San Francisco, 50 años del Verano del Amor

San Francisco está de celebración, y si hay una ciudad que sabe pasárselo bien en Estados Unidos, esa es la ciudad del Golden Gate. En 1967, miles de jóvenes de todo el país llegaron al barrio de Haight-Ashbury para fraguar el movimiento hippie. Fueron días de proclamas pacifistas, rock lisérgico y amor libre. Los Grateful Dead, Janis Joplin y Jimi Hendrix vivían en sus casas victorianas. Este episodio estival marcó al país para siempre.

David Granda
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Foto: Gonzalo Azumendi

Los vecinos del barrio eran los Greateful Dead, Janis Joplin, Jimi Hendrix, el icono beatnik Neal Cassady. Tipos como el escritor Ken Keasey eran habituales. Los alquileres eran baratos. Los estupefacientes, accesibles. Las radios emitían una y otra vez San Francisco (Be sure to wear flowers in your hair). El experimento estaba servido. La ciudad iba a protagonizar en 1967 un episodio único en la historia de Estados Unidos. Si en Filadelfia, la primera gran ciudad americana, donde se firmó la Declaración de Independencia en 1776, se pueden encontrar el primer banco de Estados Unidos, la primera universidad y la primera oficina postal, en San Francisco se pueden encontrar el primer bar abiertamente gay, el primer club de striptease y la librería más carismática del mundo. San Francisco es la capital americana de la contracultura. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, casi cada década ha protagonizado movimientos desafiantes contra los cánones sociales establecidos.

En los años 50, el barrio de North Beach fue el hogar de la generación Beat, de los Kerouac, Ginsberg, Burroughs, Cassady... En los 60, las casas victorianas de Haight-Ashbury alumbraron el nacimiento del movimiento hippie, con su flower power y su pasión lisérgica. En los 70, Castro se convirtió en el primer barrio gay del mundo y uno de sus vecinos, Harvey Milk, fue el primer político que reconoció abiertamente su condición homosexual. El momento cumbre de los años 60 fue el Verano del Amor de 1967. Fue un verano que comenzó en enero. Ese mes se celebró el Human Be-In en el parque Golden Gate de San Francisco, un evento en el que participaron bandas de rock como Jefferson Airplane, poetas como Allen Ginsberg y Lawrence Ferlinghetti y el evangelizador del LSD Timothy Leary. En junio llegó el Monterey Pop Festival y una peregrinación de más de cien mil jóvenes convergió en el circo psicodélico de Haight-Ashbury. El fenómeno hippie se fraguó con rock lisérgico, amor libre, proclamas pacifistas contra la guerra de Vietnam y mucha droga.

Artistas en comuna

Ayudó que las casas victorianas de Haight-Ashbury que hoy nos parecen tan encantadoras y tan inaccesibles (estimen que un discreto apartamento de una habitación ronda un alquiler de 3.400 dólares mensuales), en los años 60 les parecían feas a los vecinos de la ciudad, frías, incómodas, con una entrada franqueada por una escalera con un ángulo demasiado alto para las caderas desgastadas. Los hippies disfrutaban de alquileres que hoy son utópicos, unos 200 dólares mensuales. Y la compartían hasta veinte personas.

Janis Joplin vivió en el 635 de Ashbury Street (bueno, y en una veintena de casas más, incluso en un barco; era mucho mejor intérprete que compañera de piso e inquilina). Los Grateful Dead vivían en comuna con Neal Cassady a dos pasos de la casa de Janis Joplin, en el 710 de Ashbury Street. Los bajos alquileres permitían que se dedicaran exclusivamente a su trabajo como artistas. Enfrente, en el 719, tenían su domicilio estable los Ángeles del Infierno. La casa de Jimi Hendrix se suele situar en el 1524A de Haight Street. El paseo por el barrio ofrece un bestiario de direcciones ilustres. Pero también hay lugares como Amoeba Music, la tienda más grande de vinilos alternativos del mundo. Quizá la mejor. Ocupa el espacio que antaño albergaba una bolera. También es un local de música en vivo y un lugar para hablar de rarezas musicales con los veteranos del vecindario. Si el nuevo SFMOMA (Museo de Arte Contemporáneo de San Francisco) abruma con sus 33.000 obras de arte, Amoeba almacena cientos de miles de discos de géneros inimaginables.

El Verano del Amor fue el fin del verano del amor que vivía el hippismo, que acabó dispersado en comunas y granjas fuera de San Francisco. La publicidad abusiva y la masificación de un movimiento que se autogestionaba alegre en el anonimato le dejó sin oxígeno. La tumba se la puso otro de los vecinos populares de Haight-Ashbury. Charles Manson tenía su casa en el 636 de Cole Street, paralela a Haight Street. Su apariencia de hippie y su empleo de las drogas para lavar el cerebro de las muchachas californianas que siguieron su causa salpicaron al fenómeno hippie. Tras el macabro asesinato de la actriz Sharon Tate en 1969 la sociedad americana azuzó la presión policial. Y en los años 70 y 80 llegaron drogas duras como el crack que convirtieron Haight-Ashbury en un barrio deprimido y peligroso.

