Temps de flors y la llegada de la primavera en Girona

Noemí Casquet
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Foto: Noemí Casquet

Huele a flores y a lluvia en el Call Jueu de Girona. Los carteles se aglomeran por la capital y Temps de flors – o Tiempo de flores en castellano - está presente en cada rincón. Los sentidos son los grandes protagonistas en esta celebración, acentuados por la música, las obras artísticas y la combinación de olores y colores que renuevan los rincones de esta ciudad. Eso sí, siempre con un componente en común: las flores. Calles, balcones y escaparates se llenan de flores para celebrar la gran fiesta de la primavera, donde se reúnen varios artistas y más de mil voluntarios, quienes se encargan de sorprender a los visitantes durante los 9 días que dura la festividad.

Todo ambientado en un escenario de ensueño, Girona, una de las ciudades más impresionantes de Cataluña, cuyas calles han sido decorado de películas como El Perfume o de series internacionales como Juego de Tronos.

La magia que se vive durante esta festividad atrae a un gran número de personas, y lo que para mucha gente puede ser una fecha clave para visitar Girona, para otros puede ser “el peor momento”, tal y como me advierte el recepcionista del hostal donde me alojo. Y sí, se vuelven un tanto agobiantes las largas colas que se forman para ver las exposiciones florales que adornan la ciudad; “sobre todo el primer fin de semana, que es cuando las flores están frescas y son más bonitas”, me informa el recepcionista.

Noemí Casquet

Hoy es viernes y ando con cierta facilidad por los callejones, atenta a todos los pequeños detalles que se me escapan. Si parpadeas, te lo pierdes, a pesar de llevar un mapa que me han proporcionado en la Oficina de Turismo y que más tarde, vería constantemente en las entradas a las exposiciones florales más importantes. Hasta 156 puntos oficiales dentro de esta edición, sin tener en cuenta los escaparates y las casas particulares que se unen a la festividad y decoran con cierta delicadeza sus balcones y ventanales.

Gemma es la dueña de Taller 925, una tiendecita dedicada a la joyería artesanal. “Me he inspirado en el cicloturismo, cada vez más presente en la ciudad. De ahí que veas ruedas de bicis y flores en mi escaparate”, asegura. Me sorprende la pegatina que hay en la esquina derecha del cristal. “Cada año se realiza el concurso de escaparates. El ganador se escoge mediante votación popular y un jurado especializado. ¿El premio? Un certificado”, dice Gemma, quien asegura que esta fiesta incrementa la venta en los comercios considerablemente.

¿Será una invención consumista para atraer a más turistas? Temps de flors se celebra desde 1954 cuando se llevó a cabo el I Concurso de Exposición Provincial de Flores. Se trataba de un concurso de ramos de flores y plantas que duraba un fin de semana y donde podía participar quien quisiera. Esto significó un soplo de aire fresco para los ciudadanos de una ciudad duramente bombardeada durante la Guerra Civil y donde, a día de hoy, se siguen encontrando restos de metralla. Como el concurso tuvo muy buena aceptación se volvió a celebrar al año siguiente. Y al siguiente. En los años setenta se formó la Asociación de los Amigos de las Flores en Girona y no fue hasta los años noventa cuando el ayuntamiento formó parte de la organización. Desde entonces, turistas nacionales e internacionales se acercan para presenciar una festividad nacida hace 63 años y que sigue suponiendo un soplo de aire fresco para la ciudad, o al menos, para los comercios.

Noemí Casquet

Hora de comer. Temps de flors ofrece menús y especialidades ‘#Gastroflors’ en las cuales, las flores son el ingrediente destacado. Una multitud de propuestas gastronómicas tan originales como el gintonic o mojito de rosas, o la ensalada de flores. Pero Laura, una chica ‘gironina’ a la que pido recomendación culinaria, me advierte que “los restaurantes aprovechan la fiesta para ofrecer un menú más caro y sin ninguna relación con las flores. Lo ideal sería que innovasen integrando las flores en los platos pero a veces, no es así. En la mayoría encuentras un menú convencional por 25€”.

Visito los rincones imprescindibles como la Catedral, decorada con espejos y mimbre; los Baños Árabes, donde la música y las orquídeas están presentes; la iglesia de Sant Feliu, en cuyo interior se exponen los ganadores del concurso de flores y ramos; o la Plaça dels Jurats, con una gran rosa de los vientos realizada con diversas flores. Exposiciones artísticas embriagadoras para todos los sentidos, donde la vista y el olfato son los protagonistas, eclipsados, en ocasiones, por el factor ideológico y actos reivindicativos que motivan las obras.

Girona es una de las ciudades abiertas a la acogida de refugiados sirios, en cuyos balcones podemos ver un gran “” y frases como “Volem acullir” (Queremos acoger). Es por eso que un número elevado de exposiciones reflejan la crueldad e injusticia que se está viviendo actualmente en las aguas del Mediterráneo. No es la única manifestación. A lo largo de la ruta podemos encontrar varios arcoíris realizados con flores para reivindicar los derechos de la comunidad LGTBI+.

Noemí Casquet

Durante los días que dura Temps de Flors, se celebra de forma paralela el X Festival de Girona A Cappella, donde se reúnen algunos de los grupos a cappella más importantes a nivel nacional e internacional. Esta festividad coincide, además, con la Noche de los Museos, por si se necesitan más excusas para quedarse todo el fin de semana.

Suena My Way interpretada por los cuatro miembros del grupo 4GAMI, mientras las personas reunidas en la Plaça de la Independència miran al cielo con cierta preocupación. Charlo con varios habitantes sobre la festividad, quienes me aseguran que este año “está muy flojo y apenas hay flores”.

Empieza a oscurecer y tras la cena, sigo visitando los monumentos y las obras florales abiertos hasta las 22:00 horas. Las primeras gotas de lluvia no tardarán en llegar y, aunque en un principio parecía una falsa alarma, el diluvio universal que se produjo a continuación hizo que Girona se quedara en la total y absoluta soledad.

Me perdí por sus callejones, descubriendo pequeños rincones llenos de flores mojadas y de riachuelos serpenteando por las escaleras adoquinadas. Y la noche cayó y yo seguí caminando, por esas calles nacidas en pleno siglo XIV y que acogen la gran fiesta de la primavera gerundense.