Lucerna y el lago de los Cuatro Cantones

Es uno de los lugares más bellos y cautivadores de Europa y del mundo. El soberbio lago de los Cuatro Cantones, en la Suiza Central, atesora naturaleza, encanto, historia y paisajes, e invita a tranquilas excursiones en barco y tren hacia las montañas que lo envuelven. Su ciudad de referencia es la cosmopolita Lucerna, cuna de la Confederación Helvética y referente del corazón y el alma de Suiza. 

Luis Uribarri
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Foto: RudyBalasko / ISTOCK

A un solicitante le denegaron la nacionalidad suiza porque no le gustaba el sonido de los cencerros de las vacas. Una razón muy sencilla y quizá algo banal para quienes no conocen bien el país. Para convertirse en suizo hay que entender bien el carácter suizo, que es algo más que ordenado, puntual y serio. Cada suizo lleva dentro un montañero, y también un guerrero. Fueron los mejores mercenarios de Europa durante los siglos de dominio español, de ahí que los Papas eligieran a la Guardia Suiza para su protección personal. Y tienen más sentido del humor del que se imagina. Luis Carandell, primer director de la revista VIAJAR entre 1978 y 1983, y suizo consorte desde 1955, ya advertía a los viajeros españoles de la dificultad ibérica para entender la ordenada complejidad suiza, a la vez que les aconsejaba "quitarse la idea absurda de que Suiza es un país aburrido", y les animaba a que visitaran el país y se divirtieran.

El carácter y la identidad suiza actual comenzó a forjarse a finales del siglo XIII en el gran lago de los Cuatro Cantones, ubicado en la región central del país. De origen glaciar, el lago tiene más de 30 kilómetros de largo por 20 de ancho, 140 kilómetros cuadrados de superficie y es uno de los más bellos de Europa. Sus orillas bañan los cuatro cantones que le dan nombre (Lucerna, Uri, Schwyz y Unterwalden, hoy dividido en los semicantones de Obwalden y Nidwalden) y también al cantón de Zug. Suiza se llama así por el cantón de Schwyz. Este lago es sinuoso, con grandes lenguas que se internan en valles. Fluye desde la ciudad de Lucerna hasta la localidad de Flüelen, donde el río Reuss entra en el lago Urner, su brazo más meridional.

En la zona más abrupta del lago se sitúa parte de la historia y la leyenda del héroe nacional suizo, Guillermo Tell. Fue en esta zona donde Guillermo escapó del barco del tirano Gessler para conseguir su libertad y la de todo el pueblo suizo. En el sector septentrional del lago se localizan las cotas más altas de la región, el monte Pilatus (2.120 metros) y el monte Rigi (1.797 metros), objeto ambos de dos excursiones muy recomendables.

En la Suiza Central se fraguó el juramento de la Eterna Alianza para la defensa mutua que sellaron los pueblos de Uri, Schwyz y Unterwalden y que fue el germen de la Suiza actual. Fue tras la heroica resistencia de Guillermo Tell contra la tiranía de la Casa de Habsburgo. Hay varias versiones sobre la leyenda del arquero que se contradicen con hechos históricos, pero nadie en Suiza duda de la veracidad de sus acciones, incluida el certero disparo contra la manzana en la cabeza de su hijo y el posterior flechazo al corazón del tirano Gessler. El dramaturgo alemán Friedrich Schiller inmortalizó la leyenda en su famoso drama. Conocida la muerte del tirano, se produjo entonces, alrededor de una hoguera próxima al lago, año 1291, el citado juramento de alianza de los tres cantones, el Bündnis der Waldstätte, que renovaron años más tarde, el 7 de noviembre de 1307, en el Prado de Rütli, en la orilla occidental del lago. El cantón de Lucerna fue el siguiente en unirse a este pacto, en 1332. Este hecho marca para los suizos el inicio de su historia como nación, lo que confiere al lago y a su región una importante relevancia emocional y turística. Los hechos históricos propiciaron su desarrollo como destino turístico y la expansión de la infraestructura hotelera y de transporte, museos y excursiones.

