Gandía sin shore

Gandía demuestra cada año que merece desprenderse de la pegajosa etiqueta que le colocó el reality Gandía Shore hace ahora cinco años. Para ello, saca pecho con espléndidos palacios, pescado fresco, actividades para todos y la gran novedad de este verano: la conexión marítima con Ibiza y Formentera.

Rafael de Rojas
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Foto: ISTOCK

Decir que eres de Gandía (Valencia) y que te griten “vamonooos” a la cara. Ese es el infierno que han vivido desde 2012 muchos pacíficos gandienses. Hace cinco años ya que se emitió Gandía Shore y, desde entonces, la ciudad trata de evitar que se la asocie con ese tipo de turismo de reinas de las tarimas y superbonobos. “Existe oferta de discotecas, pero no es la mayoritaria -explica la alcaldesa de Gandía, Diana Morant-. Gandía es un destino familiar, cultural y tranquilo con muchas cosas que ofrecer”. Morant también cuenta que, en cuanto empezó a sonar en los medios la posibilidad de un Gandía Shore 2, se pusieron en contacto con la productora para expresar su disconformidad. Algo que también hicieron en Baleares -con campaña social de boicoteo incluida- ante un hipotético Ibiza Shore que al final se paró.

Hay una buena oferta de ocio nocturno en Gandía, “pero -aclaran desde el Ayuntamiento- es para todos los públicos. El turismo mayoritario aquí es nacional y por supuesto que hay grupos de jóvenes, pero también parejas y familias”. La oferta estrella es el litoral, claro. Gandía tiene playas urbanas para todos los gustos: las de no fumadores, las acotadas para perros y hasta las vírgenes. Estas dos últimas están situadas en l’Auir, un arenal natural en el que las dunas y la silueta del Mondúver, el macizo montañoso que protege a la villa y le proporciona un envidiable microclima, contribuyen a crear una sensación de territorio por explorar incluso en los meses de más afluencia.

Una vez cubierto el cupo de playa: ¿qué más hacer en Gandía? Para empezar, no hay que perderse la visita al centro urbano, que sorprenderá al turista desavisado: un interesante casco histórico peatonal conserva el espíritu de la antigua Gandía amurallada. La gran maqueta férrea situada en el centro, muestra cómo era la ciudad en 1500, la época de los más famosos vecinos de la villa, los Borja (o Borgia, si lo dice un italiano).

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Gandía recibió el premio al “mejor centro comercial al aire libre” en 2010 y sigue mostrando los mismos argumentos que le hicieron ganarlo: un montón de establecimientos artesanales y de buen gusto rodean a la Calle Mayor (la principal arteria comercial), la Plaza del Ayuntamiento con su Colegiata, el Palacio de las Germanías y el Palacio Ducal. Entre la oferta de estas calles destacan las pastelerías, que proponen cocas de atún negro, empanadillas de gamba amb bleda (gambas con acelgas) y delicás de Gandía. Éste último es un dulce basado en una leyenda local, la de una chica que murió cuando le cayó encima una flor de azahar. El truco está en que la flor era de piedra y pertenecía a la portada de la Colegiata.

Duques y papas de Gandía

La visita al centro no está completa sin un recorrido guiado por el Palacio Ducal de los Borja. La familia que llegó al papado y a la santidad levantó un prodigioso palacio en su villa natal en el siglo XIV. Ahora es un colegio jesuita, por lo que no es raro cruzarse con la algarabía de los niños en su fotogénico patio principal. La pieza más bonita del edificio destaca por una majestuosa escalinata de suelos de barro cocido, barandillas de mármol y un techo sostenido por columnas finas e inusualmente altas. El interior también está lleno de sorpresas, como las salas con trampantojos que esconden puertas o una exuberante e inquietante capilla privada con forma de ataúd. En verano cuenta con un calendario de visitas nocturnas que incluye actividades como el cine o las cenas borgianas de los sentidos, con música de cámara y una visita guiada por la Gandía trasnochadora como remate.

La historia humana aquí empezó mucho antes de los Borja. Lo demuestra la cueva peleolítica de Parpalló, situada en las laderas del Mondúver. En ella se hallaron cerca de 6.000 plaquetas de alto valor artístico que se conservan en el Museo Arqueológico de Valencia.

En Gandía se sigue con nombres conocidos como el de Vicente Calderón, que financió, frente al muelle, la iglesia de San Nicolás en la que está enterrado. De líneas rectas e interior hueco, es lo más parecido que se ha hecho a una pirámide en los últimos tiempos.

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El otro gran museo de una localidad en la que abundan las salas de exposiciones es el Museo Fallero, con una colección permanente. Los visitantes también suelen acercarse a la lonja de pescado a las 5 de la tarde, que es cuando entran los barcos pesqueros y comienza el espectáculo de la subasta. El producto fresco que sale de ahí es uno de los principales ingredientes de la cita gastronómica más célebre por estas tierras: el concurso de fideuá de Gandía. Los visitantes pueden probar las capturas del día en el clásico restaurante Parsifal o en el Ripoll del puerto, además de en el más moderno Agua de Coco.

Los parajes naturales que rodean la villa son el escenario de actividades de tierra y mar. Están los deportes náuticos y también las rutas señalizadas para bicicletas y los circuitos de running. Hay equipos ciclistas que vienen aquí a preparar la pretemporada y corredores profesionales que participan en la media maratón de Gandía. La emblemática figura del Mondúver, que se observa desde toda la villa, no es solo un fondo bonito, es también un reto a batir.

A Ibiza en dos horas

La gran novedad de este verano está también dirigida a los amantes del mar. Trasmediterránea estrena una ruta marítima Gandía-Ibiza que hace el trayecto en dos horas. El buque de alta velocidad Almudaina Dos, con 714 plazas y 140 espacios para vehículos, viajará a diario a San Antonio hasta el 10 de septiembre. Los sábados, además, se puede llegar hasta Formentera en el mismo barco. Los precios de los billetes parten de 40 euros, pero varían, así que es mejor consultarlos en www.trasmediterranea.es.