Tailandia sin playa

Tailandia es uno de los destinos exóticos del mundo por excelencia.

Sara Acosta Díaz
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No sólo de pan vive el hombre ni sólo de sus playas vive Tailandia. Aunque cuando se piensa en el país asiático lo primero que venga a la cabeza sean sus paradisíacas playas de agua cristalina y arena blanca -que haberlas haylas y muchas-, Tailandia es mucho más. Es un país con unas raíces culturales firmemente arraigadas que han hecho de la conservación de su cultura y sus costumbres su seña de identidad, desde el Bangkok más cosmopolita hasta el pueblo más remoto.

Bangkok, su capital con más de 8 millones de habitantes, es una ciudad que no deja de sorprender a cada paso y en cada visita. En sus calles se encuentran impresionantes templos como el Wat Arun o el Wat Pho, donde además se ubica la Escuela de Medicina Tradicional Tailandesa y Escuela de Masajes, considerada la primera universidad del país. A la vez, enormes edificios modernos en los que las azoteas son un atractivo imprescindible para el visitantes se levantan por doquier. Uno de ellos es el hotel Banyan Tree Bangkok que acaba de cumplir un cuarto de siglo en más que buena forma y donde en la planta 61 se ubican el restaurante Vértigo y el Moon Bar ofreciendo una panorámica de la ciudad que deja sin aliento.

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En Bangkok, y gran parte de Tailandia, los puestos de masaje callejeros se contraponen a lujosos centros de masaje, los mercados como el de Chatuchak a centros comerciales de lujo como el Siam Paragon, los hostales de la calle Khao San Road a los hoteles de Silom Road o Rattanakosin. Porque es un país en el que hay de todo y para todos, con un hilo conductor: la eterna sonrisa  y orgullo y respeto por su cultura como pocas sociedades del mundo.

Es cierto que esto no siempre ha sido así y que se han cometido barbaridades como el robo de cabezas de Buda para la venta ilegal pero parece que lo están enmendando. Prueba de ello son los parques históricos de Ayutthaya, Sukhothai o Si Satchanalai en los que pasear entre chedis y antiguos palacios construidos entre los siglos XIII y XVI, durante el antiguo reino de Siam, del que formaban parte, además de Tailandia las actuales Laos y Camboya.

Estos parques históricos se encuentran al norte de Bangkok, en dirección a Chiang Mai, la principal ciudad del norte de Tailandia y son parada indispensable si se quiere conocer un poco más de la cultura tailandesa. Todos ellos están en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y a través de sus ruinas narran la historia del único país del Sudeste Asiático que nunca ha sido colonia europea. Este hecho le ha permitido conservar durante siglos una autonomía gubernamental sin igual a su alrededor a la vez que se nutría de influencias de otras culturas como la china, la india, la francesa, la inglesa o la portuguesa.

Volviendo al reino de Siam, es la Ciudad Histórica de Ayutthaya la que se encuentra más cerca de Bangkok -a poco más de 80 km- por lo que incluso se puede visitar en una excursión de un día desde la capital tailandesa. Ayutthaya fue durante cuatro siglos la capital del reino de Siam hasta que en el siglo XVIII fue invadida por los birmanos. De esta grandiosa urbe, que llegó a albergar más de un millón de habitantes, se pueden visitar las ruinas de templos y stupas repartidas en un área de 15 km² por lo que es aconsejable hacerlo en algún medio de transporte (bici, tuk tuk, coche).

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Aunque Ayutthaya fue más importante, en realidad la Ciudad Histórica de Sukhothai fue la primera capital del reino durante 140 años entre los siglos XIII y XV y donde surgió el primer alfabeto thai. Actualmente cuenta con un pequeño y coqueto aeropuerto que acoge vuelos desde Bangkok lo que hace el trayecto mucho más cómodo y rápido. En cuanto al parque, sus pequeñas dimensiones y su forma rectangular hace que visitarlo en bici o a pie sea cómodo y plausible en pocas horas, aunque es recomendable ver el atardecer entre los templos. ¡Todo un espectáculo!