Suiza Central es una región eminentemente civilizada, distinta del atractivo rústico de las regiones más alpinas. El lago de los Cuatro Cantones, epicentro turístico de la región, vertebra un entorno romántico, bucólico y acogedor. En su mansión junto al lago, Wagner compuso El idilio de Sigfrido mientras contemplaba, quizá, la bruma que surge de las aguas azul cobalto y envuelve las montañas circundantes, casi siempre coronadas por nubes entre grisáceas y albinas. El paisaje de la zona es muy diverso y permite variadas excursiones, desde un paseo en barco arriba y abajo por el lago que dura todo el día hasta viajar en el tren cremallera más empinado del mundo o llegar hasta la estación de esquí de Engelberg, una de las menos conocidas del país y quizá, por eso, de las más apreciadas por los suizos.

Lucerna, el puente y el león

Lucerna es la urbe principal del lago de los Cuatro Cantones. La primera mención escrita de esta ciudad aparece como Luciaria en el año 840. El nombre en latín puede deberse a varios significados. El más popular se decanta por la fama de los lucios que los pescadores extraían del lago. Es también la capital del  cantón de Lucerna, de tamaño como la mitad de Álava, unos 400.000 habitantes (80.000 en la ciudad) y población de mayoría católica (71%). La lengua oficial del cantón es el alemán. Lucerna es una de las ciudades más bonitas de Suiza, pequeña y llena de encanto, cuna de la nación helvética, ciudad forjada por mercenarios. También es cara, como casi todas las capitales suizas, no hay más que ver el precio de los relojes en los escaparates de sus tiendas, y ahí entra la habilidad del visitante para administrar su economía viajera. Si se busca bien, hay precios asequibles en alojamiento, restauración, compras y transporte.

En el siglo XIII se construyó el primer camino que conectaba la parte septentrional de Suiza con la meridional de Italia por el Paso de San Gotardo (2.019 metros). Este paso fue clave para la prosperidad de la ciudad (lo sigue siendo, aunque ahora el monte se cruza a toda velocidad por el túnel ferroviario más largo del planeta, 57,1 km, inaugurado en junio de 2016). Desde el siglo XIV hasta el siglo XVII a Lucerna le fue francamente bien, hasta el punto de que a finales del XVII no era necesario pagar pensiones a sus habitantes. Nadie era pobre. Hasta que llegó Napoleón, en 1798. Bueno, hasta que la invadió. El enfant terrible de Francia reunió a los miembros de la Liga suiza, definió los cantones y fundó la República Helvética, de la que Lucerna fue capital durante nueve meses. Fin de la aristocracia y llegada de la democracia moderna. Tras una serie de altibajos históricos, en 1848 se declaró la Confederación Helvética con capital en Berna.

El símbolo en llamas

La imagen más asociada a Lucerna es su famoso Puente de la Capilla (Kapellbrücke) sobre el río Reuss, con su Torre del Agua, construida en el 1300, antes que el puente. El Kapellbrücke es el puente de madera cubierto más antiguo que se mantiene en Europa (1365) y el segundo más largo (204,70 metros); resistió como baluarte durante siglos. La diferente altura de sus barandillas delata su misión defensiva. Era más largo de lo que es ahora, pero en 1835 un incendio lo dañó severamente y se suprimió la parte dañada, unos 75 metros. Otras versiones apuntan a que esta supresión de metros fue exigida por los aristócratas turistas que empezaban a llenar los hoteles de lujo con vistas al lago y el puente, vaya, les estropeaba la panorámica. El techo interior tenía 155 pinturas del siglo XVII con pasajes de la vida religiosa de Lucerna, que se redujeron a 111 con la aristocrática supresión. ¿Tenía? Sí, hasta el 18 de agosto de 1993, el día más triste de Lucerna: el Kapellbrücke se quemó, casi del todo. ¿Por una colilla encendida, el fuego del motor de una lancha...? Eso ya no importa. La imagen del símbolo de Lucerna envuelto en llamas dio la vuelta al mundo. Ardieron 86 de las 155 pinturas. Apareció entonces la probada determinación suiza: el puente se reconstruyó con la misma técnica empleada en el siglo XIV. Y como no hay mal que por bien no venga, se le reincorporaron las 44 pinturas que habían sido retiradas del otro tramo, el que estropeaba las vistas. Reabrió al público el 14 de abril de 1994.