Ciudad de emblemas

La ciudad ha mutado desde entonces. Como si los rescoldos se negaran a apagarse, cada 20 de abril se celebra el festival Hippie Hill en el Golden Gate Park, una fiesta consagrada a la diosa marihuana. El consumo recreativo callejero está prohibido, pero esa jornada se ven las fumarolas a distancia y la Policía levanta la mano y se guarda las sanciones para otro día. La ciudad mantiene los emblemas de los tranvías de cremallera de Union Square, el puente Golden Gate (la idea original es que el puente fuera pintado con rayas negras y amarillas para asegurar su visibilidad ante los barcos, no con el rojo bermellón que luce ahora, considerado Naranja Internacional por la industria aeroespacial; cuesta imaginarlo), el presidio de Alcatraz, Harry El Sucio, la playa de Baker Beach y las colinas urbanas donde se rodaron en tiempo real, por primera vez en el cine, las espectaculares secuencias de persecución de Steve McQueen al volante de  su Mustang verde en la película Bullit.

La fiebre de la contracultura

North Beach es el barrio para seguirle la pista a la Generación Beat. Tiene ya su museo, el Beat Museum, fundado por una pareja de groupies del movimiento con manuscritos originales, fotos y efectos personales de Jack Kerouac, Allen Ginsberg y Gary Snyder. El cercano Caffe Trieste era uno de sus lugares habituales y también del cineasta Francis Ford Coppola, que escribió en sus mesas el guión de una de las mejores obras de la historia del cine, El Padrino. Los escritores beatniks, generosos aficionados al alcohol, se dejaron buena parte de sus recursos en Café Vesuvio, hasta tal punto que la calle que San Francisco le dedica a Kerouac arranca en su misma puerta. La Jack Kerouac Alley es una callejuela pintada con murales que conecta dos barrios tan genuinos como North Beach y Chinatown. Justo enfrente del Vesuvio, en el 261 de Columbus Avenue, se encuentra el baluarte donde se gestó todo y que conserva su identidad intacta: la majestuosa librería City Lights Books, fundada por el poeta beat y editor Lawrence Ferlinghetti en 1953. Ferlinghetti, que todavía es su propietario, es un neoyorquino de cuna que reconoce que eligió San Francisco porque era la única ciudad de EE UU donde se podía comprar buen vino a buen precio. La fiebre de la contracultura en San Francisco se desató cuando publicó el poemario Howl and Other Poems, de Allen Ginsberg, y fue detenido por obscenidad. El editor ganó el juicio, que sirvió para que todos los estadounidenses supieran qué era eso del movimiento beat. Los beatniks y la ciudad californiana contaron con una impagable campaña de publicidad en todos los medios. City Lights Books permanece en el establecimiento original y sus tres pisos de literatura están abiertos cada día hasta la madrugada. La planta superior aún conserva una vieja mecedora junto a un ventanal con vistas a los patios traseros del alma de San Francisco. Un cartel manuscrito en inglés proclama: “Coge un libro y siéntate”.

Gonzalo Azumendi

En este perímetro tan literario deslumbran los neones del Condor Club por la noche. Una inusual placa conmemorativa recuerda que se trata del lugar de nacimiento del primer club de striptease del mundo. Con detalles: primer topless, 19 de junio de 1964; primer desnudo integral, 3 de septiembre de 1969; protagonista, Ms. Carol Doda. “Donde empezó todo”, presume en caja alta el club.

Neal Cassady fue la figura que inspiró el personaje de Dean Moriarty, protagonista de la novela totémica En el camino. Cassady convivió con Kerouac en los 50 y con los Greateful Dead en su casa de Haight-Ashbury en los 60. Él, que fue amante de Ginsberg, seguramente habría completado la ruta de la contracultura en Castro, pero falleció en 1968 y no tuvo tiempo de mudarse de barrio. Castro tiene los pasos de cebra pintados con el arco iris. Es el barrio gay de Estados Unidos por excelencia. En la esquina del 401 de Castro Street está la Twin Peaks Tavern, el primer bar que decidió no opacar los amplios ventanales para que desde la calle todo hijo de vecino viera lo que estaba ocurriendo dentro. Y que lo que ocurría no tenía por qué alarmar a nadie.