En cuanto a Si Satchanalai, es una de las "ciudades históricas asociadas" a  Sukhothai declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y un remanso de paz donde la cuidada vegetación da la bienvenida. Con un tamaño reducido, se puede visitar a pie aunque lo más llamativo de este parque son que algunos de sus monumentos datan del siglo XIII y están construidos en laterita -barro con óxido de hierro para endurecerlo-.

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Tailandia es Bangkok y sus ciudades históricas pero sin duda también es sus pequeñas aldeas como Ban Na Ton Chan, en la provincia de Sukhothai, donde el visitante vive una experiencia de inmersión en la cultura tradicional tailandesa. Aquí la ropa se sigue tiñendo a la vieja usanza con barro y tintes naturales, la madera se sigue tallando como antaño y las plantaciones de mango, long kong o lima siguen funcionando como hace décadas. En bici o en tractor, una jornada en este pueblo se hace imprescindible para conocer a fondo la forma de vida de los tailandeses.

Otra de los imprescindible es la ciudad de Lampang, a poco más de una hora de Chiang Mai, donde se puede observar a la perfección la mezcla de culturas que ha acogido Tailandia durante siglos. En este sentido la calle Thanon Talad Gao es un interesantes ejemplo de mezcla de estilos en la arquitectura. Y es que la mayoría de sus edificios datan de de principios del siglo XX, y a la espera de ser declarada Patrimonio de la Humanidad, son una mezcla de estilos chino, europeo y birmano.  

Lampang es una escapada perfecta desde Chiang Mai, segunda ciudad del país y al que ya se puede volar desde España con Qatar Airways. Esta ciudad es tranquilidad y relajación, un lugar al que escaparse desde la bulliciosa capital del norte lleno de curiosidades donde la más descabellada es que se pueda recorrer en coche de caballos. El templo Blanco de Chian Rai -copia del original-, el Wat Pratu Pong -un templo en teca tallada en estilo jemer con más de 800 años de antigüedad- y la propia Thanon Talad Gao son tres de los lugares que se hacen imprescindibles en Lampang.

De vuelta a Chiang Mai, lo primero que llama la atención de ella es su extensa muralla de 720 años de antigüedad que rodea la parte antigua de la ciudad, a la que se accede a través de varias puertas. En su interior, todo un laberinto de callejuelas alberga algunos de los templos más importantes, como el Wat Pra Sin que además es un centro de formación de monjes y en cuyo interior se encuentra la imagen de Buda más importante y antigua de la ciudad, además de una capilla anexa de 700 años.

Pero si de templos hablamos, es el Doi Suthep, en una colina a 20 km de Chiang Mai, el más importante de la zona por albergar parte de las cenizas de la cabeza de Buda. Este templo es un importante centro de peregrinación para los budistas y hasta él se accede en un funicular o a través de unas magníficas escaleras jalonadas por dos serpientes. Una vez arriba, una stupa dorada del siglo XIV domina el resto de construcciones por las que se puede pasear. Además, del templo en sí, las impresionantes vistas de la ciudad son todo un espectáculo.

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Otro de los atractivos de Chiang Mai son campos de elefantes o elephant care center, lugares que recogen y cuidan elefantes abandonados en la selva tras no servir para los propósitos de sus dueños por su avanzada edad o por no poder mantenerlos. Para estos centros la visita de turistas se hace imprescindibles para la conservación y manutención de los paquidermos que pueden llegar a comer el equivalente a 1000 dólares en un día.

Uno de ellos es el campo de elefantes de Maesa, el más grande del norte de Tailandia y en el que viven 88 elefantes, aunque las 20 personas que pueden entrar cada día sólo pueden disfrutar de la compañía de 12 de ellos. Durante la visita un guía explica cómo es la vida de los elefantes y el visitante ayuda al cuidado de estos mamíferos gigantes haciendo su comida y dándolos de comer, bañándolos y paseándolos por la selva, pero su monta está prohibida. Sin duda, una experiencia difícil de olvidar y ¡sin playa!