7 secretos templarios

Desde el castillo de Monzón hasta el de Jerez de los Caballeros, exploramos los lugares más emblemáticos de esta orden misteriosa y secreta. Sobre los Templarios se han vertido ríos de tinta, pero en realidad, siguen siendo un misterio.

Irene González
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Foto: Ed-Ni-Photo / ISTOCK

Según las crónicas, la orden de los Pobres Soldados de Cristo, se funda tras la Primera Cruzada. Al principio tenían su sede en Jerusalén, en las ruinas del templo de Salomón, y de ahí que estos insólitos monjes guerreros fuesen llamados caballeros templarios. Los templarios eran expertos guerreros, tenían códigos secretos, y se daban las órdenes en silencio, solo con sigilosos movimientos, para no alertar al enemigo. Mitad frailes, mitad guerreros, los caballeros de la Orden del Temple, fundada en Francia en alrededor de 1120, debían proteger a los peregrinos de camino a Jerusalén. Y aunque tenían esa misión, fueron pioneros como financieros, y como exploradores del conocimiento. Sobre 1130 ya cabalgaban por lugares cargados de magia de la Península Ibérica.

En ellos dejaron en la piedra sus marcas de cantero, círculos solares, la cruz paté, laudas sepulcrales con alegorías, y una gran historia borrada de los libros. La historia de la Orden del Temple en España es una gran desconocida, sobre los que gravitan muchas preguntas sin respuesta. Utilizaban signos zodiacales, elementos antropomórficos y vegetales, formas geométricas, lacerías y dameros, y el bestiario casi infinito que está presente en numerosos hitos del románico, y el gótico español. Su influencia en nuestra historia solo es rastreable a través de las inscripciones en iglesias, templos y castillos, donde los elementos artísticos de sus construcciones medievales, tenían una profunda intención simbólica y, nunca una función puramente ornamental.

Desde estas encomiendas los templarios administraban muchos bienes, servían como puestos de vigilancia y defensa contra los musulmanes. Realizaron sus propias incursiones en Andalucía, y sobre todo en Extremadura, donde el Temple llegó a tener una de las mayores concentraciones de villas y fortalezas de toda España. Hasta que en 1306, por orden de Felipe IV de Francia, la Orden se prohibió. Los Templarios llegaron a poseer ochocientos castillos por toda Europa, y en España, más de cien, muchos en ruinas o desaparecidos. Además de innumerables iglesias y monasterios. Y aun así, no quedan rastros bibliográficos de su presencia en nuestro país. Su desaparición sigue siendo un gran misterio.