Pirámides, tesoros y el mejor cebiche de todo Perú en su Ruta Moche

La Ruta Moche es un nuevo recorrido turístico de Perú combinable con Machu Picchu. Se extiende por toda la franja desértica costera al norte de Lima y recorre singulares yacimientos arqueológicos de las culturas preincaicas que habitaron ese área. La Ruta Moche desvela grandes pirámides, reliquias, momias y enigmáticos recintos, así como bellas ciudades coloniales como Trujillo, además de centros de veraneo donde hacer surf sobre la ola más larga del mundo y comer el mejor cebiche del Perú.

José Manuel Novoa
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Foto: Viajar

En 1911, cuando el profesor estadounidense Hiram Bingham dio a conocer al mundo la existencia de la Ciudadela Sagrada de los incas, no podía suponer que Machu Picchu se convertiría en uno de los iconos mundiales del turismo. Machu Picchu recibe unos 2.500 visitantes diarios. Muchos turistas llegan a Perú solo para conocer esta Ciudadela Sagrada. No visitan otras regiones. Por eso, el Ministerio de Turismo peruano está en la labor de habilitar otros recorridos para alargar la estancia de los viajeros extranjeros que acuden a la llamada de Machu Picchu. Este país, casi tres veces mayor que España, tiene muchos más lugares arqueológicos que visitar. Uno de estos recorridos alternativos de reciente creación es la Ruta Moche. Un viaje por la costa norte del país, que comienza en la ciudad de Trujillo, a unos 560 kilómetros al norte de Lima, y termina en la ciudad de Lambayeque, 200 kilometros más al norte. El nombre de moche viene de la cultura de los mochica, la principal civilización que habitó en los valles de la costa entre los siglos I y VI, aunque en la Ruta se pueden visitar sitios arqueológicos de otras culturas datadas hasta en 5.000 años de antigüedad.

Trujillo es una de las ciudades más bonitas de Perú. Llamada La ciudad de la Eterna Primavera, por su clima benigno, fue fundada por el español Diego de Almagro en 1535. Su nombre hace honor al lugar de nacimiento de Francisco Pizarro en Extremadura. La peruana Trujillo es la tercera ciudad más importante del país. Sus casonas coloniales atestiguan su importante pasado. Fue en dos ocasiones capital política del Gobierno peruano. Actualmente está considerada como la capital de la cultura y la ciudad del color. Las fachadas de sus casas están pintadas de rojo, azul y amarillo, como su catedral, ubicada en una esquina de la enorme Plaza de Armas. Los numerosos edificios del Virreinato lucen balcones de madera artesonada y ventanas con rejas blancas de fundición de característico diseño trujillano. Es la capital de la Marinera, el baile mas típico del Perú. También son famosos sus Caballos de Paso, que realizan extraordinarios ejercicios de doma y acompañan a la mujer en el Baile de la Marinera.

El norte del país tiene fama por su gastronomía. En Trujillo se pueden degustar los tradicionales platos de cocina criolla. El arroz con pato, el cabrito, el cebiche o el shambar, típico cocido del norte, son algunos de los guisos estrella de esta ciudad. Alrededor de Trujillo hay importantes yacimientos arqueológicos de las culturas chimú y moche.

A medio camino entre las playas de Huanchaco y la ciudad, las ruinas de Chan Chan hablan del pasado glorioso del imperio chimú. Posiblemente sea la ciudad de barro más grande del mundo. Su construcción se inició hacia el año 850. En su época de expansión, sobre el 1300, llegó a tener entre 60.000 y 100.000 habitantes y una extensión de 20 kilómetros cuadrados. El imperio chimú ocupó toda la costa norte peruana. Chan Chan fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1986. Los muros del sector norte estaban profusamente decorados con altos relieves. Era la zona de los palacios de los gobernantes, los edificios administrativos, los templos y las plazas monumentales, y también de los almacenes de grano y los aljibes que se abastecían de 160 pozos de agua. Las aves y los peces son los motivos más repetidos en la decoración de los muros, en los que también están representadas sus embarcaciones, los Caballitos de Totora, que todavía son utilizados por los pescadores de la región. Son canoas confeccionadas con juncos de totora, que, una vez cortada y secada al sol, adquiere una dureza flexible que la hace resistente e impermeable. Los pescadores ponen a prueba su equilibrio cabalgando las olas con la más antigua de las técnicas del surf. Seguramente, hace dos mil años los habitantes de estas costas fueron los primeros surfistas de la historia. Unas costas que atraen hoy a surfistas de todo el mundo. En Huanchaco, a unos diez kilómetros de Trujillo, se celebra todos los años el campeonato mundial de longboard. Las artes ancestrales de navegación de los pescadores locales se mezclan con  las modernas técnicas deportivas del surf. Posiblemente este lugar fue la cuna del cebiche, el plato nacional del Perú: pescado y marisco macerado con limón y picante. Hay estudios que sitúan el origen del cebiche en el 200 a.C. Huanchaco tiene fama de ser el sitio donde se prepara el mejor cebiche del país.

