09 / 03 / 2010 Mariano López

La diosa tigre por Mariano López

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Pedro Ceinos explora en su obra la condición mítica del tigre en la literatura, el arte y la religión chinas.

Acabamos de entrar en el Año del Tigre. El horóscopo chino organiza la rueda de los tiempos en ciclos de doce años lunares, sometidos a la protección de los doce únicos animales que acudieron a la llamada de Buda, y este año, durante doce lunas, está dedicado al Tigre. Según la tradición, los nacidos en el año del Tigre tienden a ser agresivos, valientes, cándidos y sensuales, atributos que, según la misma fuente, encajan a la perfección en el perfil de los propios chinos. Así que no tiene por qué ser un accidente que este año de la Exposición Universal de Shanghái acabe revelándose como el gran año de China, el primer año de la nueva era del viejo tigre asiático.

 

El tigre no sólo apadrina uno de cada doce años del calendario: es un arcano de la mitología china, un símbolo fundacional. Pedro Ceinos, viajero, escritor, curioso, colaborador de esta revista desde su domicilio en Kumming, ya ha escrito varios libros sobre la mitología china y las tradiciones de los pueblos aún perdidos en las fronteras del Tíbet, y, ahora, en su nuevo, documentado y delicioso libro El tigre en China, imagen y símbolo (Miraguano Ediciones), explora la condición mítica del tigre en la literatura, el arte, la religión y las tradiciones chinas. Según Ceinos, el tigre es, junto al dragón, el símbolo más poderoso y fecundo de la inmensa China. La primera imagen de un tigre que se conoce en el gigante asiático tiene más de 6.000 años. Apareció en Poyang, al este del país, estaba formada por conchas de un molusco de río y acompañaba el costado de un cadáver en cuyo otro flanco dormía la imagen de un dragón. El tigre simbolizaba el oeste; el dragón, el este, y, también, la primavera y el otoño, y el ciclo eterno de la vida.

 

El tigre blanco y el dragón verde fueron las primeras imágenes del yin y el yang, los principios del taoísmo que luego expresaría el diagrama taiji, el círculo que lleva inscritas las dos gotas, negra y blanca, que se oponen y se complementan de un modo que simboliza la evolución del mundo. En el lenguaje del yin y el yang, el tigre es yin. Es una diosa. Pertenece al lado femenino y misterioso de la existencia, a los territorios de la sexualidad y la eterna transformación. El oro, la riqueza, el viento y el otoño también se enredan con este universo simbólico.

 

El tigre es, también, el dios del oeste, el guardián de las puertas del paraíso. El cielo está formado por nueve niveles ascendentes, cada uno comunicado por una puerta, cada puerta vigilada por un tigre. El tigre destruye y el tigre crea. En lo uno lleva el germen de lo otro. Es, por tanto, el mayor de los guerreros y el gran protector. En la antigua China se creía que si una persona caía enferma era porque había ofendido a un espíritu. Nada mejor para protegerse del espíritu maligno que recurrir a los grandes poderes del tigre: los huesos de la cabeza, molidos y asados y tomados con té y agua, protegían contra las pesadillas; las garras, contra la debilidad.

 

El tigre puede enseñar a la gente a buscar tranquilamente lo que necesita en su vida. Ceinos ha encontrado en el tigre un motivo para viajar por los territorios de los naxi, los ba y los yi, las minorías que creen que el tigre es el origen de todas las cosas del mundo. Entre las gentes que inspiraron la leyenda de Shangri-La, Ceinos cuenta que aún se venera la figura del botsong, el chamán que puede convertir a las personas en tigres. Ceinos es un espíritu nómada, apasionado por los mitos y la aventura. Su nuevo libro trata de símbolos y creo que de viajes. Es un buen libro que invita a explorar otros mundos, a mirar, como Marco Polo, a las entrañas de la milenaria China y a confiar en que el nuevo año mejorará los anteriores. Todo eso se encuentra escrito desde hace siglos. Donde pensó Borges, donde aseguran los mitos chinos. En las rayas del tigre.

 

 

 

 

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