24 / 05 / 2010 Pedro Javier Díaz-Cano

Varsovia, la ciudad de Chopin

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La capital polaca celebra en 2010 el "Año Chopin" para conmemorar los 200 años del nacimiento del músico, acaecido el 1 de marzo de 1810. Chopin vivió hasta los 20 años en Varsovia y, de acuerdo con su última voluntad, su corazón reposa en la iglesia de la Santa Cruz. La ciudad atraerá a muchos viajeros y melómanos que comprobarán la capacidad de recuperación del pueblo polaco tras los últimos sucesos que conmocionaron al país.

Teatro Grande de la Ópera.
Teatro Grande de la Ópera. Eduardo Grund

"Porque allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón. Para Fryderyk Chopin, de sus compatriotas”. Así reza la inscripción en la urna que alberga el corazón de Chopin en la varsoviana iglesia de la Santa Cruz. El genial compositor y pianista murió en París el 17 de octubre de 1849, pero su última voluntad fue que su corazón reposase en la ciudad donde se formó como músico y en el país que siempre sintió como su amada nación, pese a que tuviera que abandonarlo prematuramente con tan sólo 20 años y no pudiera volver jamás. Su hermana mayor, Ludwika, fue quien trasladó su corazón (extirpado antes de su entierro en París) hasta Varsovia, depositándose en una urna sellada en la nave principal de esta bella iglesia barroca, en cuya entrada se erige un impresionante monumento de Cristo cargando con la Cruz. La autopsia realizada en 2009 al corazón de Chopin, incluido un examen de ADN, arrojó la conclusión de que habría fallecido de una fibrosis quística, y no de tuberculosis, como siempre se creyó.

Aunque su tumba, siempre cubierta de flores, se encuentra en el famoso cementerio parisino de Père-Lachaise –donde también reposan otros ilustres personajes como Molière, Modigliani, Bizet o Balzac–, la mejor ciudad para seguir el rastro de sus huellas es Varsovia, sobre todo si tenemos en cuenta que este año se conmemora el bicentenario de su nacimiento, acaecido en la cercana población de Zelazowa Wola (situada a 56 kilómetros al oeste de Varsovia), aunque pocos meses más tarde la familia Chopin se trasladó a la capital del país. Su padre, Nicolás Chopin (de origen galo), fue nombrado profesor de francés del Liceo de Varsovia, por lo que puede decirse que el recién nacido Fryderyk (conocido también como Frédéric en honor a su ascendencia francesa) vino al mundo con un pan debajo del brazo.

Su madre, Justyna Krzyzanowska, fue su primera profesora de piano a la tierna edad de cinco años, siendo un auténtico niño prodigio cuya precocidad puede compararse a la de Mozart, pues con tan sólo siete años ya compuso su primera obra (Polonesa en sol menor) y con apenas ocho años recién cumplidos dio su primer concierto en público en el palacio de los Radziwil.

Viene a cuento el lugar de su primer recital porque el joven Chopin creció dando distintos conciertos en los palacios barrocos de la aristocracia polaca, cuando la cosmopolita Varsovia del primer tercio del siglo XIX era una especie de París del Este en cuanto a efervescencia cultural de marcada influencia francesa. Los más destacados miembros de la nobleza polaca se disputaban los recitales del joven virtuoso del piano para que amenizaran sus veladas, y el menudo intérprete les deleitaba alegremente con el mismo estilo ligero y brillante de un scherzo, una de las piezas musicales que él luego añadiría a su amplio repertorio (por ejemplo, Scherzo b-moll op. 31). En la ciudad a orillas del Vístula se llegó a rumorear que su pasión desmedida por el piano era de tal calibre que para conjugar el hándicap de sus manos pequeñas, por las noches se ponía unas cuñas en los dedos con el fin de poder abarcar las teclas.

Fryderyk Chopin dio su último concierto en la ciudad de Varsovia el 11 de octubre de 1830, en concreto en el Teatro Nacional, contando con la participación de su primer gran amor, la cantante Konstnacja Gladkowska, en la interpretación de unas arias de Rossini. Pocos días después, el 2 de noviembre, partió de la capital polaca ante la inminente revolución estudiantil contra Rusia, ocupante del Gran Ducado de Varsovia desde 1813.

Decidió instalarse en la capital francesa, donde vivió en el exilio sin regresar nunca más a su país natal. Para rendirle homenaje, hay que visitar en primer lugar el renovado Museo Fryderyk Chopin (calle Okólnik, 1), en el antiguo Castillo Ostrogski, un edificio barroco-clasicista de cuatro plantas dedicado a la trayectoria profesional y a la vida de Chopin y que cuenta con la mayor colección de objetos de recuerdo del polaco más universal. Como curiosidad, el nuevo museo –que fue inaugurado el pasado 1 de marzo coincidiendo con los 200 años de su nacimiento– permite además sucumbir al embriagador aroma de las violetas –la flor favorita del compositor– y escuchar el trino de los pájaros, un placer del que Chopin disfrutaba durante sus vacaciones en Nohant –una bella localidad situada en el centro de Francia– con la novelista George Sand –el seudónimo de Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant–. En la última sala se exhibe la máscara mortuoria del músico.