 A escasos kilómetros de Trujillo se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la cultura moche, con dos pirámides: la Huaca del Sol, quizás la pirámide más grande construida por los moche, de uso político, militar y administrativo, y la Huaca de La Luna, mucho más pequeña, considerada como la capilla sixtina del arte mochica y que era de uso ceremonial y religioso. En el patio ceremonial de la Huaca de la Luna una decoración con murales policromados representa las ceremonias de sacrificios humanos, sus deidades y su cosmogonía. En la fachada lateral están representados los combates rituales. Los moche no luchaban masivamente. Cada ejército o facción designaba a un guerrero que los representaba en la lucha y combatía en zonas sagradas del desierto. Si el vencido no moría en la lucha, el vencedor le despojaba de sus ropas y  armas y, a modo de trofeo, las colgaba de su maza de combate. Luego, los vencidos eran conducidos al templo, donde eran sacrificados con los honores propios de los nobles.

Siguiendo el circuito de la Ruta Moche hacia el norte por la Panamericana se llega hasta el complejo arqueológico de El Brujo, cercano al pueblo de Magdalena de Cao. En la primavera del 2006 se dio a conocer al mundo el extraordinario hallazgo que realizó el arqueólogo Régulo Franco en este santuario. En la pirámide de Cao Viejo encontraron un fardo funerario prácticamente intacto, junto a la osamenta de una adolescente estrangulada. Era la tumba de la primera mujer gobernante que se ha encontrado, a la que se empezó a llamar La Señora de Cao. Su cadáver no había sido sometido a ningún proceso de momificación. Era una momia natural. Su estado de conservación era sorprendente. Antes del descubrimiento de la tumba de La Señora de Cao no se pensaba que la mujer pudiese ocupar puestos de relevancia en una cultura tan antigua, y menos que llegase a ostentar el poder. Actualmente la momia de La Señora de Cao se exhibe en la cámara del tesoro, en el museo del complejo arqueológico de El Brujo.

La Ruta Moche sigue hacia la costa norte, entre la cordillera de los Andes y el Pacífico, una franja desértica de entre 50 y 150 kilómetros de ancho. Uno de los lugares más secos del planeta. Acosados por las dunas existen espacios naturales de bosques secos, como el de Cañoncillo, una reserva de más de 1.300 hectáreas poblada por unos cien mil algarrobos, cuya madera era utilizada por los moche por sus cualidades de dureza y perennidad. Sus tres lagunas son el hábitat de numerosas especies de aves. Cerca de aquí se encuentra la pequeña ciudad colonial de San Pedro de Lloc. Su bella iglesia preside la Plaza de Armas. En su fachada dos estatuas representan a San Pedro y San Pablo. El reloj central es una pieza única traída desde París. A pocos kilómetros está Puerto Chicama, donde se origina la ola más larga del mundo. Puede llegar a los dos metros y medio de altura y a los dos kilómetros de longitud. Vienen surfistas de todo el mundo. La mayoría de las playas son salvajes, poco urbanizadas, y ahí es donde reside parte de su encanto. Los pueblos son pequeños y muy cuidados. En casi todos hay antiguas casas de la época colonial.