Hoy las cosas han cambiado bastante en San Francisco. La gentrificación (elitización residencial) ha subido los alquileres hasta situarla como la ciudad más cara para vivir (más incluso que Manhattan, que es una ciudad cara dentro de esa ciudad cara que es Nueva York). Donde antes estaban Grateful Dead, Janis Joplin y los hippies, hoy despuntan los cuarteles generales de empresas tecnológicas como Twitter, Uber, Spotify, LinkedIn y Airbnb. Algunos son nostálgicos, como el músico Wes Leslie, que preferiría que la burbuja tecnológica reventara para devolver a San Francisco su identidad contracultural única. Otros se quedan con el San Francisco punto com del siglo XXI. Pero seguro que en 2017 todos se acordarán del Verano del Amor.

Una escena gastronómica única

San Francisco tiene más restaurantes por habitante que cualquier otra ciudad importante de EE UU. Está rodeada por los viñedos de Napa Valley, huertos y granjas. Tiene a sus puertas el Océano Pacífico, y la bahía de San Francisco es el estuario más importante de la costa noroeste del continente americano. Las posibilidades son infinitas. En Fisherman’s Wharf, en el mismo muelle donde toman el sol los lobos marinos, el Pier 39, se encuentra el restaurante Fog Harbor Fish House, el establecimiento indicado para apostar por una mariscada californiana con vistas al presidio de Alcatraz y, un poco más al fondo, el puente Golden Gate.

Gonzalo Azumendi

El mejor almuerzo dominical, el brunch, se sirve en Palm House, en el 2032 de Union Street, paralela a Lombard Street, la antesala perfecta para darse un paseo por el bosque urbano de Presidio, un paraje de pinos y eucaliptos con la mejor estampa del puente Golden Gate.

Para dar buena cuenta de una hamburguesa gourmet hay que pasarse por The Dorian, en el 2001 de Chestnut Street, Marina District, también cerca de Presidio. Hamburguesas y whiskies, porque su carta abarca desde bourbon hasta escoceses, japoneses, canadienses, irlandeses y un buen catálogo de rarezas.

Más céntrico, en 845 de Market Street, cerca de Union Square, el lugar comercial por excelencia, está TAP(415). Se encuentra en la cuarta planta de un centro comercial y representa al típico restaurante americano, con hamburguesas, ensaladas y productos de granja, además de una entusiasta carta de cervezas artesanales de San Francisco.

Como ocurre en otras ciudades estadounidenses, San Francisco protagoniza desde hace unos años un auténtico boom por la cerveza artesanal, un fenómeno que cuenta incluso con su propio festival, la San Francisco Beer Week, muy recomendable para los que se pasen por la ciudad en el mes de febrero. En el área de la bahía trabajan hasta cien pequeñas fábricas de cerveza artesanal.

Sin salir de Union Square, en 20 Cosmo Place, Le Colonial evoca la atmósfera de Vietnam durante el periodo colonial francés. Un ambiente exótico y cuidado, muy diferente al San Francisco rutinario, con una cocina que subraya el estilo del establecimiento con la fusión de clásicos vietnamitas y franceses.

En SOMA district, Twenty Five Lusk es un restaurante elegante de nueva cocina americana ubicado en un edificio histórico construido hace justo un siglo, en 1917. El establecimiento recibe el reconocimiento tanto de los aficionados a la buena mesa como de los amantes de la arquitectura. Gastronomía creativa, productos de temporada y carta de vinos internacionales y de Napa Valley.

Por último, un representante de una de las cocinas más valoradas en San Francisco, la japonesa. El Ozumo, en Embarcadero, es una versión sofisticada y de altas miras de la típica taberna o izakaya japonesa.

Gonzalo Azumendi

33.000 obras en el nuevo SFMOMA

El Museo de Arte Moderno de San Francisco (SFMOMA) abrió de nuevo sus puertas la pasada primavera tras más de tres años de obras y una inversión de 300 millones de dólares. Inaugurado en la ciudad californiana en 1935, el nuevo edificio de diez plantas ha triplicado el espacio expositivo y atesora obras que exigen al visitante una dedicación mínima de media jornada. Sus distancias abruman. En sus 16.000 m2 de salas de exposición hay 33.000 obras de arte.

El SFMOMA se ha transformado en el museo estadounidense con la mayor extensión consagrada al arte moderno y contemporáneo. Muestra trabajos de Alexander Calder, Frida Kahlo, Jackson Pollock, Richard Serra, Paul Klee y Andy Warhol, entre muchos otros, además del Pritzker Center for Photography, un espacio privilegiado para la fotografía con casi 18.000 imágenes que van desde los orígenes del formato en 1839 hasta la actualidad. El museo, situado en el barrio de South of Market (SoMa), está recubierto de 7.000 paneles de fibra de vidrio teñidos de un color blanco que le otorgan una imagen difícil de olvidar. Un blanco, dicen, inspirado en la famosa bruma que cada mañana oculta el puente Golden Gate.