Ricardo Perret

Un minuto de privilegio

Tras cruzar el puente y admirar su techado, se accede al casco histórico medieval. De la antigua muralla que rodeaba Lucerna desde el siglo XIII se conservan unos 800 metros que rodean el casco histórico. Se pueden contar nueve torres medievales, tres de ellas abiertas al público, entre ellas la Zytturm, que alberga el reloj más antiguo de Lucerna, de 1536, por lo que tiene el privilegio de dar las horas un minuto antes que el resto de relojes de la ciudad. Tiene además una esfera tan grande que se puede ver la hora navegando desde el lago. El barrio medieval de Lucerna presume también de históricas y singulares plazas. La mayoría de origen gremial, como la del Vino (Weinmarkt) y la del Grano (Kornmarkt), con edificios de los siglos XVI y XVII en los que destacan los frescos de sus fachadas. En la Weinmarkt abre todavía una farmacia del año 1530. En la Taberna del Ciervo de la plaza del mismo nombre (Hirschenplat) se recuerda a Goethe como parroquiano habitual desde 1779. Y la Plaza de San Pedro acoge el inicio del celebrado carnaval de Lucerna. La gente se reúne en ella la madrugada del Jueves Grasso (el anterior al Miércoles de Ceniza, en pleno invierno, mucho frío) para esperar a la encarnación de Fritschi, personaje del siglo XV muy venerado porque dejó toda su herencia en vino para los pobres. Fritschi llega puntual cada año a las cinco de la madrugada.

Lucerna es también ciudad activa y cultural. Alberga la sede del centro de convenciones KKL, edificio diseñado por Jean Nouvel que abrió sus puertas en 1998. En verano se convierte en la meca de los amantes de la música clásica por su festival, convertido en referente mundial por la calidad de orquestas e intérpretes y por la espectacular acústica de su sala de conciertos, obra del ingeniero acústico Russell Johnson. Otra visita imprescindible es la iglesia barroca de San Francisco Javier, de los jesuitas, muy cerca del Kapellbrücke, frente al lago, con un interior pródigo en finos trabajos de estuco y algún relicario privado en las capillas laterales realmente impactante. Los jesuitas llegaron a Lucerna en 1574 para poner en marcha la Contrarreforma, que se inició en 1666. Y el último icono a mencionar, pero no el de menor relevancia de Lucerna, es el león moribundo

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De hecho, el león es la obra de arte más visitada de Lucerna y una de las esculturas más emblemáticas de todo el país. Está tallado en una gran roca de arenisca situada dentro de la misma ciudad, rodeada de un recinto ajardinado, con una pequeña laguna artificial que impide acercarse hasta la escultura. Se llama simplemente El león, no tiene mote ni sobrenombre. Fue mandado esculpir para rendir homenaje a los 850 compatriotas mercenarios al servicio de Luis XVI de Francia que dieron su vida defendiendo el Palacio de las Tullerías durante la Revolución Francesa. La iniciativa de crear el monumento fue de Karl von Pfyffer Altishofen, alto oficial de la Guardia Suiza que estaba de vacaciones en Lucerna en el momento del fallecimiento de sus camaradas. No se trata de una obra de tamaño natural. Está realizada al doble del tamaño de un león real, en una cavidad de 6 metros de alto por 10 metros de ancho. Representa a un león caído, herido de muerte y con el dolor clavado en el rostro, que agoniza sobre una flor de lis, símbolo de la monarquía francesa, y un escudo con el emblema de Suiza. La obra fue diseñada por Bertel Thorvaldsen, pero fue ejecutada por Lucas Ahorn, un albañil de Constanza (sur de Alemania) que tardó catorce meses en esculpirla. Se mostró por primera vez el 10 de agosto de 1821. El escritor Mark Twain la definió como "la piedra más triste que he visto en mi vida". Tristeza que desaparece al recorrer una de las ciudades más bellas de Europa.

Poncio Pilatos y "la reina de las montañas"

Uno de los grandes atractivos de Lucerna son los paseos en barco por el lago de los Cuatro Cantones. Desde el embarcadero que hay junto al KKL, el emblemático edificio obra de Jean Nouvel, parten los barcos de pasajeros que recorren el lago. Se puede pasar todo el día a bordo de uno, en un recorrido de ida y vuelta hasta Flüelen, casi 40 kilómetros de navegación por trayecto, con restaurante para disfrutar de la travesía mientras se almuerza. O aprovechar el placer del trayecto en barco para llegar hasta los puertos de sus orillas desde los que subir a los famosos montes Rigi o Pilatus.

