A todo glamour en Marbella

Un baño de lujo y exclusividad en el más famoso beach-club de esta ciudad malagueña que es un capricho para la jet-set

Noelia Ferreiro
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Foto: ISTOCK

Marbella no es Marbella (y el verano no es el verano) sin su habitual explosión de glamour, sus noches locas empapadas en champán, su incansable desfile de gente guapa y debidamente bronceada. Puede que haya perdido fuelle desde aquella época dorada de los años 80, cuando la ciudad, como París, era una fiesta que a golpe de talonario atraía a famosos del mundo entero. Una fiesta a medio camino de la bohemia y el despilfarro, que no pudo evitar verse oscurecida por la oronda sombra del pelotazo.

Pero Marbella, con su exposición de mansiones de lujo y deportivos descapotables, con sus yates relucientes alineados en el puerto, con la mayor concentración de campos de golf del país, sigue siendo ese rincón exclusivo, ideado para que jeques árabes, estrellas de Hollywood, magnates o deportistas de élite den rienda suelta al derroche.

Y uno de los lugares donde dar vueltas de tuerca a la fastuosidad, donde encontrar a la flor y nata del estío marbellí, es el Nikki Beach, el primer club de playa de la más elevada categoría que vino a aterrizar en esta ciudad. Fue en el año 2003 cuando abrió sus puertas en una de las más bellas playas de la Costa del Sol.

Nikki Beach

Desde entonces, cada día, haciendo honor a su lema, es una celebración. Porque detrás de esta prestigiosa marca que cuenta con trece beach-club repartidos en once países y cuatro continentes; detrás de este original concepto de estilo de vida que solamente en España decidió establecer tres embajadas (existe también en Ibiza y Mallorca) se esconde una bonita historia.

Nikki viene de Nicole, la hija del empresario Jack Penrod, tristemente fallecida en un accidente de tráfico cuando apenas contaba 24 años. Su alegría y su vitalidad inspiraron a su padre la filosofía con la que decidió dedicarle un sentido homenaje. A partir de ahora había que celebrar cada uno de los días de la vida: celebrating life. Y por eso el retrato de Nicole preside todos los Nikki Beach del mundo.

En el de Marbella, a orillas del Mediterráneo, el ambiente no puede ser más cool y las fiestas, que se celebran a diario, no pueden lucir más exclusivas. Desde la White Party que inaugura la temporada hasta la Red Party que la despide. Y entre medias, la Cuban Mojito Party, la Champagne & Caviar Party o la Summer Sunset BBQ, por poner sólo tres ejemplos, siempre de día, pues se trata de un club que vive a la par que las horas del sol, de 11.00 a 21.00 horas.

Evgeny Golubev / Nikki Beach

Un club donde ver y ser visto en su tentadora piscina flanqueada de camas VIP; donde deleitarse con una creativa gastronomía (esos barcos inmensos de sushi…) en su restaurante al aire libre; donde dejar pasar las horas en cualquier rincón de su terraza, a la rica bisa de sus palmeras, con la música de un DJ y siempre con vistas al mar. O donde celebrar la botadura de un nuevo buque, que los clientes amarran frente a la playa. O donde apuntarse a cualquiera de las actividades que se proponen en su peculiar concepto de entretenimiento que combina la moda, el cine y el arte.

Y todo ello, claro, refrescado por los mejores cócteles, tal como exige el verano. Cócteles para los que, advertimos, se precisa un bolsillo desahogado (muy desahogado). Porque aunque existen tragos originales y asequibles como Cuba ya es Libre, Tango for Mango o Chanel Nº 6, la estrella de la casa es The Century Cocktail, elaborado con el coñac Louis XIII (el más caro del mundo), champán Taittinger, amargo de angostura y hielo que se hace con agua que viene nada menos que de Tasmania. ¿El módico precio? Mil euros una sola copa (sic).