Santiago de Cartes –ejemplo típico de fortificación alrededor del Camino– y las iglesias románicas de Santa María de Yermo, San Juan de Raicedo, La Serna, San Martín de Quevedo y la colegiata de Cervatos, con su magnífica portada.

El Parador de Limpias se asienta en el palacio de Eguilior, sede veraniega del consejo de Alfonso XIII. El Parador de Limpias se asienta en el palacio de Eguilior, sede veraniega del consejo de Alfonso XIII.

Parador de Santillana del Mar. Parador de Santillana del Mar.

Parador Gil Blas en Santillana. Parador Gil Blas en Santillana.

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