La Ruta asciende hasta Pacasmayo, la principal ciudad de la región. Esta ciudad fue prácticamente destruida durante la guerra con Chile, aunque todavía se pueden apreciar algunas de sus construcciones de la época colonial, así como el muelle construido en el siglo XVIII. Cerca de Pacasmayo se abre la ruta hacia la lejana Cajamarca, otra región con un vasto patrimonio histórico y arqueológico.

La “Sevilla del Perú”

El recorrido sigue hasta la ciudad de Zaña. Las ruinas de sus iglesias hablan de opulencia y belleza, del esplendor que la consagró como una de las ciudades más lujosas del Virreinato, pero también son el testimonio del saqueo de los piratas, de la fatalidad y de su destrucción. La Sevilla del Perú, como la llamaban, se encuentra en el valle de Zaña, de tierras fértiles. Tuvo un gran desarrollo económico por sus ingenios de azúcar. Considerada también la Potosí del Norte, contaba con edificios coloniales, siete iglesias de grandes dimensiones y se embelleció la ciudad con materiales traídos desde la metrópoli. Tanta riqueza atrajo a los piratas, que saquearon la ciudad en varias ocasiones. En 1686, el belga Edward Davis la asaltó ferozmente, y poco después, el corsario Francis Drake arrampló con lo poco que quedaba. Por si eso fuera poco, en marzo de 1720 el río Zaña se desbordó y la destruyó definitivamente.

La Ruta Moche lleva hasta Chiclayo, la capital de la región de Lambayeque, la ciudad más importante del norte y la cuarta más poblada del país. Con cinco museos arqueológicos y una veintena de excavaciones, cada día es más frecuentada por visitantes. Es famoso su variopinto Mercado de Brujos. En una zona del Mercado Central varias calles están dedicadas a los remedios medicinales. Hierbas, ungüentos y preparados para curar casi todo, en especial las enfermedades que tienen su etiología en las creencias mágicas y las supersticiones. En esta región norteña, la creencia en la brujería, el curanderismo y la medicina tradicional está muy arraigada. Muchas de las ceremonias que todavía se realizan aquí son una réplica de las que oficiaban los chamanes moche hace dos mil años. El cactus de San Pedro es esencial en estas prácticas. De la cocción de su pulpa extraen la mezcalina, un poderoso fármaco visionario que permite a quien lo bebe atravesar el umbral de la realidad y sumergirse en otra dimensión de su existencia. Son ritos de carácter sincrético, donde se mezclan santos católicos con deidades ancestrales y objetos de poder. En las mesas de los chamanes siempre estarán presentes algunos cráneos de momias y objetos recuperados de las tumbas milenarias. En los puestos del mercado pueden informar de alguna ceremonia nocturna. Merece la pena asistir.

A 10 kilómetros de Chiclayo se llega a la excavación arqueológica de Ventarrón, un templo de casi cinco mil años de antigüedad. Aquí se han descubierto los murales policromados más antiguos de América. Es un templo construido con masas de barro (aún no fabricaban ladrillos de adobe). El arqueólogo Nacho Alva, hijo de Walter Alva, el descubridor de la Tumba del Señor de Sipán, continúa con los trabajos de excavación. Este lugar sigue siendo un enigma. Siguiendo la Ruta se llega hasta las pirámides de Huaca Rajada, en Sipán. Parecen colinas sin vegetación, pero no son colinas, son pirámides moche construidas con millones de ladrillos de adobe. Los mochica construían con métodos antisísmicos, por medio de bloques con juntas de dilatación. En las pirámides de Huaca Rajada se emplearon 88 millones de ladrillos de adobe. Es el territorio con más pirámides del mundo: se cuentan hasta 300.

El Señor de Sipán

En la primavera de 1987, el arqueólogo Walter Alva realizó uno de los más importantes descubrimientos de las últimas décadas: la Tumba del Señor de Sipán. Fue el primer gobernante moche que se hallaba. La noticia de este hallazgo dio la vuelta al mundo. Su ajuar funerario era espectacular: contenía ornamentos de oro, plata, cobre y piedras semipreciosas, cetros de poder, collares, orejeras, narigueras, emblemas militares, pectorales de chaquiras, protectores cósales, sonajas, coronas, diademas y cientos de vasijas de barro con ofrendas. Era la primera vez que se encontraba una tumba tan importante con su contexto funerario intacto. Desde 1987 hasta ahora se han descubierto 16 tumbas en la plataforma funeraria de Huaca Rajada. Todas pertenecientes a personajes de la elite moche: gobernantes, príncipes, sacerdotes, jefes militares y guerreros. Recientemente se ha inaugurado el Museo del Sitio, en la propia excavación.