Christian Perret

Para el primero, hay que bajarse en el puerto de Vitznau y emprender la subida en el primer tren cremallera que entró en funcionamiento en Europa (1871). La subida, lenta, se realiza a través de un paisaje espectacular (ojo, siéntese en la parte izquierda del tren para disfrutar de las mejores vistas). Rigi es "la reina de las montañas", apodada así por ser la cumbre pionera que tuvo relación con el turismo. Fue la primera en ser escalada por viajeros europeos, principalmente británicos, que buscaban solaz en los prados de sus alturas, que otorgan vistas de 360 grados sobre los lagos de Suiza Central y los cuatromiles de los Alpes del Oberland Bernés, con los míticos Jungfrau y Eiger. Muchos suizos y sus familias eligen estos altos prados para pasar un día de picnic. El Rigi no es de las montañas más altas de Suiza (1.797 metros), pero desde su altura se divisa, en los días despejados, el 80 por ciento del territorio helvético.

Aquí abrió el primer hotel de montaña suizo, el Rigi Kulm Hotel (1816), que aún mantiene su actividad. Lo hizo 55 años antes de que llegara el ferrocarril hasta su altitud, por lo que los huéspedes de tan exclusivo establecimiento eran subidos en parihuelas por fornidos jornaleros a los que la posterior llegada del tren dejó en paro.

Otra de las excursiones clásicas por el lago Lucerna es al monte Pilatus (2.128 m). Toma su nombre del gobernador romano que se lavó las manos ante la ejecución de Jesucristo. La leyenda (esta zona es un mar de leyendas) cuenta que el monte alberga los restos mortales de Poncio Pilatos. Este monte destaca por su teleférico y su tren cremallera, el más empinado del mundo, que remonta una pendiente del 44 por ciento.

El puente colgante de Bollywood

A 38 kilómetros de Lucerna, en el cantón de Obwalden, se encuentra la preciosa villa de Engelberg, en un extenso valle de montaña a unos 1.000 metros de altitud. El paisaje montañoso que rodea esta villa está dominado por los 3.239 metros de altura del monte Titlis y los 2.600 del monte Hahnen. Engelberg-Titlis es el destino vacacional por excelencia en la Suiza Central, tanto en verano como en invierno.

El pueblo nació al amparo de un monasterio benedictino fundado en el año 1120 por un monje que dijo haber visto a varios ángeles sobrevolando el Hahnen, de ahí su nombre, Engelberg, "La montaña del ángel". Los monjes siguen viviendo y trabajando en el monasterio. Intramuros una tienda vende deliciosos quesos producidos de forma artesanal.

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El valle que lo rodea es un imán para familias y deportistas por su oferta de actividades. Ahí destaca el parque de montaña de Brunni, pegado al pueblo, con vías ferratas de distintos niveles de dificultad, parques infantiles de montaña y lagos para practicar la terapia kneipp (que combina el agua, la alimentación y el movimiento físico). En este monte acaba de abrir un hotel cabaña, el Berglodge Ristis, ideal para familias montañeras.

La otra excursión ineludible desde Engelberg es al monte Titlis, el pico más alto de Suiza Central (3.238 metros), en los Alpes de Uri. El Titlis es "la montaña del amor" para los miles de turistas indios que visitan su cima por ser escenario icónico de las películas de Bollywood. A la cima se llega a bordo del Titlis Rotair, el primer telecabina giratorio del mundo. Arriba espera un complejo de cinco plantas que es casi un parque temático bastante orientado al turista indio, con tiendas, restaurantes y atracciones.

La cumbre del Titlis propone tres experiencias únicas: atravesar el Cliff Walk, el puente colgante más alto de Europa, de cien metros de largo, a 3.020 metros de altitud, sujeto por cables de acero y que salva un vacío de 500 metros (y que se mueve un poco al cruzarlo); entrar en la cueva del glaciar, un frío túnel de 150 metros de largo y paredes de hielo azulado que desciende 20 metros bajo la superficie, y subir al Ice Flyer, un telesilla que pasa por encima de las grietas del glaciar, algunas con profundidades que alcanzan los diez metros.