La inimaginable luz de 8 joyas del Maestrazgo

Sin límites meridianos, el Maestrazgo se desenvuelve entre Castellón y Teruel. Esta tierra escondida, patria de monjes guerreros y de reyes, guarda alhajas que jamás te hubieras imaginado.

Irene González
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Foto: amoklv / ISTOCK

El Maestrazgo, a caballo entre Castellón y Teruel, posee un patrimonio monumental y paisajístico fuera de serie. Esta comarca, de la que nadie parece ponerse de acuerdo para encontrar sus límites, preserva municipios que esconden grandes joyas. Un desconocido territorio que está protegido por altas montañas del interior, envuelto en una luz que le transmite tintes cautivadores. En el Maestrazgo los pueblos son auténticas fortalezas, y los castillos parecen nidos de águilas. En tiempos del Medievo vivió un esplendor sin precedentes, que ha sabido conservar a través de sus gentes, su cultura y su opulencia arquitectónica. Solo acceder a este rincón de nuestra geografía es un deleite para los sentidos, ya que sus carreteras ascienden por puertos y montañas generosos en belleza y naturaleza.

Al parecer, el nombre de Maestrazgo proviene de su unión, tras la Reconquista, a diferentes órdenes militares, en especial, a las de Calatrava y el Temple. Cuando misteriosamente despareció la orden de los monjes guerreros, las tierras bajo su jurisdicción pasaron a manos de los Hospitalarios de San Juan, en la zona comprendida en la actual Teruel, y la de Montesa, en Castellón. Este recorrido por el gótico y auténticos pueblos medievales, es una vuelta a sus antiguas costumbres, leyes y creencias. La esencia de la Edad Media se palpa en sus tradiciones y en sus monumentos. Esta tierra de caballeros, monjes, castillos, murallas, y una sensacional riqueza paisajística, irradia una luz inimaginable que la convierte en una de las comarcas más bellas de nuestra geografía.

En estas tierras, de difusos límites, se inició la conquista del Reino de Valencia, y en ellas destacaron órdenes de monjes guerreros que dejaron su impronta. Pero también nobles y comerciantes, que la enriquecieron con sus palacios y casonas. El Maestrazgo tiene un halo de misterio, rodeado del brillo que le otorga su cielo nítido, y su relativa proximidad al Mediterráneo. Esconde un entorno de grandes moles que son un paraíso para escaladores y senderistas. Y una gastronomía digna de reyes.