Suele establecerse que, al componer sus 24 Estudios, Fryderyk Chopin inventó realmente el piano moderno. Sus Estudios son unas obras muy difíciles que plantean a los pianistas problemas de agilidad, pero a cambio multiplican las inauditas posibilidades sonoras del piano. Si comparamos este tipo de composición musical con la propia ciudad de Varsovia, hay que recordar que fue totalmente destruida durante la Segunda Guerra Mundial.

Para la reconstrucción de su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1980, los varsovianos se basaron en algunos cuadros de Canaletto, pintor de la corte del rey Estanislao Poniatowski II, además de en fotografías, grabados antiguos y su propia memoria, y en sólo tres años levantaron con voluntarios los ornamentados palacios barrocos y las renacentistas casas burguesas tal y como estaban antes del conflicto bélico para que la ciudad resurgiera de sus cenizas como el Ave Fénix.

Todo el conjunto arquitectónico de la emblemática Plaza del Mercado, con sus fachadas de colores, es nuevo, incluso el Monumento a la Sirena de Varsovia, que nos recuerda el mito de la creación de la urbe por dos hermanos pescadores, llamados Wars y Sawa, a los que una sirena ordenó levantarla en ese punto a orillas del Vístula y de los que procede su nombre en polaco (Warszawa). Mitad mujer, mitad pez, la Sirena de Varsovia –que aparece en el escudo de la ciudad de Varsovia desde el siglo XIV– está armada con una espada para defender la capital, según narra la leyenda.

El rincón más pintoresco del casco antiguo se halla en la Plaza del Mercado –donde hasta el siglo XVIII se celebraban habitualmente ferias y fiestas municipales–, con sus animadas terrazas cuando hace buen tiempo, su colorista mercado de arte, sus típicos coches de caballos y sus organilleros. La competencia entre los restaurantes hace que los establecimientos usen a personajes disfrazados con ropajes de antiguos guerreros polacos como reclamo y gancho para captar a la clientela. Cuando cae la tarde, la Plaza del Mercado se transforma en un auténtico hervidero de vida, con jóvenes buscavidas callejeros que, por ejemplo, hacen las delicias de los más pequeños fabricando espectaculares pompas de jabón.

Federico Chopin no olvidó jamás la música que su madre tocaba al piano cuando él era un niño. De hecho, compuso 140 polonesas, la danza nacional de Polonia que se bailaba en las fiestas de la aristocracia. Por su alegre ritmo, el movimiento de la polonesa invitaba a los danzantes, siempre guiados por los propietarios de los palacios, a transitar por los salones y jardines de las grandes mansiones. Con la misma agilidad que han de mostrar los bailarines de polca, pero con mucho más detenimiento, hay que recorrer el Camino Real, conocido como “la calle más hermosa de Polonia” por ser la arteria más representativa de la capital, que incluso llega a asombrar por la inmensa concentración de palacios, iglesias, elegantes mansiones y abundantes sedes diplomáticas.

Este magnífico paseo parte de la Plaza del Castillo, obra del arquitecto Jakub Kubicki a principios del siglo XIX, y lleva hasta la antigua residencia real de verano, en el Parque Lazienki, pudiendo iniciarse bajo la columna dedicada al rey Segismundo III Vasa, que mide 22 metros de altura. En esta histórica plaza también se respira la música clásica y es frecuente escuchar a solistas tocando algún instrumento, como una rubia violonchelista que nos deleitó con su interpretación. En el tramo de la monumental calle Krakowskie Przedmiescie se halla el Palacio Presidencial, el edificio donde se firmó en 1955 el famoso Pacto de Varsovia –un acuerdo de cooperación militar entre los países del Bloque del Este que surgió para contrarrestar el poder de la OTAN–, además de poder admirarse desde los llamativos atlantes de la fachada del palacio de los Tyszkiewicz-Potocki hasta el valioso estilo barroco tardío de la iglesia de la Visitación, donde el joven Chopin tocaba el órgano.

La Tumba del Soldado Desconocido y el interesante Museo de la Insurrección de Varsovia de 1944, inaugurado en 2004 en el edificio de la antigua central eléctrica de tranvías para conmemorar los 60 años del levantamiento popular de la ciudad, representan el sentido homenaje a todos los que perecieron por una Polonia libre. Se calcula que 800.000 varsovianos perdieron la vida durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que no resulta extraño que el museo constituya uno de los lugares más frecuentados de la capital polaca.

