Guilin, inviernos suaves y veranos calurosos

El río Li atraviesa durante su escaso centenar de kilómetros uno de los paisajes más fascinantes de China y del planeta: una sucesión de verdes montañas que se yerguen apretadas cual guerreros vigilantes. En sus orillas, bañadas de límpidas aguas, aparecen cuevas de formas caprichosas, arrozales bien cuidados y aldeas intemporales, detenidas en el recuerdo de pasados esplendores.

Pedro Ceinos

El río Li, conocido también como río Lijiang en la literatura geográfica (una redundancia pues jiang significa río), se encuentra en la parte septentrional de la región autónoma Zhuang de Guangxi. Una zona de clima subtropical, inviernos suaves y veranos calurosos que, debido a su extraordinario paisaje, ha despertado la admiración de los viajeros desde tiempo inmemorial. Los geólogos dicen que las montañas que rodean a este río constituyen un típico paisaje cárstico y que la caprichosa forma de sus colinas se debe a que hace 300 millones de años esa región era parte del fondo marino.
La principal ciudad que atraviesa el río Li es Guilin, cuyo nombre se traduciría como "bosque de laurel". De hecho, en otoño, cuando los laureles florecen, su perfume envuelve una ciudad que fue fundada por los primeros conquistadores chinos hace más de dos mil años. Durante muchos siglos, Guilin fue la capital de la provincia de Guangxi y contaba entonces con sólidas murallas, de las que aún se conservan algunos restos. De las glorias de ese pasado imperial no queda casi nada, ya que la ciudad fue destruida por los japoneses en los años 30 del siglo XX. La belleza de su paisaje inspiró a poetas y pintores, que viajaban desde regiones lejanas para contemplar con sus propios ojos los paisajes. Un refrán chino dice que "El paisaje de Guilin es el primero bajo el cielo".
Aunque Guilin tiene algunos monumentos, todos se enmarcan en las características ya señaladas: entre las montañas, las más conocidas son la colina de la Trompa de Elefante; la que Domina a las Olas (con la cueva de la Perla Restituida a sus pies) y el pico de la Belleza Solitaria. Entre las cuevas, la de la Flauta de Caña, en las afueras, es la mejor de las abiertas al público. Pero el gran centro de interés lo constituyen sus calles y paseos, sobre todo las zonas peatonales a orillas del río Li y los lagos Shanhu y Ronghu, que combinan una exuberante vegetación con una increíble actividad social.
En la última década, Guilin, punto de partida habitual de los cruceros por el río Li, se ha convertido, gracias al turismo, en una de las más bellas ciudades del sur de China. Desde cualquier punto de la urbe siempre se tiene a la vista las magníficas colinas que la han hecho popular. Cualquier paseo por sus calles conduce al río Li, a sus afluentes o a los lagos que ocupan el centro de la ciudad. Montañas y agua son los dos conceptos que definen un paisaje en chino. Por otra parte, la riqueza que genera el turismo actúa como un imán y cada año miles de inmigrantes de las regiones vecinas confluyen en Guilin buscando fortuna o diversión. Sus calles, continuamente animadas, tienen ese encanto de los trópicos, ese aire mestizo y ambiguo, esa inconfundible pasión por la vida característica de las urbes jóvenes.
El recorrido habitual de los cruceros es el tramo comprendido entre el puerto de Zhujiang (a las afueras de Guilin) y la aldea de Yangshuo, 54 kilómetros río abajo. Un recorrido que sin paradas dura entre tres y seis horas, según la época del año y el caudal del río, y que impresiona a todo el que lo conoce por esas colinas calcáreas y caprichosas que se yerguen frente a sus serpenteantes orillas. Los chinos, tan aficionados a domeñar con la magia de las palabras sus paisajes más destacados, han bautizado casi a cada roca con nombres poéticos, y así atravesaremos la colina del Murciélago, el Dragón jugando con Agua, la Mujer que espera al Marido, la cueva de la Corona, el Niño adora a Buda o la Roca de los Nueve Caballos. En el último tramo, ya pasado Xinping, destacan la colina de los Cinco Dedos y la de la Cabeza de Dragón. La intensa actividad turística no ha despojado al río Li de la vitalidad de las regiones tropicales, y a lo largo de su recorrido las escenas de la vida campesina se presentan con una sencillez que contrasta con la parafernalia típica de los establecimientos turísticos que se encuentran casi a su lado.
En las zonas tranquilas aún se puede observar a los pescadores atrapando sus capturas con ayuda de sus cormoranes, aves que amaestran desde su nacimiento para realizar esta tarea, o simplemente admirar a los cormoranes atados a la sencilla barca típica de este río -sólo cuatro troncos de bambú atados con cintas del mismo material-, esperando el inicio de su tarea. Los bueyes, en cambio, juguetean en el agua durante su época más ociosa, alimentándose con las abundantes algas que crecen en el fondo del río. De camino a Yangshuo hay dos aldeas interesantes. La primera es Daxu, antaño un próspero mercado a las orillas del Li que con el final del comercio fluvial inició una lenta decadencia. La empedrada calle principal de Daxu presenta casas tradicionales, a través de cuyas puertas aún se puede ver cómo discurría la vida por aquí en tiempos remotos. Muchas veces los vecinos te invitan a entrar, orgullosos de mostrar su legado cultural. El encanto de Daxu viene redoblado por haberse mantenido al margen del desarrollo turístico experimentado en la zona.
La otra es Yangdi, una aldea de pescadores a orillas del río Li. Se dice que el paisaje más bonito del lugar es el tramo comprendido entre Yangdi y Xingping. Por ello, artistas y fotógrafos eligen uno de estos destinos como base de operaciones para dar rienda suleta a su arte. Desde ambos se pueden encontrar suficientes transportes para viajar por el río Li. Hay operadores turísticos locales que se ofrecen para guiar a los visitantes.
Un poco más adelante, Xinping, también una ciudad antigua, es el lugar elegido por muchos para explorar con detenimiento los paisajes naturales más famosos, aunque la mayoría de los viajeros por libre y algunos grupos optan por Yangshuo, el punto final de los cruceros. Lo que antaño era una aldea cuya tranquilidad sólo era alterada durante unas horas por la llegada de los barcos cargados de turistas se ha ido transformando, en general con buen gusto, y acabando con esos detalles de la vida cotidiana que te hacían pensar que habías llegado a uno de los rincones más remotos de China. Esas transformaciones también tienen su lado positivo, ya que la han convertido en el mejor centro de operaciones para explorar las aldeas y los paisajes vecinos.
El río Li significa "el río que se separa", que se aleja del territorio chino, pues fue durante muchos siglos la vía de comunicación fluvial con Cantón, atravesando territorios exóticos poblados por minorías de extraños lenguajes y costumbres. Con el paso de los siglos y el incremento de las relaciones comerciales entre Cantón y el centro de China surgieron numerosos puertos a la orilla del río Li habitados fundamentalmente por emigrantes chinos procedentes del norte. Pero en las montañas más alejadas de la región aún viven un número considerable de minorías étnicas que conservaban hasta hace sólo unas décadas los aspectos más ancestrales de sus arraigadas culturas tradicionales.

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