Malta, templaria y mediterránea

A medio camino entre Europa y África, en Malta la Historia está tan presente como la hospitalidad de sus gentes. El archipiélago disfruta de un clima suave todo el año y atesora un destacado patrimonio arquitectónico y monumental. A ello suma el azul de sus aguas cristalinas y una intensa oferta gastronómica y de ocio.

Esther Rodríguez Andreu
 | 
Foto: ISTOCK

Tierra de gentes humildes y arraigadas costumbres religiosas, el archipiélago está integrado por dos islas mayores, Malta y Gozo, y tres islas menores: Comino, Comineto y Fifla. Este es un territorio marcado por la impronta de las civilizaciones más importantes de la Historia. Su estratégica ubicación, al suroeste de Sicilia y muy cerquita de la costa de Túnez, la convirtieron en objeto de culto de todos los pueblos que querían controlar las rutas comerciales por el Mediterráneo. Ruinas, fuertes, palacios y construcciones megalíticas constituyen un legado que transporta a épocas pretéritas y que envuelve al viajero en una atmósfera cuajada de misterio. Pero es su alma templaria lo que distingue a Malta de otros destinos turísticos importantes de Europa. Gobernada durante casi tres siglos por los caballeros de la Orden de San Juan, transformados posteriormente en caballeros de la Orden de Malta, su herencia se percibe en cada uno de sus rincones. Gran parte de las ciudades y monumentos que hoy adornan el entramado urbano, especialmente en La Valeta, la capital, fueron construidos por estos caballeros. Considerados héroes en la Europa cristiana por su defensa de las islas en 1565 del catalogado como Gran Asedio Turco, permanecieron en Malta hasta que fueron expulsados por el ejército de Napoleón. Malta fue después un protectorado británico durante 160 años, de ahí la gran influencia inglesa en sus costumbres y tradiciones. En la actualidad, las Islas Maltesas –Malta, Gozo y Comino– son tan conocidas por sus sitios arqueológicos declarados Patrimonio de la Humanidad como, o quizá más, por sus rincones elegidos como escenario de películas como Troya, Gladiator, Munich, El Conde de Montecristo, Vicky el Vikingo, Ágora o la serie de televisión Juego de Tronos.

 

Mosaico de historia, ocio y cultura

 A pesar de su tamaño, apenas 246 kilómetros cuadrados, Malta cuenta con muchos reclamos turísticos. Constituye, junto con Gozo, uno de los mejores destinos del Mediterráneo para la práctica del submarinismo. La capital del archipiélago, La Valeta, fue mandada construir por el Gran Maestre Jean de La Vallette en 1565 tras el Gran Asedio Turco. Construida “por caballeros y para caballeros”, tal como la definió el novelista Sir Walter Scott, constituye uno de los mejores ejemplos de ciudad fortificada del Mediterráneo. A su gran riqueza monumental suma una intensa oferta gastronómica y de ocio. Dos días son suficientes para degustar con sosiego el sabor de vida maltés. Para tomarle el pulso a estas tierras es imprescindible deambular por las callejas empedradas de la ciudad, deteniéndose a degustar un tentempié en algunas de sus concurridas plazas o dejándose embrujar por el misticismo de las muchas iglesias que pueblan la capital barroca. Imprescindible es la visita a la Concatedral de San Juan, impresionante muestra de arquitectura barroca donde se celebraban las ceremonias de la insigne Orden. Una de sus joyas más sobresalientes es la colección del maestro Caravaggio, que residió en Malta durante unos meses. Su obra más destacada aquí es La decapitación de San Juan Bautista, que preside el oratorio de la Concatedral. Especial atención merecen también los mármoles del suelo, sus paredes talladas en piedra y sus capillas decoradas en oro.

Un paseo por La Valeta debe dirigir sus pasos hacia el Palacio Presidencial, sede del Parlamento, el Teatro Manoel, el Albergue de Castilla La Mancha y Portugal y los Barakka Gardens, desde donde se contempla una panorámica del gran puerto natural de Malta, flanqueado por las murallas de Las Tres Ciudades y de La Valeta. Las Tres Ciudades son conocidas también como Cottonera. Su artífice fue el gran maestre Nicolás Cottoner y están integradas por Vittoriosa (antigua capital de Malta), Senglea y Copiscua. Este es un lugar primordial para bucear en las entrañas de la Europa barroca y en los orígenes históricos de este archipiélago. Las Tres Ciudades son un conglomerado de fortificaciones donde se hunden las primeras huellas de la Orden de Malta. Una de las experiencias más recomendables es vislumbrar el trasiego del Gran Puerto de La Valeta desde uno de sus múltiples miradores. El puerto ofrece el espectáculo multicolor de las luzzu, las barcas de pescadores pintadas en colores vivos, amarillos, azules, rojos y verdes, y a cada lado de la proa el Ojo de Osiris. Esta decoración proviene de una antigua costumbre fenicia, que también practicaban los griegos: los ojos del dios alejan los malos espíritus y dan buena suerte a los pescadores.