La belleza de los 21 Nocturnos de Chopin ha traspasado todas las fronteras del alma haciendo que su música sea universal y una de las expresiones más preclaras del romanticismo, al igual que sus cuatro Baladas para piano. Algunos de ellos forman parte de la banda sonora de muchas películas, como el Nocturno Op. 27, Nº 1 en do sostenido menor que podía escucharse en El Pianista, de Roman Polanski.

El crepúsculo es un buen momento del día para descubrir la Varsovia más moderna. No obstante, la impresionante mole del Palacio de la Cultura y de la Ciencia, polémico edificio construido en los años 50 como regalo de la extinta Unión Soviética, sigue siendo uno de los iconos recurrentes de la ciudad. Desde luego, es imposible que pase inadvertido con sus 242 metros de altura y su voluminosa anchura, que lo convirtieron en el edificio más alto y más grande de Polonia. El también conocido como PKiN (abreviatura de Palac Kultury i Nauki) alberga museos, cines, teatros y cafeterías, pero su mayor atractivo turístico reside en subir a la terraza panorámica, ubicada en la planta 30, para admirar las magníficas vistas de la ciudad de Varsovia desde una altura de 114 metros.

Varsovia no deja de ser una ciudad de contrastes, pues justo detrás del PKiN se han construido modernos edificios de oficinas y futuristas centros comerciales, como el impresionante Terrazas Doradas. Es decir, la viva imagen del gran cambio que ha experimentado el país: de encontrarse bajo la órbita de influencia soviética a pertenecer a la Unión Europea, y de ser firmante del Pacto de Varsovia a ser un miembro destacado de la OTAN. Ahí es nada, pues tras albergar el último Eurobasket 2009 que conquistó la selección española liderada por Pau Gasol –el pívot de los Lakers–, también será la anfitriona de la próxima Eurocopa de Fútbol 2012.

Otro vanguardista edificio es el de la nueva Biblioteca de la Universidad, en la calle Dobra, sobre cuyo tejado de cristal se ha ideado una original azotea por la que los visitantes pueden andar gracias a una pasarela, sirviendo de mirador del skyline de la urbe.

El mejor homenaje que puede hacerse a la figura de Federico Chopin no es otro que escuchar algunos de los conciertos del Año Chopin 2010 en auditorios como el Teatro Grande de la Ópera, donde en el mes de octubre tendrá lugar el Concurso Internacional de Piano que lleva su nombre. Pero el mejor lugar y el más ineludible para captar el romanticismo (no exento de melancolía y cierta nostalgia de su país) del que estaba impregnado toda su obra es quizá junto a su Monumento en el Parque de Lazienki, esculpido por el artista Waclaw Szymanowski, donde se le representa a los pies de un sauce llorón, el árbol emblemático de su tierra natal de Mazovia, que le servía de recuerdo e inspiración.

Rodeado de un precioso jardín de rosas rojas y con el rendido público alrededor de un pequeño estanque, es allí donde cada domingo (entre los meses de mayo y septiembre) tienen lugar gratuitamente los Conciertos bajo el sauce con la música de Chopin interpretada por destacados pianistas como el polaco Pawel Kowalski, al que también tuvimos el honor de escuchar tocar un Nocturno de Chopin en su casa de Varsovia. La música de Chopin representa un símbolo de la cultura nacional y, sin duda, el genial pianista y compositor seguirá siendo reconocido universalmente, en palabras de su compatriota Cyprian Kamil Norwid, como “natural de Varsovia, polaco de corazón y, por su talento, ciudadano del mundo”. Sólo cabría añadir, en este caso, “por los siglos de los siglos”.

Se calcula que se celebrarán más de dos mil conciertos conmemorativos del “Año Chopin 2010” en todo el mundo con motivo del bicentenario de su nacimiento. En Varsovia, tras el primer ciclo de conciertos a finales de febrero y el 1 de marzo, coincidiendo con la fecha de su nacimiento, está previsto que el 9 de mayo se celebre un ballet en su honor en el Teatro de la Ópera, mientras que del 1 al 31 de agosto tendrá lugar el sexto Festival de Chopin y su Europa. El broche de oro de los fastos lo pondrá la 16ª edición Concurso Internacional de Piano Fryderyk Chopin (del 2 al 23 de octubre), uno de los concursos de música más prestigiosos del mundo. Desde que fuera creado por el pianista y profesor Jerzy Zurawlew en 1927 para honrar su memoria, esta mediática competición entre virtuosos del piano se celebra cada cinco años en octubre, mes en que murió Chopin. Además, este año del bicentenario culminará el 17 de octubre (la fecha de su fallecimiento en París en 1849) con el concierto del Réquiem de Mozart (su compositor preferido), que tendrá lugar durante la misa que tendrá lugar en la iglesia de la Santa Cruz, donde reposa su corazón para siempre. En este Réquiem participará la Orchestre des Champs-Élysées, especializada en instrumentos históricos.

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