Al norte de Sipán, el circuito Moche lleva hasta la Reserva Ecológica de Chaparrí. Fue creada por iniciativa del fotógrafo Heinz Plange y el ecologista Bernie Pleyton, especialista en especies en peligro de extinción, como los osos de anteojos. Es la única especie de oso que vive en el continente americano. Se caracteriza por su pelaje negro y las irregulares manchas de color amarillento en el pecho y especialmente en la cara (de ahí su nombre). Es un animal fuerte, tímido y pacífico. En Perú hay en la actualidad entre 400 y 500 osos de anteojos. Otras especies en peligro de extinción que habitan en la reserva son el gato montés, la garza real, el cóndor andino y el tigrillo, el cual se creía extinto. Es un paraíso para las aves, entre las que destacan la pava aliblanca y los colibríes. La reserva cuenta con un albergue construido de la forma tradicional, con ladrillos de adobe y mimetizado con el paisaje del bosque seco. Todos los servicios del hotel se sustentan en fuentes de energía renovable.

El Bosque Sagrado

Al sur de Chaparrí se entra en el Bosque Sagrado de Pomac, otro ecosistema protegido de bosque seco, con algarrobos milenarios. Algunos ejemplares ya estaban aquí cuando los moches venían a cazar los venados con sus trampas de redes. Varias pirámides de la cultura sicán o lambayeque, posterior a la moche, se elevan como colosos por encima de la inmensidad verde del bosque. En una de ellas se encontró la tumba del Señor de Sicán, que fue enterrado de una manera singular: con las piernas cruzadas y cabeza abajo. Hay que ascender hasta el enclave arqueológico de Túcume, compuesto por 26 pirámides de las que muy pocas se han excavado. La de mayor tamaño tiene 450 metros de longitud, 100 de anchura y 40 de altura. El proyecto arqueológico de Túcume comenzó en el año 1989 gracias a la gestión del biólogo y geógrafo noruego Thor Heyerdahl, que en 1947, con su balsa Kon Tiki, navegó 8.000 kilómetros desde Perú hasta las Islas Marquesas, demostrando que los antiguos peruanos pudieron llegar a la Polinesia. Cerca de aquí, en la ciudad de Ferreñafe, se encuentra el Museo Sicán, de obligada visita. En sus vitrinas se exponen espectaculares trabajos de orfebrería de los lambayeque.

Desde este punto de la Ruta Moche se puede viajar a la tierra de los chachapoyas. Una región de ceja de selva que fue habitada por esta misteriosa cultura, que depositaban a sus difuntos en sarcófagos situados en las paredes verticales de los acantilados. Todavía no se sabe con certeza cómo lo pudieron hacer. De vuelta a la costa se llega a Huaca Chotuna, 95 hectáreas de zona arqueológica donde se han descubierto pirámides, palacios, patios, templos, estancias habitacionales y tumbas de los lambayeque o sicán, que ponen de manifiesto la importancia que tuvo esta cultura entre los siglos VIII y XIV. Un poco más al sur se recala en la ciudad de Lambayeque. Aquí se encuentra uno de los mejores museos de América, el de Tumbas Reales de Sipán, el sueño del arqueólogo Walter Alva. Alberga los tesoros encontrados en las tumbas de la plataforma funeraria de Huaca Rajada. Solamente el ajuar funerario del Señor de Sipán lo componían 600 piezas. También se expone una colección importante de cerámica moche, fundamental en el estudio de esta cultura que no escribió, pero que plasmó en la iconografía de la cerámica sus usos y costumbres. Aquí finaliza un recorrido de cinco mil años por la historia de los antiguos pobladores del Perú. Un viaje en el tiempo que ayudará a comprender algo más de la enigmática y desconocida historia de la América precolombina.