ISTOCK

En el sudeste de la ínsula, la localidad pesquera de Marsaxlokk traslada al visitante cómo es la vida en un pueblo de pescadores. Si se llega en domingo, no hay que perderse el mercado tradicional. Cerca de Marsaxlokk se encuentra la Gruta Azul, una sucesión de cuevas marítimas esculpidas en escarpados acantilados que frenan un mar intensamente azul. Las cuevas se pueden visitar en barcas que se adentran en su interior. Una ruta por el sur de Malta tiene también parada obligada en los hermosos templos de Hagar Qim, declarados Patrimonio de la Humanidad y construidos entre los años 3600 y 3200 a.C. Emplazados en la cima de una colina, el complejo cuenta con un templo principal y tres estructuras megalíticas. Dedicado a la diosa de la fecundidad, la construcción principal custodia el único altar del Mediterráneo en el que están representados los símbolos de la reproducción femenina y los de la masculina. Y cerca de aquí son visita ineludible los acantilados de Dingli, en la costa occidental maltesa.

Mdina y Rabat, la herencia árabe

Adentrarse hacia el centro de la isla de Malta desde la costa occidental acerca a dos ciudades fundadas por los árabes cuya visita merece una jornada completa. Las urbes amuralladas de Rabat y Mdina son un viaje en el tiempo hacia el medievo. Antigua capital de la isla hasta que los templarios decidieron despojarla de tal honor en favor de La Valeta, Mdina es conocida también como La ciudad del silencio. Se trata de uno de los enclaves más fascinantes de Malta debido a su monumentalidad. Iglesias, monasterios y palacios medievales decoran cada rincón de la antigua capital. Anexa a Mdina se levanta Rabat, denominada así por los árabes porque era la zona suburbial de Mdina. Capital de la isla durante la dominación árabe, no es tan espectacular como Mdina, pero sus catacumbas de St. Paul y St. Agatha se conservan en condiciones óptimas y permiten conocer la época de la dominación romana y su persecución a los cristianos. En las afueras de la muralla se encuentra la cueva que, según la leyenda, escondió durante tres meses al apóstol San Pablo.

Los amantes del bullicio encontrarán su sitio en localidades como Sliema o St. Julians Bay. Esta última está atestada de estudiantes de que vienen a aprender inglés en algunas de sus numerosas escuelas. Su bahía cuenta con infinidad de restaurantes y bares.

ISTOCK

Tranquilidad y sol en Gozo y Comino

Fragosos acantilados, valles escarpados, playas de arena rojiza, bahías de color turquesa, iglesias barrocas, templos megalíticos y diminutos pueblos configuran la fisonomía de Gozo, una isla que huele a limón, olivo y naranjo. Se llega en ferry o en helicóptero. Con apenas 67 kilómetros cuadrados, en este lugar el tiempo cobra otra dimensión, de ahí que la ninfa Calypso la eligiera como lugar de residencia. Visita ineludible para los amantes de la mitología es la denominada Cueva de Calypso, donde Ulises permaneciera preso de su amor durante siete largos años. Muy cerca se erigen los impresionantes templos megalíticos de Ggantija, que datan del año 3600 a.c y están considerados como las construcciones megalíticas más antiguas del mundo. Y hay que acercarse hasta la famosísima Ventana Azul, imagen internacional de Malta, en la zona de Dwejra. Entre titánicos acantilados se eleva sobre aguas cristalinas esta gigante y espectacular roca natural formada por la erosión del agua y el viento. Y oculto tras los acantilados descansa el Mar Interior, unido por un estrecho túnel con el Mediterráneo. Si el mar está en calma, se puede tomar una barca para atravesarlo y llegar a mar abierto bajo la Ventana Azul. La capital de la isla es Victoria, aunque antiguamente se denominaba Rabat. Desde sus murallas se contempla toda la isla. El Palacio Obispal, las cárceles y la Catedral de Santa María, construida por el arquitecto maltés Lorenzo Gafa entre 1697 y 1711, son sus monumentos más representativos.

Comino es la más pequeña de las islas maltesas habitadas. A ella acuden cientos de turistas cada día para disfrutar de un baño en su Laguna Azul, una paradisíaca bahía conectada por ferry desde Malta y Gozo. Practicar submarinismo o caminar por sus senderos repletos de comino y tomillo son las principales actividades que ofrece este diminuto enclave mediterráneo cuyo nombre deriva de la conocida especia.

Un singular idioma maltés

Uno de los rasgos distintivos más característicos de Malta es su singular idioma. Aunque comparte oficialidad con el inglés, se trata de una lengua utilizada por más de 300.000 malteses. Cuando se escucha por primera vez es imposible discernir si la lengua es de raíces semíticas, latinas o anglosajonas. Hechas las averiguaciones, se constata que es una lengua de origen semítico que sigue las reglas gramaticales del árabe. Además, su vocabulario mezcla palabras de origen italiano, siciliano, árabe e inglés. La influencia inglesa en el archipiélago se debe a los 160 años que Malta fue protectorado de Inglaterra. Una influencia muy marcada también en las costumbres y tradiciones de estas islas, donde, por ejemplo, se conduce por la izquierda. Asimismo, tanto en el sistema jurídico como en la administración se aplica el modelo británico y su oferta de cursos para aprender inglés es interminable.